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Trabajo emociones

Muchos de los estudios realizados sobre las organizaciones y las empresas en lo que se refiere a los elementos que influyen en nuestras ganas de ir a trabajar, para disminuir el ausentismo y la forma de actuar como un reclamo de futuros empleados es la creación de entornos laborales felices y con una potencialidad de innovación. Entre las variables que mejoran la felicidad en las organizaciones nos encontramos con el compromiso de los trabajadores, el sentido del humor o aquellas destinadas a potenciar el talento de los empleados. Usualmente cuando hablamos de felicidad en nuestros diferentes entornos laborales, muy relacionada con el desempeño y en concreto con el empleo, parece que existiese una tendencia a devaluar el papel de las emociones en nuestros entornos de trabajo. Es como si existiera una norma explícita que manifestara la completa sumisión al pensamiento racional sin emociones. Ello es un auténtico disparate funcional, ya que en todo lo que hacemos están inmersas nuestras emociones, con una mejor o peor gestión.

Otra leyenda urbana que circula por las organizaciones es que no debemos de mostrar nuestras emociones en público y mucho menos en nuestros puestos de trabajo, ya que nos hace quedar como débiles o incluso como personas muy inseguras. Parece que el verdadero perfil del profesional es una persona triste o quizás un alexitímico, es decir, aquella persona con una incapacidad manifiesta para expresar verbalmente las emociones debido a que no es capaz de identificar sus sensaciones, ni de entenderlas. Tal hecho lo manifestamos con expresiones como: “seamos serios”, “vamos, un poquito de seriedad” o “empecemos a tratar cosas serias”. Parece que ni el sentido del humor (muy relacionado con la creatividad, la salud y la felicidad de las personas) ni la alegría o incluso la esperanza, fuente del optimismo, estén relacionados con el incremento en el rendimiento de nuestros trabajadores o, concretamente, con la conservación del talento. Por cierto, cuando hablamos de talento hemos de mencionar que las mayores pérdidas que sufren las empresas no son las económicas sino aquellas relacionadas con el saber hacer de nuestros trabajadores. En conclusión, las personas felices, aparte de sentirse mejor y conseguir más cosas en la vida, son las que mejor rendimiento y desempeño obtienen en sus trabajos. Por lo tanto, las empresas que propician felicidad personal y laboral son, a la larga, las que mayor crecimiento van a experimentar. Pero, además, esto se traduce en crecimiento para nuestros entornos de referencia, es decir, para nuestras ciudades y barrios. Es como una cadena de felicidad compartida.

*PSICÓLOGO Y MIEMBRO DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE PSICOLOGÍA POSITIVA
@jriveroperez