“Una tarta se puede utilizar para escribir una historia de amor”

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Nayra y Marta posan con alguna de sus creaciones. / Edu López (estudio Lúmina)

Son dulces. No podía ser de otra manera. Marta Santos es diplomada en Turismo y trabajaba en un proyecto de vivienda para el Gobierno de Canarias, y Nayra Domínguez es licenciada en Comunicación Audiovisual y trabajaba como productora de spots publicitarios. Hace ya tres años que, juntas, se han convertido en las chicas de Free Heart, como las llaman cariñosamente sus clientes. No les molesta en absoluto. Se sienten muy identificadas con ese cariño, el mismo que ponen en su negocio: una compañía de repostería que va creciendo y se va consolidando.

-¿Cuándo se decidieron a montar una empresa de repostería?

“Montar Free Heart fue una decisión que tardó tres años en fraguarse, teníamos como hobby preparar repostería casera, así que durante dos años nos divertimos buscando recetas interesantes, probándolas, aprendiendo técnicas, etc. En ese tiempo nos quedamos en paro, y como mucha gente tuvimos que decidir qué rumbo tomar, así que trabajamos con Diana Sánchez (DSB estrategias) un plan de viabilidad y de negocio para lo que sería Free Heart. Y a finales de junio de 2013, pusimos a funcionar el obrador”.

-¿Cuál es su modelo de negocio?

“El modelo de negocio es muy simple: trabajamos pastelería artesanal por encargo, no tenemos un punto de venta propio, en el obrador se recoge lo que se ha encargado previamente, también trabajamos para restaurantes, cafeterías, organizadores de eventos… y por último vendemos producto terminado, sobre todo galletas y chocolates en pequeños espacios que otros negocios adecuan para nosotras, es una estrategia de corners. Actualmente tenemos varios puntos de venta, en Santa Cruz: The Concept Boutique&Coffee, en Tierra Isleña, hacemos un postre muy chachi para Deboca… en La Laguna estamos en Atelier&co, en Candelaria, en Ecléctico Café, y ya más hacia el Sur, tenemos nuestro espacio en Monkey Sweet Corner”.

-¿Por qué el nombre de Free Heart?

“Ja, ja, ja… ¡porque es bonito! Free Heart fue un nombre que estampó nuestro amigo y diseñador Vania Acosta en una camiseta que regaló a Nayra hace unos años… cuando pensamos en posibles nombres para una marca, nos acordamos de esto, y de un corazón con alas y una corona que nos hizo Daniela (hija de Vania) cuando tenía nueve años. A ambas nos pareció una buena idea, porque tiene mucho de nosotras y de cómo concebimos la marca: fresca, divertida y con mucho amor por todo lo que hacemos. Así que se trabajó en el concepto, se simplificó y empezamos”.

-Toda empresa que montan dos socias tiene una especie de historia de amor entre ellas (cuando va bien, claro), ¿cuál es su historia de amor?

“Las historias de amor si no van bien son de desamor… Nuestra historia es curiosa, nos conocimos por casualidad por amigos comunes y nos hicimos amigas muy pronto, teníamos muchas cosas en común, y en la cocina encontramos un lugar de expresión y de encuentro… durante los primeros años la cocina era un sitio donde iban coincidiendo amigos, charlas, música… y de manera natural se crearon dinámicas de trabajo que aún hoy aplicamos a la profesionalización del proyecto”.

-Y como todas las parejas… ¿cuál es el truco para que vaya bien la cosa?

“No creemos que haya ninguna fórmula mágica, en realidad nuestra manera de trabajar juntas se basa en intentar entender que a pesar de que haya diferencias de planteamientos empresariales, ambas estamos siempre trabajando en pro del proyecto. De esa manera los puntos de desencuentro se plantean como maneras de mejorar o de cambiar cosas que no funcionan… hay mucho de ensayo/error en un negocio (o eso pensamos nosotras), así que aquí las cosas se resuelven hablando mucho, escuchando mucho y pensando mucho”.

-¿Qué objetivos se han marcado y en qué situación se encuentra la empresa en la actualidad?

“Nuestros objetivos de 2016 se enfocan sobre todo en continuar con la formación de ambas socias tanto en finanzas como en nuevas técnicas de pastelería, para mejorar procesos. Además, estamos trabajando en el lanzamiento de una línea de chocolates, que aún no hemos decidido si es más Free que Heart, pero que nos parece un proyecto encantador. La empresa actualmente está entrando en su tercer año de negocio, y estamos pasando por la etapa de consolidación del producto, nuestros clientes ya nos conocen y entienden qué es lo que compran: productos 100% orgánicos, artesanales, y trabajados para cada uno de ellos, y el boca a boca, nos refuerza”.

-La repostería inglesa está de moda y esa quizá es la clave de su éxito ¿Cuál es su especialidad?

“Nuestra especialidad está en combinar sobre todo lo que nos gusta a nosotras de la pastelería… nuestra tarta de zanahoria, que es una de las más vendidas, es británica en su concepto, pero el resto está desarrollado en función de lo que entendemos que está bueno: control de azúcar al máximo, para evitar que las tartas sean empalagosas, que los bizcochos sean húmedos y ligeros sin necesidad de almibarar, que además de añadir humedad le añadiría más azúcar… cremas ligeras, una apuesta por la fruta de temporada, y evitar, en la medida de los posible, aromas artificiales…”.

-Uno de sus lemas es Queda terminantemente prohibido regalar tartas aburridas. ¿Por qué son divertidas sus tartas?

“Porque desde las recetas a los diseños intentamos que todo sea interesante, porque nuestras tartas son personalizadas para cada cliente y cada uno es diferente, y ¡eso es genial!, porque no cumplen ningún estándar, la tarta se puede utilizar para escribir una historia de amor, para contar algo, para sorprender a un niño o a un adulto, porque nunca son iguales y siempre tienen un componente lúdico… intentamos transmitir buen humor y entusiasmo con lo que hacemos”.

-¿Cuál ha sido el principal escollo empresarial al que se han visto sometidas?

“Si nos hubieran hecho esta pregunta al principio, la respuesta hubiera sido: las complejidades administrativas, montar un negocio desde cero requiere mucho trabajo para el que nadie te prepara, todo el mundo dice que es duro, que lleva tiempo… pero hasta que no te toca a ti, no eres consciente de esto de manera clara y contundente”.

-Fueron, precisamente, víctimas del problema de haber apostado por el mercado San Pablo en La Laguna, ¿qué les supuso esto?

“A los seis meses de comenzar nuestra andadura empresarial tuvimos la oportunidad de invertir en un proyecto: el mercado San Pablo, ahora todo el mundo conoce esta historia por la prensa, y saben que fue un terrible fiasco que dejó a mucha gente con deudas enormes, conocemos casos que fueron realmente dramáticos. A nosotras nos supuso una frenada en seco de cualquier desarrollo empresarial… al tener tanto dinero invertido en un proyecto que no sale, y que tiene tantos retrasos, se dejan de lado las cosas que tienes que hacer sí o sí por la empresa, tanto económica como emocionalmente es muy complicado vivir continuamente en un conflicto que no se resuelve. Finalmente, un año más tarde, recuperamos el canon que invertimos, ya que decidimos salir del proyecto antes de lo que fue su apertura… pero aún así tuvimos pérdidas. Si buscamos el lado positivo de la situación: Free Heart salió reforzado a nivel societario y nos sirvió para recuperar el rumbo de lo que queremos hacer”.

-Estuvieron muchos meses viviendo de la ayuda de sus padres y amigos… ¿cómo se lleva eso cuando uno ya ha pasado de cierta edad?

“Lo de cierta edad es muy bueno. El simple hecho de pasar de tener un empleo con salario fijo a no solamente no tenerlo, sino que además se tienen un montón de gastos nuevos: alquiler, agua, luz, autónomos… es difícil. Nosotras tardamos un año y ocho meses en conseguir un salario. Hasta ese momento, se vive con los padres como si fueras una adolescente de más de 30 años… es duro porque estás luchando sin ver resultados a corto plazo y eso exige un esfuerzo diario para no rendirse”.

-De ahí… a tener varios empleados… ¡vaya! ¿Cómo lo valoran?

“Nosotras nos vemos como hormiguitas, empezamos todo este proyecto con una financiación mínima, la ayuda de nuestras familias, una máquina y un horno. Y trabajando de sol a sol literalmente… dos años y medio más tarde, siguen la misma máquina y el mismo horno, pero se ha ampliado en maquinaria y en personal… lo cual es una suerte enorme, somos cuatro fijos en cocina y una itinerante que se nos suma a proyectos puntuales. Se han tomado riesgos medidos, y reconocemos que estamos rodeadas de personas que nos quieren y que se desviven por echarnos una mano cuando lo necesitamos, nos hacen la vida más fácil”.

-¿Ha valido la pena?

“Sí, decididamente emprender este proyecto ha sido una aventura enriquecedora. Nos sabemos cómo seguirá avanzando, pero desde que comenzamos hasta ahora, a pesar de las dificultades, es genial mirar hacia atrás y pensar: ‘al final lo hemos ido haciendo, poco a poco, con cariño infinito”.

-Ahora han crecido y ahora colaboran con Aspronte en el empaquetado. ¿Cómo viven la experiencia?

“Aspronte es una asociación que hace una labor inmensa y fantástica. Están en la misma calle en la que tenemos el obrador y hace unos meses se pusieron en contacto con nosotras para preguntarnos si queríamos colaborar con su calendario solidario, evidentemente la respuesta fue afirmativa, y junto con la dirección del centro, dimos vueltas a cómo podríamos ampliar nuestra colaboración, y de ahí surge el taller de empaquetado de galletas, que está supervisado a nivel sanitario por Serax Consulting, y que nosotras lo hemos vivido como una ampliación de la familia Free Heart, tanto los chicos como los maestros y el personal que trabaja en Aspronte son absolutamente maravillosos… y estamos todos encantados con coincidir en este proyecto”.