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Adiós al negocio de las avestruces

Autoridades del Cabildo tinerfeño en una visita realizada a la granja en el año 2002. / DA
Autoridades del Cabildo tinerfeño en una visita realizada a la granja en el año 2002. / DA

El negocio no da para más. Casi 20 años después de la apertura de la primera granja de avestruces de Canarias en Atogo (Granadilla), acto al que asistieron las principales autoridades de la Isla, su propietario, Juan Vicens Binimelis, ha decidido clausurarla. Los números no cuadran y no queda otro remedio que echar el cierre. Este empresario mallorquín, que llegó a la Isla en 1996 convencido de su apuesta por este género de la avicultura, se considera “víctima de una persecución institucional y de determinados círculos políticos y empresariales próximos al sector cárnico de la Isla”. Vicens asegura, incluso, que a los principales turoperadores se les ha llegado a “prohibir” la venta de excursiones turísticas al recinto. “Por ese motivo tuvimos que recurrir al turismo ruso; ahora, con la devaluación del rublo y la guerra de Ucrania, este ha dejado de venir”, lamenta.

La gestación del proyecto, la materialización del mismo y su continuidad durante 19 años, con algunas intermitencias, nunca fueron fáciles. Los problemas surgieron en 2001 cuando el Ayuntamiento responsabilizó al propietario del recinto de promover una explotación ganadera sobre suelo calificado como “rústico-agrícola”, una circunstancia que le costó al empresario la licencia municipal. La apertura de un restaurante para el que, según los mandatarios municipales de entonces, no se disponía del preceptivo permiso, fue el siguiente capítulo. Habilitar alojamientos de tipo rural en las instalaciones, con anuncios a través de Internet, fue otro de los motivos para una nueva intervención municipal, según las informaciones de la época.

Estos hechos, que ocurrieron entre 2001 y 2006, ocasionaron un intercambio de denuncias en el juzgado (casi una veintena de juicios se celebraron a lo largo de este tiempo), tres precintos de las instalaciones y algunos incidentes que requirieron la intervención policial. Entre ellos, un incendio y varios ataques de canes desde una perrera próxima que acabaron con la vida de algunas crías de avestruz.

El pasado 27 de noviembre su propietario anunciaba a través de facebook “liquidación por cierre” y ofrecía un descuento de un 40% en las ventas de “avestruces, huevos, cáscaras, pieles, bolsos, carteras y plumas”. Días más tarde, el 10 de diciembre, ofertaba a través de la misma red social huevos de avestruz al precio de 20 euros. Por esas fechas ya anunciaba la “venta o alquiler” de la finca.

Actualmente, y a pesar del cierre al público, la finca cuenta con 40 animales que probablemente tendrán que afrontar en breve un largo viaje, toda vez que el empresario, según adelantó el pasado viernes a este periódico, está a punto de cerrar un acuerdo para trasladar el negocio a Cancún (México), lugar al que viaja hoy domingo con la intención de cerrar los últimos flecos.

La granja de Granadilla, ubicada en el Camino Toledo (Atogo), muy próxima a la salida a la autopista del aeropuerto del Sur, llegó a contar con nueve corrales de reproducción, ocho de engorde, 11 para pollos, una incubadora, una sala de despiece y empaquetado, un almacén para comida, un restaurante y una tienda de productos derivados donde se podían comprar bolsos y carteras de piel de estos animales. Además, funcionaba como mayorista de carne y huevos. Su oferta, agrupada en exposición, gastronomía y venta de productos, convirtió el recinto en un parque temático que llegó a facturar una media de 300.000 euros al año, explicó su propietario.

La noticia de la clausura de la primera granja de avestruces de Europa de ciclo completo (llamada así porque en ella se realizaba todo el proceso de tratamiento de carne, huevos y plumas) no es algo ajeno a lo que ha venido ocurriendo en los últimos años en el resto del país. Hoy apenas quedan granjas en España después del auge espectacular de hace dos decenios, cuando muchos emprendedores creyeron haber descubierto en estos bípedos africanos la gallina de los huevos de oro.

Del ‘boom’ a la casi desaparición

Apenas queda nada de aquel boom que se vivió a mediados de la década de los 90 cuando se llegaron a contabilizar cerca de un millar de explotaciones en España dedicadas a estos animales salvajes importados desde el continente africano. A priori, se daban las circunstancias para un negocio redondo: carne roja prácticamente sin grasa, huevos con un bajo nivel de colesterol, plumas para decoración y piel para bolsos y carteras. Algunos expertos sostienen que se sobredimensionaron las expectativas sin tener en cuenta la complejidad del animal, que cuenta con una alta tasa de mortalidad y que necesita comer cinco veces más que un pollo, lo que trae consecuencias en su coste final. La subida de precios de los piensos, la crisis económica y la falta de cultura gastronómica por parte del consumidor han terminado por condenar al sector hasta prácticamente su desaparición.