la entrevista del domingo

Alberto Rodríguez: “Lo que debe dar miedo no es Podemos, sino que PP y PSOE sigan gobernando”

Alberto Rodríguez. | ANDRÉS GUTIÉRREZ
Alberto Rodríguez. | ANDRÉS GUTIÉRREZ

La foto que resumirá, al cabo de 2016, el cambio de imagen del Congreso tras el 20D será, a buen seguro, la del diputado de Ofra en las filas de Podemos Alberto Rodríguez, al pasar delante de un Rajoy perplejo, luciendo sus rastas en un moño coleta, para ir a votar la presidencia de la cámara.

A 10 días del pleno de investidura, el actual portavoz parlamentario de Empleo y Seguridad Social de Podemos niega, sin perder el asomo de sinceridad de recién llegado, que la pretensión de su partido de hacer vicepresidente a Pablo Iglesias en coalición con el PSOE sea una coartada: “Vamos en serio. Esto no es un órdago para acorralar al PSOE y provocar nuevas elecciones”.

Alberto Rodríguez, técnico superior en química ambiental, de 34 años, con plaza en excedencia en la Refinería de Santa Cruz, admite que las presiones de “poderes mediáticos y fácticos como el Ibex 35” alimentan la sospecha de que finalmente se imponga una gran coalición de populares, socialistas y Ciudadanos (C’s). Que no descarta, sin embargo, la repetición de los comicios, como vaticina Rajoy para el 26 de junio, queda de manifiesto desde el primer minuto de la entrevista: “De momento, vivo en Madrid en casa de unos amigos, pues no se sabe cuánto va a durar la legislatura”.

En esta ocasión, coincidiendo con que asiste en Madrid a la conferencia de la iniciativa Un Plan B para Europa, que abandera, entre otros, el exministro de Finanzas griego Yanis Varoufakis, se reivindica como un político que estudia los asuntos tras años de activista. Rodríguez denuncia un “acoso y menosprecio inauditos” hacia su persona por su aspecto físico, durante meses, hasta el día de la cara de asombro de Rajoy y los piojos invocados por Celia Villalobos en el estreno de la legislatura. Aquella sesión de rastas, que inspiró una viñeta de Forges, marcó un antes y un después, a su juicio, entre una y otra España: la que va de la Transición al 15M.

Durante esta semana sabremos si el PSOE está al lado de la gente o de las élites”

Esta semana próxima se reunirán en una mesa a cuatro PSOE y Podemos con Compromís e IU, a instancias de este último, pero ya Iglesias advierte de que solo baraja entrar en el gobierno (su check and balance, control y contrapeso) frente a la prioridad de Pedro Sánchez de pactar a secas la investidura. “Recogemos el guante de Alberto Garzón”, dijo ayer Rodríguez a DIARIO DE AVISOS, “y esta semana sabremos si el PSOE está del lado de la gente o de las élites”.

-¿Cómo fue su debut? Tengo interés por conocer su relato personal del día de la foto.
“Hubo sentimientos encontrados. Se produjo una situación hostil, fea, con gritos y abucheos hacia nosotros. Una falta de respeto. No lo esperaba. En el Ayuntamiento de La Laguna y el Parlamento canario encontré más respeto democrático que en el Congreso. Pero, bueno, el ser humano tiene capacidad adaptativa. Ya estoy acostumbrado a cruzarme en los pasillos todos los días con políticos famosos contra los que he luchado en las calles. Fue también un día histórico, pues el Congreso se teñía del color de la calle, más diverso y auténtico, y a la salida nos esperaba una manifestación de gente coreando ‘sí se puede’. Pablo lloró. Y yo, que no tengo la lágrima tan fácil, también me emocioné”.

-¿Usted buscó la foto?
“No fue buscada, se lo puedo asegurar. Pasé por delante de Rajoy sin querer provocar una cara de asombro. Me enteré cuando la vi en las ediciones digitales. La foto de Rajoy mirándome estupefacto es bastante alegórica de la nueva realidad del país. La política española cambió para siempre como queda reflejado en la principal institución”.

-La foto fue portada en los medios. Usted pasa ante Rajoy con suéter gris a rayas y lleva la cabeza erguida con el moño de rastas. ¿No posó?
“En absoluto. No sabía que me estaba mirando. Sé que el Gobierno está en los bancos azules, pero no forcé una pose. Si erguí la cabeza con orgullo, mi cara expresa la importancia que le doy a estar ahí en ese momento histórico. Pero no fue premeditado. Traje unos cuantos ejemplares de ABC, con la foto en primera y me los quitaron de las manos. No tengo ni uno de recuerdo”.

Encontré más respeto en el Parlamento canario y en el Ayuntamiento de La Laguna que en el Congreso”

Celia Villalobos aportó al episodio su alusión a los piojos: “Me da igual que lleve rastas si no me los pega”.
“Se valora por sí misma. Luego rectificó”.

-¿Le ha cambiado la vida en algo el Congreso?
“¿Solo en algo? Este nivel de exposición pública tira por tierra tu vida privada. Ya no eres Alberto Rodríguez, sino un representante público.”

-¿Cómo definiría el Congreso?
“Un monstruo que devora tu tiempo. No tengo un rato libre. Estoy estudiando su reglamentación y funcionamiento.Solo hemos tenido una sesión plenaria y se han constituido las comisiones. Pero nosotros tenemos una actividad intensa con los colectivos de la sociedad civil y no paramos de explicar por todo el país nuestra primera iniciativa, la ley 25, inspirada en el artículo 25 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, para garantizar el derecho a la vivienda, el final de la pobreza energética y tratamiento médico universal”.

-¿Desespera ver el hemiciclo vacío?
“Solo veo turistas y visitas de colegios. Pero sí hay una mucha actividad en los pasillos y despachos.”

-¿Le han puesto uno para usted?
“Sí, tengo mi despacho. Un despachito funcional en uno de los cinco edificios del complejo. El Congreso no es la puerta y los leones, dentro hay un trabajo frenético de informáticos, juristas, ujieres, personal de comedor…”.

-¿Tener despacho perturba a un activista?
“Es la primera vez que tengo despacho en mi vida. Y se agradece un espacio para trabajar. Tengo mucho trabajo fuera, pero un despacho es una herramienta útil. Es modesto: una mesita, un par de sillas y el ordenador”.

-¿No teme convertirse en casta?
“Por supuesto. En el Congreso, todos los días me digo que estoy con un pie en la calle y otro en las instituciones, para no acabar pareciendo aquello que tanto criticamos”.

-¿El programa de cambio de Podemos es una coartada?
“Esto no es un juego. Hay una situación de emergencia social. Nuestra propuesta de 100 páginas es seria y potente, con intención de aplicarla ya. Para nada es un órdago para acorralar al PSOE y provocar elecciones”.

Alberto Rodríguez. | A. G.
Alberto Rodríguez. | A. G.

-¿Ustedes se abstendrían ante un pacto PSOE-C’s?
“No. Nosotros, con C’s podemos llegar a acuerdos en materia de regeneración democrática, pero podemos acordar poco en materia económica, fiscal, laboral… El contrato único que propugnan está en las antípodas de nosotros, equivale al despido único. No es posible nuestra abstención. Hay que decirlo y lo decimos. O se está en unas políticas o se está en otras. Es imposible que apoyemos cualquier otra alternativa a la nuestra de 11 millones de electores del PSOE, Podemos-Compromís e IU, con el fin de desalojar al PP. Las dos alternativas a eso son terroríficas: un Gobierno de gran coalición PP-PSOE- C’s, o la repetición de las elecciones, cosa que no deseamos, en contra de lo que se dice”.

-¿Pese a que las encuestas les sonríen?
“Pero representan un costo para las arcas públicas y retrasarían las medidas urgentes que hay que adoptar. Mientras hablamos, hay gente que no tiene recursos para pagar la hipoteca o el recibo de la luz. Con las encuestas somos cautos. Es cierto que se nota esa tendencia de que nos iría mejor. Aun así, no estamos forzando esa posibilidad. Llevamos mucho tiempo perdido. Y esperamos que los socialistas accedan esta semana a formar un Gobierno con nosotros”.

-¿Ve con ánimos al PSOE?
“Una cosa es lo que deseamos y otra lo que vaya a pasar. Hay detalles que desorientan. A veces, viendo los editoriales de los periódicos y las tertulias de televisión, uno cree que va a ser difícil un Gobierno de progreso, que es más probable, ante el calado de las presiones, una gran coalición, pero otras las señales dicen lo contrario. Cada hora que pasa la situación es cambiante. Los dirigentes del PSOE más proclives a entenderse con nosotros están siendo fuertemente presionados. En materia laboral, que es mi campo, hay distancias. Queremos derogar la reforma laboral del PP de 2012 y la del PSOE de 2010, que fue el origen de la pérdida de derechos y la aparición del fenómeno workingpoor, o trabajadores pobres. Y recuperar los convenios colectivos en un nuevo marco de relaciones laborales. Esa es mi batalla”.

-¿Podemos promueve su propio sindicato?
“Aún no, somos un partido joven y ese es un debate pendiente. Hay iniciativas interesantes, como Somos Sindicalistas, pero respetamos la independencia del movimiento sindical y defendemos a los trabajadores en conflicto al margen de su afiliación. Los grandes sindicatos han generado una dirigencia que no siempre respondió a los intereses del trabajo, y luego están millones de afiliados y representantes que se han partido la cara en los comités de empresa a pie de fábrica. Conviene no confundir a unos y a otros”.

-Mayo del 11, el 15M cumple un lustro en menos de tres meses. ¿Cómo se hizo activista?
“En casa, mis dos hermanos y yo hemos tenido la suerte de que nuestros padres son muy progres. Mi madre se ha manifestado contra la guerra de Irak, las torres de Vilaflor o el puerto de Granadilla. Mi padre sale menos. Los dos son hijos de la Transición: la llegada de las libertades”.

-¿Y cómo explica las críticas de Podemos a la Transición?
“Ha habido una crisis de aquel consenso. Hace 40 años no había estos niveles de corrupción terribles. La Transición fue fruto de décadas de lucha en la calle, del movimiento obrero, de huelgas… Fue un momento histórico. Pero mis propios padres son testigos de que han pasado 40 años y aquel consenso político está roto, ha saltado por los aires. La confianza entre la gente y las instituciones quebró. Vivimos una segunda Transición, hay que repensarlo todo, articular un nuevo país. Yo no pude votar la Constitución porque no había nacido y toda una generación como yo. El tiempo ha sido inexorable entre 1978 y 2016”.

-Usted se ha remontado alguna vez a los tiempos de su abuela Concha la costurera.
“Sí, ya murió. Eran tiempos amargos. Vivíamos en su casa, en el pisito de Ofra. Era costurera y el abuelo Pepe, su marido, carpintero. Ella tenía los dedos destrozados de coser toda la vida. Nunca tuvo contrato y cobraba una mera pensión no contributiva. Trabajaba para las familias ricas de La Laguna”.

-¿Cómo citó, entre ellas, a la familia Oramas, piensa que las amenazas de muerte que la diputada Ana Oramas dice haber recibido tras oponerse al principio a un pacto PSOE-Podemos tengan origen, incluso, en sus críticas?
“Primera noticia de lo que me dice. Ignoraba ese extremo. Si en alguna medida mi discurso ha podido originar esas amenazas de muerte, desde aquí las condeno y quiero expresarle mi adhesión y solidaridad. Solo tracé un alegato sobre la diferencia de clases. Hoy todavía se viven situaciones vejatorias y de desigualdad similares o peores que en el tardofranquismo. Pero nunca quise ofender personalmente a Ana Oramas. En política se debe confrontar lo que haga falta, pero yo no busco descalificar a nadie. Estos meses he sufrido acoso y menosprecio y difamación, y sé lo que es eso”.

-¿Debe Podemos firmar el Pacto Antiyihadista?
“Debe y quiere, pero antes que nos permitan hacer propuestas, como primar la democracia en los países fundamentalistas y el control del flujo de la financiación de Dáesh. No nos dejan; nos dicen, o firmas o no. Esperamos, tras este proceso, poder reunirnos y firmar el pacto antiyihadista”.

-Su caso es singular: un ecologista en la Refinería. ¿Cómo concilia las dos almas?
“La Refinería es una industria de indudable trascendencia energética y económica para las Islas. Debemos hacer una transición escalonada hacia las energías renovables, o, dada la dependencia de Canarias del petróleo, cometeríamos una locura. Gorona del Viento en El Hierro es un ejemplo a seguir, que requiere inversión pública. Ahora la Refinería, por desgracia, ha parado la producción, por la pérdida de mercados y los precios del crudo, y no parece que vaya a restablecerla a corto plazo, para inquietud de los trabajadores, con un buen convenio colectivo, siendo una industria generadora de empleo”.

No fue buscada la foto, se lo puedo asegurar. Pasé por delante de Rajoy sin querer provocar una cara de asombro”

-Ahora, Podemos cuenta con la coleta de Iglesias y las rastas de Alberto.
“Nuestros peinados han entrado en liza, dicho sea con todo sentido del humor. Pablo y yo bromeamos sobre el tema. Y en Madrid me piden selfies por la calle”.

-¿Consideran innegociable el referéndum de Cataluña?
“Para nosotros es importante porque aporta una solución al choque de trenes. Pero estamos abiertos a oír otras propuestas. Sobre el referéndum se puede hablar”.

-¿Propondría para Canarias un referéndum similar?
“Ahora mismo, ese sería abrir un debate artificial. El principal problema de los canarios es el desempleo con una tasa de dos cifras, que no es coyuntural sino estructural, y junto a ello todo en lo que estamos en la cola: las listas de espera, la sanidad, la educación, los servicios sociales, los salarios más bajos. Esto último es sangrante: con apoyo oficial de Canarias, una plataforma que se dedica a captar inversión extranjera está vendiendo como reclamo la precariedad y los salarios por los suelos de las Islas, sacando pecho. Eso es workingpoor, miseria laboral. Cáritas demuestra que en la mitad de los hogares que atiende hay una persona con empleo”.

-“Currela, canario y orgulloso de serlo”, así se define en su cuenta de Twitter. ¿Es usted independentista?
“No soy independentista. Me preocupa nuestro acervo, la defensa de lo canario, que no se ha hecho debidamente en los últimos tiempos. Llevo, incluso, tatuado en un costado del torso una campesina canaria con casas y flora autóctona, del pintor lanzaroteño Roberto Perdomo. Pero mi prioridad es la problemática social. Cubillo ya me cogió lejos cuando empecé a militar en el activismo en los 90. Me interesa nuestro mestizaje africano, europeo y americano. Me siento orgulloso de él. Y me gustaría que nuestro sistema educativo profundizara en la historia precolonial de las Islas”.

-¿Canarias es una colonia?
“Europa es una colonia de Berlín. Por desgracia, vivimos una etapa de coloniaje económico. Canarias vive una realidad colonial diferenciada. Nuestras especificidades, como el REF, tienen siglos de tradición. Nuestras relaciones con la UE, el Reino Unido y la Corona española nos dicen que venimos de una realidad colonial indudable. Todos los europeos somos vasallos de la Troika”.

-¿Podemos es partidario de salir del euro?
“Ahora eso no puede estar en la agenda política. Creemos en la UE, no en esta del austericidio al dictado de Berlín, sino en una Europa cuyos pilares sean el Estado del Bienestar y el respeto a los derechos humanos. Pero no planteamos la salida del euro.”

-¿Qué les dice a los mercados que temen a Podemos?
“Que lo que les debe dar miedo de verdad es que sigan gobernando PSOE y PP, que han multiplicado la deuda hasta el 100% del PIB”.

-¿Quién es, detrás de los focos, Pablo Iglesias?
“Una persona muy normal, pero extremadamente inteligente”.

-¿Y quién Errejón?
“Otro caso por el estilo, con diferencias: Pablo destaca sobremanera en la faceta comunicacional y en la elaboración; Íñigo es un ideólogo. Cuando se escriba la historia de estos días que estamos viviendo, se dirá de ambos que eran dos grandes intelectuales, dos cabezas privilegiadas de nuestra generación”.

-También coleta y bebé
“A mí me interesa más lo que hay dentro de la cabeza de Íñigo que el rostro infantil. Y dentro hay un gran analista, un gran ideólogo. También digo una cosa: que piensen que somos unos niños que acabamos de venir y no tenemos ni idea; que el enemigo se confíe y cuando se venga a dar cuenta, ya sea tarde. Eso nos conviene”.

-¿Juan Carlos Monedero hasta qué punto es Podemos?
“No está en los órganos de dirección, pero está en Podemos y es un ideólogo relevante, una persona muy querida por todos, un cartero del cambio frente a los mayordomos de los poderosos”.

-Madrid, titiriteros… ¿Podemos convence o defrauda donde gobierna?
“Hay una campaña de acoso y derribo que no responde a la realidad. Madrid está en la diana de quienes alientan una gran coalición, un Gobierno de ‘los nuestros, de las élites’. El Ayuntamiento de Madrid no es ningún caos. Con aciertos y errores, funciona mejor. En Madrid, Barcelona, Cádiz o Coruña estamos demostrando que se puede gestionar sin despilfarrar ni robar”.

-¿Piensan dar el sorpasso al PSOE o se ha vuelto un mito?
“En Canarias ya se produjo. Desde el 20D somos la segunda fuerza, a corta distancia del PP, y por encima del PSOE en número de votos. ¿Por qué nos prefieren? La gente que peor lo pasa ha descubierto en Podemos la mejor herramienta para cambiar la sociedad. La gente está harta. El 15M cristalizó el descontento popular y Podemos canalizó la indignación y la ilusión colectivas”.

-¿Llevar a la calle el Estatuto de Autonomía no dilata todavía más el retraso?
“Es preciso hacerlo. Esa reforma fue formulada en su día con el único respaldo de PSOE y CC y en otro Parlamento distinto al actual. Hacia un mayor consenso hay que bajar el debate a la sociedad y conseguir que la Reserva para Inversiones en Canarias (RIC) sirva para lo que fue creada: crear empleo y no como instrumento de evasión fiscal”.

-¿Podemos ha sido financiado por Venezuela e Irán?
“A estas alturas, nos tomamos ese tipo de acusaciones con sentido del humor. Las cuentas de Podemos han sido auditadas doblemente. Nos financiamos por crowdfunding a través de las redes: cientos de miles de personas aportan dinero para costear las campañas, que son austeras. ¿Irán y Venezuela? ¿Y por qué no Corea del Norte también? La máquina del fango contra Podemos es incesante. La financiación fraudulenta del PP sí es real, como demuestra la Guardia Civil entrando a su sede”.

-¿Tiene algún héroe en su vida?
“Sí. Marcelino Camacho. Lo conocí personalmente y valoro su arrojo contra la dictadura franquista, y la coherencia de su vida. Fue un gran dirigente sindical y diputado, y vivió y murió en su mismo modesto pisito de siempre en Madrid”.

Alberto Rodríguez. | A. G.
Alberto Rodríguez. | A. G.
MICHAEL JORDAN EN OFRA
Con 1,98, la altura de Michael Jordan, cualquiera juraría que a Alberto Rodríguez se le da el baloncesto. Y es un deporte que practica con relativa frecuencia, pero nunca descolló lo suficiente como para ir más allá de la condición de amateur que mata el tiempo en el barrio bajo la canasta. La altura tiene pros y contras en la hoja de servicio de este activista de 34 años que quiere seguir pisando la calle aunque le hayan puesto un despacho en el Congreso. Acaso por la estatura fuera fácil de localizar para la policía, que lo detuvo sin dificultad, sorprendiéndolo por la espalda, en el primer aniversario del 15M, durante una manifestación en las calles de Santa Cruz a la que acudió en familia. “Había dejado a mi madre en la manifestación para que no tuviera que caminar mucho y fui a aparcar el coche. La policía no tardó en localizarme, me zarandearon por la espalda y me llevaron detenido. Quedé absuelto”. Hace 10 años, durante un tumulto en Nochebuena, un hermano suyo, agricultor ecológico, sufrió un golpe en la cara al cargar la policía. Alberto se vio involucrado en el incidente, “en defensa de mi hermano, que perdió temporalmente la visión de un ojo y aún confía en ser indemnizado”. El caso no ha sido juzgado todavía. Quizá por estas y otras peripecias, comenzó a hablarse de Alberto Rodríguez, hijo de Ángeles, la maestra, y Fernando, electricista, que estudió técnico superior en química ambiental y se convirtió en uno de los cabecillas sobresalientes del desavío social de indignados en la Isla. Rodríguez, exsindicalista de CC.OO., rompió el cascarón en Santa Cruz con 15 años para manifestarse por primera vez contra la lanzadera de misiles en Malpaso (El Hierro), como una vernisagge del activismo que le esperaba contra las torres de Vilaflor, la invasión de Irak y el Puerto de Granadilla. Un día, Podemos preguntó por él. “Querían un perfil menos intelectual y más obrero, y buscaban alguien como yo, operario de planta química en la Refinería, de mono azul, casco, guantes y cara manchada”. El exmilitante de IU se sometió a las primarias y fue el más votado como candidato del partido. De la noche a la mañana, el pasado 20 de diciembre, pasó del anonimato a la condición de diputado nacional, y no cualquier diputado, sino aquel que dio más que hablar desde el primer día. La foto icono de la constitución del Congreso que salió de esos comicios es, con permiso del bebé de Carolina Bescansa, aquella en la que se ve a Alberto Rodríguez pasando por delante de un Rajoy que lo mira atónito como si no diera crédito. La causa esta vez no era la altura del espigado diputado tinerfeño, sino las rastas que cuelgan de su cabeza en contraste con el cabello habitual de sus señorías, y con las que secunda la excentricidad de la coleta de Pablo Iglesias. Convertido acaso, sin querer, en un prescriptor de tendecias, dice guardar un gran respeto por la cultura rastafari surgida en Jamaica en torno a la figura de Haile Selassie y que le atrae la música (como a un hermano dj), incluido el reggae que emana de Bob Marley, “pero en realidad no me dejé las rastas por nada de eso, sino porque, hace cuatro años, me gustó este peinado en lugar del pelo lacio y largo que tenía”. Unas crestas que suelen lavarse con agua de coco, contra prejuicios como el de Celia Villalobos hacia el look de dreadlocks del tinerfeño. En una viñeta de Forges, a raíz del bautizo de guerra entre abucheos que el diputado de Podemos (portavoz parlamentario de Empleo y Seguridad Social y miembro de la comisión de Industria, Energía y Turismo) relata en esta entrevista, el personaje se lleva la fregona a la cabeza y la mujer le pide que se la devuelva: “Diputado electo, déjate de rastas”. ¿Tiene pareja? “Me lo reservo por razones de seguridad”. Es cierto que la melena de león de trenzas enmarañadas encaja en esa cierta insurgencia canónica de Podemos, que bebe en aquellos indignados de las plazas de comienzos de esta década, y en la piel de activista del diputado de Ofra que vive en San Benito (La Laguna): en origen, es un signo de protesta o ascetismo, según se mire, en pueblos de África y Asia como Senegal o India, que llevan el pelo torsado y que no son ajenos a un viajero incansable como Alberto. Hasta el momento, solía hacer el equipaje dos veces al año para recorrer mundo y marcarlo en el mapamundi de su casa. “Me gustan los mapas y tengo uno en el salón lleno de pegatinas de los países que conozco: Vietnam, Japón, India, América, Europa, África. Es mi pasión. Conozco las ocho islas y quisiera conocer hasta San Borondón. Y cuanto más viajo más me enamoro de mi tierra. Viajar debería ser un derecho humano. A ver cómo hago ahora en mi nueva actividad”, que considera una faceta temporal, para retornar del sistema parlamentario al ecosistema de la calle en que se movía como pez en el agua.