tribuna

Carlos Chevilly

Dos grandes personajes de nuestra historia, del arte, de la literatura, en general de la cultura, como en este caso, el gran pintor y muralista del siglo XX Carlos Chevilly de los Ríos, (1918-1978), al que es necesario recordarlo, puesto que ha sido un hombre que marcó un hito en la pintura. Gracias al ambiente familiar y a su padre, hombre de grandes inquietudes literarias y artísticas, se consagra al más bello arte como es la pintura, pero siempre limitándose a los gustos y tendencias que entonces imperaban en la sociedad tinerfeña.

En su primera obra, que tituló Autorretrato de la maceta, ya muestra condiciones técnicas muy notables, dentro de unos parámetros de minuciosidad, orden y extremado detalle, que van a poner sello a su obra, especialmente a sus murales y bodegones.

Carlos Chevilly asiste a la Escuela de Bellas Artes, donde recibe lecciones de Pedro de Guezala y Mariano de Cossio, perfeccionando su estilo, que le va a caracterizar más tarde y que cada vez se aparta más de la pintura amable y convencional que se enseñaba en la escuela. A finales de los años cuarenta se integra en el Grupo PIC (Pintores Independientes Canarios), que propugnaba un arte de vanguardia. La aventura no tuvo el éxito que deseaban como consecuencia de la situación social de aquellos años, pero mereció la pena intentarlo.

Chevilly investiga una obra nueva. En su trabajo las figuras e interiores adquieren importancia. Sus cuadros La visita y Las modelos de pintor merecieron el premio Luis de la Cruz, instituido por el Cabildo de Tenerife, en los que muestra atmósfera y luz interior de la más pura escuela velazqueña. Toma contacto con corrientes artísticas de fuera de la isla. Es invitado a la National Art Gallery of Spain, de Nueva York, y además expone en la Biblioteca Española de París. En esta nueva andadura su obra se caracteriza por un equilibrado esquematismo, sin rasgos definidos, pero dando gran importancia a los valores cromáticos. En 1971 aparece con una obra llena de color, que forma la materia prima de sus cuadros abstractos, de construcción poliédrica. Después de esta etapa, el artista se sume en el silencio, solamente interrumpido por una exposición en Las Palmas.

En la década de los setenta, campesinos y pescadores salen de su paleta, así como el desnudo sensual esquemático donde el color lo invade todo. Malvas, azules, verdes… y sentido equilibrado de la luz forman el binomio que caracteriza su obra en los últimos años.

La obra de Chevilly, discutida y controvertida, muestra el trabajo intenso de un alma sensible que nunca se conformó con el éxito alcanzado en una etapa de su arte. Siempre buscó, investigó nuevas formas, a veces contra viento y marea, contra los gustos dominantes de la época, pero ahí está su obra, que le sitúa dentro de los mejores maestros de la plástica canaria del siglo XX.