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Don Carnal se despide a toda velocidad

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FOTOS FRAN PALLERO

Con una inusual puntualidad, que no suele caracterizar a este desfile, a las 21.00 horas justas arrancó, desde la céntrica calle de Juan Pablo II, el cortejo fúnebre que acompañó a la Sardina del Carnaval de Santa Cruz de Tenerife hasta su destino final en la hoguera. Un desfile que también se caracterizó este año por su velocidad, ya que, apenas transcurridos 15 minutos desde su inicio, ya habían hecho su entrada en la calle de Méndez Núñez todos los participantes y carrozas.
La Sardina estuvo arropada por cientos de mascaritas, viudas descaradas, personajes eclesiásticos y figuras de pesadilla, que a ritmo de salsa y merengue despidieron, entre risas y llantos, a Don Carnal hasta el año que viene. Inspirada en el chicharro que sirve de imagen al cartel anunciador de la fiesta, obra de Javier Torres, la Sardina de este año, elaborada con cartón y papel reciclado, midió 6 metros de largo, 3,5 metros de alto y 1,55 metros de ancho. Acorde a la temática ochentera de este Carnaval, apareció rodeada de elementos de la época como un cubo de rubik, cintas de casete o un playmobil caracterizado como el cantante recientemente fallecido David Bowie.

El buen tiempo animó a la gente a salir a la calle y disfrutar del espectáculo, que contó con bastante más público que el año pasado. El cortejo fúnebre arrancó solemnemente con un gaitero y dos tradicionales guardias británicos que portaban una corona de flores.

Coches fúnebres, músicos y viudas conformaron el cortejo, que, por otra parte, fue bastante pobre en carrozas u otros elementos, ya que la única que hubo, y que fue una novedad de este año, fue la que cerró el desfile con el conocido cantante Pepe Benavente sobre ella cantando en directo.

Tras finalizar la calle de Méndez Núñez, el desfile continuó por El Pilar, Villalba Hervás, La Marina y la avenida Marítima, donde finalmente fue incinerada la Sardina. La noche culminó con todas las viudas bailando en la plaza de la Candelaria al son de la orquesta Tejina.

Aunque se desconoce la fecha exacta de cuándo se empezó a celebrar esta festividad, las primeras noticias de su celebración en la capital tinerfeña datan ya del año 1900.