el charco hondo

Colilla

A raíz de lo escrito sobre el cuadro que podría titularse Torero con hija en brazos y vaquilla, por distintos cauces me han llegado réplicas de diferente corte y confección. Muchas voces consideran irresponsable (inadmisible o una frivolidad, llegan a decir) mostrarse comprensivo con el torero. Dije, y reitero, que los tuits criminalizando a Rivera Ordóñez tendrían un pase si reaccionáramos igual cuando amigos, parientes o vecinos cogen a su hija en brazos mientras fuman, discuten o se sientan a pie de carretera en un rally; y no es el caso. Dije, y reitero, que al torero que coge en brazos a su hija mientras torea una vaquilla lo crucificamos (ministros, fiscalía y defensor del menor, entre otros), pero al colega que coge en brazos a su hija mientras ve la tele con según qué perro sentado junto a la niña, a ese, en fin, ya sabes, le preguntamos cómo se llama el bicho y lo dejamos estar. Hay más. Dadas las fechas, a quienes se escandalizan los días impares, mirando para otro lado los pares, cabría animarles a que se indignen -y escriban tuits, faltaría más- con los que cogen en brazos a sus hijos durante el carnaval de día y, como la noche los confunde, terminan aparcándolos en cualquier parterre o escaparate entre charcos, copas, colillas y golpes parecidos a los de las vaquillas. A los que ven la paja en el ojo del torero, pero no la viga en el de quien se adentra en horas espirituosas con los hijos en brazos -o, peor aún, apoyados contra cualquier árbol del lugar- cabe invitarlos a que hablen en las redes de quienes no han comprendido que el carnaval familiar tiene sus horas y que transcurridas lo suyo es llevarse a los niños a casa o irse. Dije, y reitero, que pareciéndome prescindible torear con hijos en brazos (y torear, a secas) no se comprende que generen tanto revuelo unos cuadros y otros tan poco, porque si mejorable es el de Torero con hija en brazos y vaquilla, no menos reprochable es Carnavalero con hijo de copas y colilla.