tribuna

Del taxista mercenario y esquirol – Por Carmelo Peña Bello*

De forma genérica podría definirse en España como “esquirol”, o “carnero” en Uruguay, Argentina y Paraguay, a aquel que opta por no secundar a los compañeros con los que comparte actividad profesional o ideológica en las actuaciones que estos ejecutan reivindicando sus derechos, y cuando esto se entremezcla para un mismo individuo con sus intereses mercenarios, nos podríamos encontrar con un espécimen tal que con rango de carnero y maneras ambiguas, siempre obrando en su propio beneficio económico y personal, no dude en tratar de desinformar, coaccionar y vejar a todos aquellos que se interpongan en el camino, tanto de sus propios intereses como el de los miserables a los que sirve compensado con nauseabundo agasajo y prebenda.

Algunos queremos pensar que es imposible que tal elemento pudiera encontrarse medrando entre un colectivo de taxistas de Canarias, pero quizás una vez más la realidad podría superar la ficción. Taxistas borrachos, taxistas drogadictos, taxistas gangocheros, taxistas violentos, taxistas defraudadores, taxistas maltratadores, taxistas irregulares, taxistas anticuados, taxistas sucios, taxistas en boca de un titular de licencia de taxi representativo que justificaría el ser asalariado de titulares de licencia de taxi perjurando se dedica a revalorizar el trabajo de los taxistas que dice representar de nueve de la mañana a nueve de la noche, que no sería solidario en sus huelgas y que se cebaría sobre sus desgracias, que dilapida sus recaudaciones e injustificados créditos bancarios ocultándoles cómo grava sus entidades de agrupación, que especula con subvenciones que a aquellos les corresponde, que recibiría por prebenda para sustanciar su afán de flotero contratos de empresas igualmente mercenarias y de entidades públicas sin previa oferta ni concurso público, que pactaría acuerdos con taxistas de otros municipios en perjuicio del interés general y solo en el del suyo propio monopolizando para la flota que le paga servicios de clientes cedidos, que politiza la imagen de su colectivo presentándose tal que rastrero bien agradecido en mítines y agasajos de partidos políticos que perjudican al sector, que niegue lo obvio del atropello y desprecio a que es sometido un colectivo de cientos de profesionales, sus asalariados y sus familias justificando lo injustificable, haciendo derecho comparativo entre los titulares de una licencia de taxi y cualquier otro empresario autónomo que no se le equipara en obligaciones, que se prodigue en medios de comunicación afines a la corrupción o en los que no dudara pagar con lo que no es suyo para desacreditar a su propio colectivo, que aparecerá asiduamente acompañado de sus irresponsables y vanidosos mecenas difundiendo como suyos los triunfos que por derecho y esfuerzo fueron obtenidos por los representantes legítimos del colectivo, carnero que en su obsesión mercenaria llega a embestir gratuitamente incluso a funcionarios públicos, y además cegado por su ego llevara a los tribunales a sus mecenas que no teniendo mejor opción taparan sus desatinos.

¡Es imposible que esto se dé en un estado de derecho!, exclamaran algunos, otros pasaran página susurrando, “vaya novedad, un corrupto más”, pero tras esas líneas que sobre blanco se columpian seguro se manifiesta el dolor, la ruina, enfermedad, frustración e injusticia siempre innecesaria sobre un colectivo que presta un servicio público insustituible y esencial, que a diario pasa inadvertido para la mayoría, pero que a la mayoría antes o después y marginando lo propio, casualmente le resolverá multitud de problemas o situaciones más allá y por demás de trasladarles “puerta a puerta” por el compromiso y atención personal que todo taxista profesional le proporcionara solo en beneficio de su satisfacción personal. En todo caso, como taxista no dudo que será el propio colectivo quien sabrá, dado el caso, dar buena cuenta del tal carnero.

*PRESIDENTE DE LA UTAT