cuestión de grises

Desconexión – Por Indra Kishinchand

A día de hoy todavía no he escuchado a nadie que asegure que no hubiera sabido hacer otra cosa que ser político. Seguramente porque se acuerdan de que la profesión se acaba y la vida sigue y, en algunos casos, con más millones, más tiempo, y menos trabajo. Y eso, desde luego, se le da bien a todo el mundo, aunque el coste que haya que pagar sea abandonar los plenos.

Yo no sabría ser otra cosa que no fuera yo y tal vez el problema es que a ellos les pasa lo mismo. Qué más dará ser político que jubilado mientras sea fiel a mí mismo, se preguntarán. A eso le añadimos que en algún momento confundieron vocación con dedicación y, bueno, fin de la cita.

Dice Betsy Berne de Francesca Woodman que “era una artista sin remedio, aunque ella a veces lo dudase”. Sabe Berne que la esencia no se elige, se moldea, se fortalece a base de duda, se enfrenta de cara, con el corazón huyendo inútilmente a otros cuerpos; ella lo sabía y Woodman lo intuía. Yo ni sé ni intuyo, pregunto. ¿Es la política reflejo de la esencia o la profesionalización de un deber?