El dardo

Diálogo

Al igual que ocurre en la Península entre los principales partidos, aquí tampoco se fomenta el diálogo como premisa básica para procurar la defensa común de los intereses ciudadanos. Parece mentira que en lugares donde todo el mundo se conoce, las diferencias personales, más que las ideológicas -como en el caso de Pedro Sánchez respecto de Mariano Rajoy-, determinen la falta de entendimiento. Incluso cuando se trata de disparidades programáticas profundas, nunca debería faltar la conversación sincera, el encuentro constructivo para llegar a puntos comunes, por el bien de la ciudadanía, no en vano el voto tiene un papel delegado, una confianza que se presta a los políticos para que traten de resolver los problemas en el ámbito que proceda. Ahora que tanto hablan algunos de la necesidad de llevar a cabo una segunda transición, sería muy bueno recuperar el espíritu de la primera, el mismo que permitió la construcción de una España distinta entre todos, renunciando a lo accesorio y centrándose en lo fundamental por la vía del consenso y la igualdad, no de la superioridad y la insolidaridad. Parece mentira que desde hace meses asistamos en Canarias a desencuentros arraigados y enfrentamientos dialécticos viscerales entre representantes públicos que defienden proyectos integradores, no excluyentes, basados en el interés general y que, por tanto, deberían recibir el acuerdo insoslayable de todos los actores políticos. Sin embargo, ¿cuántos ayuntamientos sufren los vaivenes caprichosos de concejales más interesados en su medro personal que en arreglar los problemas de los conciudadanos? ¿Cómo es posible, que tras el compromiso adquirido vía pactos, una decena de corporaciones locales sigan a estas alturas con dilemas y dificultades por los incumplimientos flagrantes de los concejales? Con estos sinsentidos, ni se consolida la cultura cívica, ni se mejora la democracia, ni se favorecen los intereses municipales, ni arraigan la ilusión y la confianza en los representantes públicos. Hasta en el seno mismo del Gobierno, si hacemos caso a una rumorología cada vez más extendida, han surgido serias disensiones entre sus dos primeras cabezas, lo que no es el mejor augurio de una gestión rigurosa, sosegada y solidaria. Lo que faltaba: un Gobierno mal avenido y enfrentado.