tribuna villera

Humboldt, entre La Orotava y Perú

He de reconocer que el viaje que hice a Perú en noviembre de 2015 me animó mucho, física y psíquicamente. No solo por el ceviche y el vino Inti Palka o el pisco, sino por conocer el legado de los incas. De camino, el paso de los españoles y de los europeos por tierras del Cono Sur, de Francisco de Pizarro y de Alejandro de Humboldt, en particular. Del primero gracias al joven militar Pedro de Cieza y León, extremeño, quien a mitad del siglo XVI ya había viajado a las Indias y escrito sus Crónicas. De Humboldt gracias a su relato histórico sobre los “Viajes a las regiones equinocciales del nuevo Continente”, y a sus obras subordinadas como “Vistas de las cordilleras y monumentos de los pueblos indígenas de América” y del “Cosmos”. De nuestro reciente viaje a Perú tengo que agradecer el empeño del amigo hispano peruano Manuel Méndez Guerrero y de las instituciones y empresas canarias que nos apoyaron, relacionadas con el sector del agua y de la eficiencia energética. Entre ellas el Cabildo de El Hierro y el Ayuntamiento de La Orotava. Desde el año pasado la corporación municipal de la Villa inició el expediente de la inscripción del municipio de La Orotava como Bien del Patrimonio Mundial y en principio la comisión asesora ha acordado plantear la figura de Paisaje Cultural como la idónea para tal fin. Entonces es cuando expongo el papel desempeñado por Alejandro de Humboldt, a la hora de su potencial contribución, a considerar La Orotava como un Bien de excepcional valor universal relacionado con el Paisaje, además de reconocerlo como una derivada geológica y un bien asociado al Parque Nacional del Teide, actualmente Bien Natural del Patrimonio Mundial. Humboldt estuvo en La Orotava en junio de 1799, antes de marchar a las Américas en su histórico viaje, entre 1799 y 1804, cuando alcanzó Venezuela, Cuba, Colombia, Ecuador, Perú y MéxIco. Humboldt llegó a Perú en 1802 regresando a México por el mar del Sur, el océano Pacifico, desde el puerto de El Callao después de emplear varios meses recorriendo la costa, la sierra y la selva del Perú, ombligo y cabecera del imperio inca. Conoció la corriente fría de la costa Pacífica y le pusieron su nombre, como a ciertos pingüinos, aunque no supo las consecuencias que El Niño ha tenido en la historia de la Humanidad. Disfrutó caminando por las cordilleras de los Andes y al adentrarse en la Amazonia. De paisajes y aguas aprendió mucho hasta el punto que ha pasado a ser el padre del paisajismo geográfico moderno, entre otras cuestiones por su descripción del Teide y del Drago de La Orotava en sus Cuadros de la Naturaleza.