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Íñigo Méndez de Vigo

El ministro en funciones Íñigo Méndez de Vigo recibió al consejero catalán de Cultura y escuchó unas descaradas pretensiones que cuadran con los modos de la auténtica y rebautizada CiU, Pujol, Mas y el guardés, pregonero y taxidermista de ambos, el honorable Puigdemont. Santi Villa, así se llama el enviado, reclamó el diez por ciento de los papeles de Salamanca, cuando por un bien informado particular -Policarpo Sánchez- se reclamaron judicialmente todos los documentos y otros efectos que no fueron incautados esa Comunidad a personas naturales o jurídicas de carácter privado, con residencia, domicilio, delegación o secciones en Cataluña”, llevados por despiste o descuido, u otra causa, por los técnicos y transportistas hasta la Ciudad Condal, y que pertenecen, en puridad, a Asturias, Aragón, Valencia e, incluso, a la pérfida Madrid. Sin aclarar en qué fase o momento está la cantada desconexión de Cataluña del Estado español, exigió la continuidad de las aportaciones económicas en “los grandes equipamientos culturales como el Liceo, el Museo Nacional de Arte de Cataluña y el Palau de la Música”, aunque no garantizó, como ocurrió en el inmediato pasado, el control del gasto que ha tenido tanto y tan ruidoso recorrido judicial. Tampoco dio datos ni fechas de la devolución de las 113 obras de arte -una magnifica colección románica- pertenecientes a la diocésis de Barbastro-Monzón y retenidas a la fuerza, pese al tenor de las sentencias en tribunales civiles y eclesiásticos y a la orden expresa de la Santa Sede. Guardó silencio también sobre los bienes que las monjas de Sijena (Huesca) vendieron
-habrá que ver con qué título, cómo y por cuánto dinero- al Gobierno catalán que “aseguró su propiedad” hace unas semanas (Afortunadamente, ya no está el inefable Martínez Sistach para pastelear en estos asuntos -o para anatemizar, es otro ejemplo, los gastos del Real Madrid – y con el Papa Francisco los bienes y las cuentas de la iglesia tendrán la misma diafanidad que su pastoral). En suma, Vila cumplió con su rol de orgulloso pedigüeño y anticipó optimista “cambios en las relaciones”, y el ministro en funciones, Méndez de Vigo, que lo escuchó y tal vez le recordó con educación las restituciones pendientes, calificó el encuentro de protocolario. Incluso para la secesión, una deriva pasional pero legítima, como todas las posiciones políticas, se necesita estilo, mejor estilo, y seny, sensatez verdadera y de una vez por todas.