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Una joya urbana de seis puntas

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Puerto de la Cruz es mucho más que una ciudad turística. Los múltiples valores que atesora en sus apenas 9 kilómetros cuadrados pasan muchas veces desapercibidos para los visitantes, pero, también -y eso es más preocupante- para sus propios vecinos. El Puerto es un pueblo pequeño pero con historia grande y con patrimonio rico. No en vano, en el siglo XVIII su muelle fue la llave de entrada a la Isla, como figura en su escudo heráldico por reconocimiento de Felipe IV. Eso generó gran prosperidad y una floreciente clase media de comerciantes.

La Antigua Casa de la Real Aduana
, la parroquia de Nuestra Señora de la Peña de Francia, el Palacio de Ventoso, la iglesia de San Amaro, el Peñón del Fraile, la Iglesia de San Francisco, los hornos de Cal de Las Cabezas, la Casa de Miranda, la hacienda del Risco de Oro, la Casa Cólogan, el antiguo hotel Marquesa, el Sitio Litre, el antiguo hotel Taoro, el Jardín Botánico y de Aclimatación… El listado de valores patrimoniales y bienes de interés cultural de este municipio norteño es mucho más extenso de lo que pudiera parecer a simple vista. Y además, guarda en él algunas curiosidades sorprendentes que pocos conocen. Una de ellas se refiere a la estación de servicio DISA emplazada en la zona de la Punta de la Carretera, conocida popularmente como La Estrella por la peculiar cubierta de seis puntas que la remata. Dicha estación, construida a principios de los años sesenta del siglo pasado y aun en funcionamiento, está incluida en el catálogo municipal de edificios a conservar y es parte del ámbito de la declaración de Bien de Interés Cultural (BIC) del casco histórico portuense. El motivo de su máximo nivel de protección es que se trata de un auténtico monumento arquitectónico. Diseñada por el arquitecto Luis Cabrera Sánchez-Real, La Estrella ganó el Premio Manuel Oráa del Colegio de Arquitectos de Canarias al ser considerada una obra maestra de ingeniería y ejemplo excepcional de nuevas formas y soluciones constructivas.

Tal es la singularidad y el valor de esta gasolinera vanguardista que hasta obligó una modificación del Plan General de Ordenación de la ciudad, que pretendía eliminarla para dejar paso a una gran rambla urbana que atravesaba longitudinalmente el centro de Puerto de la Cruz, desde Martiánez hasta el polígono El Tejar. Ese ambicioso plan municipal se tuvo que readaptar para garantizar la conservación de la estación La Estrella, consagrada como símbolo arquitectónico del boom que experimentó Puerto de la Cruz en los años 60 al albur del turismo.

Hoy, medio siglo después de su construcción, sigue cumpliendo su servicio y embelleciendo al mismo tiempo la estratégica salida de la ciudad por la zona de la Punta de la Carretera, a la sombra de otro símbolo de la ciudad -aunque menos afortunado en su estética- como es el edificio Belair -un adefesio de 24 plantas-, en frente de los Jardines la Atalaya del Taoro y dando la espalda al Hospital Tamaragua. La Estrella sobrevive enclavada en pleno corazón de Puerto de la Cruz. La planta superior con los surtidores de gasolina de DISA sigue hoy en día a pleno funcionamiento, aunque desde hace años está en desuso y vallada la planta inferior de la estación, donde se ubicaban las salas de lavado y engrase.

Punta de la Carretera

Según recuerda el investigador Melecio Hernández, la gasolinera La Estrella fue promovida en 1960 por DISA y por el empresario portuense José Manuel Sotomayor y Carmona, quien luego la regentó durante muchos años. El proyecto, terminado de construir en 1964, fue distinguido por el Colegio de Arquitectos de Canarias con el Premio Manuel de Oráa, al ser reconocido como una obra maestra de la ingeniería. Según consta en la documentación del proyecto, el presupuesto inicial de ejecución material ascendía a 1.368.409, 73 pesetas. La memoría descriptiva decía que “su posición estratégica en el sistema de tráfico de la localidad hacen presumir que en él se suministre todo el tráfico rodado de la zona. Por este motivo, se considera de interés la instalación de servicios de engrase y limpieza, que se proyectan en la planta de sótano con acceso por la calle Valois. Al fondo de esta planta se prevén los servicios higiénicos correspondientes para mecánicos. Una escalera de caracol, alrededor del soporte central de la cubierta, comunica esta planta con la oficina superior de suministro de combustible, que se organiza aparcando en los depósitos de gasolina circulando alrededor de la oficina central. Estos servicios de planta alta quedan cubiertos por una visera de membrana de hormigón armado, sustentada en un soporte central”. Muchas personas de la Isla han descubierto esta rara joya urbana de Puerto de la Cruz en una reciente exposición organizada por el Cabildo de Tenerife en TEA, coincidiendo con el Día Mundial de la Arquitectura, titulada Formas sobre el plano, dedicada por entero a los dibujos y proyectos del arquitecto y urbanista Luis Cabrera, que se conservan en el Archivo Histórico del Colegio de Arquitectos de Tenerife. En el catálogo de esta muestra se reseñó que la obra de Cabrera “destaca tanto por su originalidad como por su marcada tendencia a la experimentación. La introducción de nuevas formas y soluciones constructivas a principios de los años cincuenta hacen de su figura una pieza clave para entender la renovación funcional y tipológica de la arquitectura en Tenerife”.

El Colegio Oficial de Arquitectos de Canarias editó en 2005 un libro sobre la obra realizada en Tenerife por Luis Cabrera Sánchez del Real. El autor del estudio fue Eladio Arteaga, quien dedicó un capítulo completo a la descripción del proyecto de la estación de servicio DISA-La Estrella, a la que catalogó como “un divertimento geométrico”.

“Elemento articulador”

Esta es la descripción técnica y valorativa que Eladio Arteaga realizó sobre la singular y excepcional gasolinera portuense: “En un emplazamiento con gran desnivel y de forma singular se inserta un elemento perfectamente definido en su geometría que resuelve, además de ser un límite formal, el nudo viario imprescindible para la que en aquel momento era la entrada a la población del Puerto de la Cruz, por la Punta de la Carretera. Elemento articulador -indicador cual rosa de los vientos-, este paraguas de seis puntas ejecutado con láminas de hormigón armado sigue claramente los ejemplos estructurales adelantados por Félix Candela, a los que Luis Cabrera no era ajeno. La gasolinera, ante la circulación viaria, actúa como una gran dinamo que recibe y lanza a los coches. Un movimiento centrífugo-centrípeto que continúa en todos sus niveles y en todos los detalles que observamos de la obra, desde la cimentación hasta el forjado intermedio, desde el gran pilar central hasta el paraguas de remate -la raíz, el tronco, las ramas y la copa del árbol-. Incluso, el posterior atirantamiento de la estructura del paraguas enfatiza aún más este hecho dinámico ya comentado”.

Según detalles del proyecto modificado con fecha de 1962, esta incorporación, fruto de un mal desencofrado de la estructura del paraguas, en ningún momento parece la solución de un problema, sino un nuevo desafío para Cabrera. Destaca Arteaga que no solo no rompe el concepto inicial de carrusel, sino que aprovecha para colocar el depósito de agua en altura sobre el pilar central y arranca desde este los tirantes a cada punta de la estructura laminar. Hasta las farolas de la rotonda con cúpula esférica subrayan aún más esta rotación de los coches a modo de órbitas en esta gasolinera única.

Luis Cabrera Sánchez-Real, el creador

Luis Cabrera Sánchez-Real nace en 1911 en Madrid, hijo del eminente físico lanzaroteño Blas Cabrera Felipe. En 1928 inicia sus estudios en la Escuela de Arquitectura de Madrid. En 1940, tras el lapso que suponen los años de la Guerra Civil, obtiene el título de arquitecto y comienza su actividad profesional en Madrid, donde colabora en reconocidos despachos profesionales como el de Luis Gutiérrez Soto, figura clave del racionalismo español. En 1949 participa en concursos de arquitectura, destacando el tercer premio obtenido en la convocatoria para el nuevo edificio de los sindicatos de Madrid, formando equipo con el arquitecto José Antonio Corrales. En 1951 se traslada a Santa Cruz de Tenerife donde se establece definitivamente y desarrolla la mayor parte de sus proyectos y obras. Entre ellos cabe destacar el edificio de viviendas y bajo comercial Matutano, el edificio comercial Catcisa, el edificio de Financiera Canaria (actual sede central de la Policía Local), los hoteles Las Vegas y Tenerife Playa y la estación de servicio DISA-La Estrella, en Puerto de la Cruz; el edificio Luvic, el edificio de apartamentos en Playa Chica, edificio de apartamentos en Callao Salvaje, la iglesia de San Pío X, el edificio de Coca Cola, el edificio de viviendas de la Autoridad Portuaria, etc. Luis Cabrera falleció en Santa Cruz de Tenerife en 1980, tras más de cuarenta años de actividad profesional. Hoy en día es reconocido como una figura clave en la arquitectura canaria de la segunda mitad del siglo XX.