el charco hondo

Penalti

Si te llamas Leo Messi, ceder suavemente un balón hacia la derecha no genera dificultad alguna; tratándose de un toque habitual, mil veces repetido, hacerlo resulta tremendamente fácil, normal. Si eres Luis Suárez, recorrer poco metros, controlar la pelota y batir por raso al portero tampoco implica una acción compleja. Es el riesgo, no la ejecución, lo que convierte esos movimientos ordinarios en extraordinarios. La excelencia del penalti indirecto, protagonizado por Messi y Suárez, no está en su ejecución sino en el riesgo que asumieron. Se arriesgaron a pagar su atrevimiento, porque si llegan a fallarlo el error los habría dejado en ridículo a ojos del planeta. Se expusieron a un ridículo universal, y no les importó, escribe José Sámano. El valor de lo que hicieron hay que buscarlo ahí, en el desparpajo de quienes lo han ganado absolutamente todo y quisieron arriesgar; como Pedro Sánchez, solo que al revés.

El valor de lo que está haciendo el candidato socialista radica en su incontestable atrevimiento y desparpajo, sí, pero a diferencia de Messi y Suárez el intento del secretario general del PSOE es el de alguien que viéndose con todo perdido quiso arriesgar. En el caso de Sánchez su mérito no está en el riesgo sino en el intento, en la dificultad de la ejecución. Las matemáticas parlamentarias exigían lanzar un penalti a dos, indirecto. Rajoy dejó que lo tirara Sánchez y éste, con la convicción de los que no tienen nada que perder, cedió el balón a la izquierda pero Iglesias se desentendió. La propuesta de Iglesias es inasumible para los socialistas, de ahí que el balón quede sin rematador. Si el IBEX 35 consigue que el PP se abstenga echará a andar un Gobierno de los socialistas con Ciudadanos. Eso o elecciones. El penalti indirecto del secretario general del PSOE puede acabar con el balón muerto en mitad del área, sin delantero que lo controle y tire a puerta. Sánchez siempre ha sabido que podía fallar, pero no le importó.