superconfidencial

El periodismo

1. Con el auge y desarrollo de los periódicos online veo peligro de rollo. Es decir, que en vez de sintetizar las informaciones, los periodistas -al no sufrir problemas de espacio- han alargado sus análisis e, incluso, las noticias. Demasiada paja y poco trigo. Un periodista es bueno o un petardo dependiendo de su capacidad de síntesis. Con más palabras se llega peor al lector. Un artículo no debe pasar del puto folio, excepto en la tercera de ABC, algunos de cuyos autores me enseñaron a mí a escribir. Qué sería del periodismo español sin Ruano, sin Camba, sin Umbral, sin Pedro Rodríguez, sin Raúl del Pozo, este último en la brecha. Ahora cualquiera imparte clases en las facultades de Periodismo. Y así salen los alumnos. Si no hay buenos maestros, si cualquiera está ahí arriba predicando -mal- con su propio ejemplo, ¿qué periodistas tendremos? Para escribir hay que saber burlarse de uno mismo, ser culto, emplear bien la ironía y no pasarse de las 400 palabras. Sigan estas reglas y triunfarán en la profesión.

2. Cándido, Carlos Luis Álvarez, sabía contar una historia en diez líneas en Pueblo. Aguirre Bellver ejercía, en el mismo diario, un magistral periodismo parlamentario ¡en las Cortes franquistas! Don Mariano Daranas hacía prosa poética y enviaba una crónica desde París, sentado en un bar, tras pedir recado de escribir. Antonio Díaz-Cañabate no sólo nos contaba una corrida de toros en ABC, sino que también nos metía en la plaza, en su ambiente, en su colorido. Ha sido el mejor escritor costumbrista que he leído jamás. Y todo en un folio. Esto era y es periodismo; el rollo es una mierda.

3. Ahora cualquiera se cree un analista político y necesita 800 o más palabras para expresarse y, lo peor, para contar obviedades y hacer conjeturas que no conducen a nada. No dejemos que la política y los digitales maten al periodismo, que merece un respeto. Estamos viviendo una gran crisis en la profesión, pero es porque los lectores se aburren con tanta galerada sin contenido y, sobre todo, sin gracia. Y con tanto periodismo partidista. Más aún, se intenta asesinar la memoria de los que fueron grandes, como el propio González-Ruano, escribiendo sobre sus conspiraciones, reales o inventadas, y no sobre sus artículos, magistrales.