Tribuna

Primeros estragos de la incertidumbre política – Por Carmen Tomás

Han pasado dos meses desde las elecciones de diciembre y seguimos sin Gobierno y con más dudas que certezas de que podamos tener uno tras el debate de investidura de Pedro Sánchez. Esta semana las reuniones y sobre todo las declaraciones se han multiplicado, pero nadie se atreve a confirmar si el 3 o el 5 de marzo en segunda vuelta el candidato socialista pueda ser nombrado presidente del Gobierno. Sí sabemos que el PP insiste en que votará no a cualquier fórmula que no pase por un Gobierno de concentración a la europea presidido por Mariano Rajoy. Al menos no moverá ficha hasta ver qué pasa finalmente con la investidura de Sánchez y si éste fracasa qué puede venir después.

Lo que sí sabemos son los efectos que la incertidumbre política está teniendo ya sobre la evolución de la economía española. De momento, la agencia de calificación Moody’s ha rebajado la calificación de la deuda de España de positiva a estable. También sabemos que muchas inversiones están paralizadas, bien a la espera de una solución, bien porque les aterra la posibilidad de que al final haya en España un Gobierno de izquierdas con los radicales de Podemos dentro de él y con mando en plaza.

Los expertos en el sector inmobiliario están también percibiendo que se ha ralentizado el mercado de compraventa de viviendas. Y no digamos ya los desastrosos números que arroja la Bolsa y sus consecuencias sobre los ahorros de los millones de españoles que, bien directamente o a través de fondos de inversión o planes de pensiones, tienen invertidos en el mercado de acciones.

Cierto que esta semana el IBEX acabó en positivo, un 3,4 por ciento. Sin embargo, nadie se atreve a especular con lo que pasará. Los datos macroeconómicos no son muy positivos (la OCDE acaba de rebajar al 3 por ciento el crecimiento mundial) y el precio del petróleo no da signos de estabilidad. Un panorama que hoy sólo nos conduce al pesimismo.