El reverso de la piel

Clavos y tornillos son habituales cuando se exponen muchos pacientes a pruebas radiológicas. El doctor José Ramón Muñiz es uno de los radiólogos del Servicio de Radiología del Hospital Universitario de Canarias. / CEDIDA El rímel y los 'piercings' pueden provocar graves problemas a la hora de realizar pruebas diagnósticas por imagen.
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El doctor José Ramón Muñiz es uno de los radiólogos del Servicio de Radiología del Hospital Universitario de Canarias. / CEDIDA

La estética ha impuesto su particular dictadura en los últimos años, en la medida en la que la publicidad ha situado unos cánones imposibles de cumplir para la mayor parte de los mortales. Sin embargo, muchos se afanan por intentar estar a la altura de esos utópicos modelos que marca la sociedad. Esa necesidad de tatuarse, maquillarse o llenarse el cuerpo de piercings, puede tener graves consecuencias a la hora de realizarse pruebas diagnósticas por imagen, como es el caso de las resonancias magnéticas. De hecho, según confirman los expertos, en torno al 10% de los pacientes que se someten a este tipo de pruebas está en riesgo por presentar alguno de estos elementos estéticos o piezas metálicas fruto de alguna intervención quirúrgica.

Según explica al DIARIO el doctor José Ramón Muñiz, radiólogo del Servicio de Radiología del Hospital Universitario de Canarias (HUC), “los tatuajes pueden afectar cuando se hacen estudios de resonancia magnética, porque la tinta, sobre todo en los colores oscuros, tiene óxido de hierro, y como la resonancia se basa en un campo magnético muy intenso y en ondas de radiofrecuencia, estas pueden hacer que la piel se caliente o inducir corrientes eléctricas si los tatuajes forman círculos”.

Para prevenir esos calentamientos y la consiguiente quemadura, se suele poner una gasa húmeda fría o suero líquido encima del tatuaje. “En la literatura médica están descritas algunas contraindicaciones por la presencia de tatuajes a la hora de hacer pruebas de este tipo, aunque en la mayor parte de los casos lo que se producen son quemaduras leves, que a las 12 horas suelen revertir, producidas por los componentes del óxido de hierro”, recalca el doctor Muñiz, que lleva más de 20 años trabajando en la resonancia magnética. A lo largo de este tiempo ha visto casos de personas con tatuajes que sufrieron dolores, ardor y hasta quemaduras severas, aunque en la mayor parte de los casos simplemente sienten un “cosquilleo eléctrico”.

Algo similar ocurre con el maquillaje, especialmente el rímel, que lleva una gran cantidad de partículas metálicas, lo que produce “distorsiones en la imagen”. “Por ejemplo, si se estudia un ojo con la resonancia magnética y el paciente se ha maquillado, la parte anterior del globo ocular no se puede captar porque el rímel interfiere en la imagen”, denota el radiólogo del HUC.

Junto a los tatuajes y el maquillaje, los piercings son otros elementos que pueden llegar a ser peligrosos para los pacientes que se someten a pruebas diagnósticas por imagen. “En muchos casos no estamos seguros del material del que están hechos, y pueden llegar a desgarrarse o desprenderse cuando se está realizando la prueba radiológica”, relata el doctor José Ramón Muñiz, quien insiste en que si el tatuaje es “ferromagnético”, incluso puede llegar a romper la zona en la que está colocado si no se ha retirado en el momento en el que se está haciendo la resonancia”. Todo lo contrario ocurre con los de titanio o de oro, que no se mueven en el campo magnético”. Por eso, el médico del HUC deja claro que, “hay que quitar los piercings antes de hacer estudios de este tipo”. “Si el artefacto que provoca la inferencia no permite ver la zona que queremos estudiar, hay que repetir la resonancia o la técnica de imagen que sea”, arguye el radiólogo, que recuerda que la resonancia magnética tiene al menos 10.000 veces la fuerza del campo magnético del centro de la tierra. “Es tan fuerte que incluso metales en pequeñas dosis reaccionarán, como un arito, llaves o un clip”, concluye.

Tornillos y placas de última generación
En el Servicio de Radiología del Hospital Universitario de Canarias (HUC) están acostumbrados a ver personas que presentan elementos metálicos en su cuerpo, como prótesis, clavos, etc, que son potencialmente peligrosos a la hora de realizar pruebas como una resonancia magnética. Sin embargo, los avances médicos han permitido que actualmente la mayor parte de estos materiales sean absorbidos por el organismo a partir de las cuatro o seis semanas. Así, “la fuerza del imán es inferior a la del agarre del hueso, por ejemplo en el caso de tornillos y placas que se ponen en el tratamiento de fracturas y roturas de huesos. Lo mismo ocurre con los gifs que se ponen para detener procesos hemorrágicos, que suelen ser de materiales que no se desplazan en el campo magnético”, incide José Ramón Muñiz.