A veces soy humano

Ser o parecer

Ensimismada, una vez más se enfrentaba al mismo y rutinario problema diario. Frente al armario, hábilmente transformado en un pequeño expositor, oteaba, miraba y esperaba una respuesta. Escudriñaba cada estante a ver si algunos de los zapatos allí emparejados le envía una silenciosa e invisible señal indicándole que ése era el elegido. Ya había tomado una decisión sobre el traje con el que saldría ese día a la calle. El vestido esperaba, cómodamente estirado sobre la cama, a que llegara su momento. Aquella mujer, una profesional con amplia experiencia y formación, permanecía allí de pie, indecisa, únicamente vestida con la ropa interior y aireándose el pelo con las manos. La luz indirecta del baño se reflejaba en el pasillo y confería a la escena una estampa casi artística. Lástima que el reloj ya marcara un cierto retraso en la hora habitual de salida.

¿Cómo pueden ser tan decisivos unos zapatos? Seguramente habría mil explicaciones al respecto, pero resultaba evidente que con un mero cálculo de variables prácticas la decisión no debería ser tan complicada. Dejando claro que deberían estar conjugados con el vestido bastaría con resolver algunas dudas: abiertos o cerrados dependiendo del tiempo; una apuesta por la comodidad o por la estética dominante de cada momento; llamativos o funcionales; tacón bajo, semiplanos o para mirar desde las alturas; ¿botas?; ¿tendremos que caminar mucho ese día?; ¿cuándo fue la última vez que me los puse?; un sinfín de preguntas que responder, casi un examen de reválida, a las siete de la mañana.

Resulta innegable que la apariencia es un factor influyente en esta sociedad de la imagen. Nadie discute que, sin ir mucho más allá, se hace necesario proyectar un aspecto cuidado. Desde las marcas de la ropa que utilizamos o cómo conjugamos, de tenerlo, nuestro particular estilo, son elementos que definen a los ojos de los demás quienes parece que somos. Esa autoexigencia se complica mayoritariamente en el caso de las mujeres, a muchas de las cuales se les somete a una dictadura que tiene como norma básica esa obligación de mostrar siempre su mejor cara. Confirmo que algunas y algunos llevan muy bien esa injusta y generalizada forma de evaluación por aquello que aparentamos y no por lo que hacemos. Sin dejar de reconocer también que hay auténticos maestros, hombres y mujeres, que han conseguido disfrazar sus miserias detrás de un bonito vestido o una corbata.

@felixdiazhdez