Santa Cruz

Sin casa y sin soluciones

Guayarmina Rodríguez. / A. G.
Guayarmina Rodríguez. / A. G.

Una casa, en condiciones, las que mismas que no tiene la vivienda que ha tenido que abandonar y que ha sido ocupada de forma irregular, en cuanto salió por la puerta. En silla de ruedas desde que tenía 20 años debido a un accidente y con una niña de 10, Guayarmina Rodríguez es uno de los, desgraciadamente, muchos ejemplos que acumula esta ciudad en materia de vivienda, con el agravante de ser una persona con discapacidad y con una menor a cargo.

Hace seis meses que abandonó su casa, en Añaza, donde Viviendas Municipales le adjudicó una piso, en un bajo, y ya en segunda adjudicación. Las condiciones del inmueble nunca fueron las más adecuadas para vivir, pero era su casa, por la que pagaba 200 euros religiosamente cada mes, además del agua y la luz.

Los primeros desperfectos de la casa, cuenta, los cubrió el seguro pero cuando la vivienda se anegó tras romperse las tuberías, la estancia se hizo si cabe más complicada. Las malas relaciones con una comunidad de vecinos que ella define como conflictiva tampoco la ayudaron. “Me dieron la casa en una segunda adjudicación, y ya venía con humedades y desperfectos que en un primer momento el seguro cubrió pero ya en septiembre del año pasado se derrumbó el techo del baño y parte del salón. Por poco mi niña y yo no lo contamos”, explica.

Entonces Viviendas Municipales le dijo que no cubría el arreglo y de nuevo, después de mucho insistir, el seguro se hizo cargo de unas obras que la obligaban a salir de esta casa. Mientras, “me enfermé de los bronquios debido a la humedad y sufrí una intoxicación por la contaminación del agua, que según los análisis contenía desde excrementos de ratas hasta insectos y residuos de toda clase que me provocaron una sepsis de la que aún me estoy recuperando”. La rotura de las tuberías es lo que provocó la contaminación a lo que se unió a una plaga de cucarachas que la obligó a fumigar con un gasto de 200 euros.

Comunidad
La relación con la comunidad de vecinos fue de mal en peor hasta asegurar Guayarmina que en dos ocasiones le entraron a robar, “cambié las cerraduras pero ya no estaba segura ni en mi propia casa”. Afirma que desde Viviendas le advirtieron que si se iba de la casa antes de que empezara la obra con toda probabilidad le ocuparían la vivienda, pero como cuenta esta vecina, “no iba a poner en riesgo la seguridad de mi hija ni la mía propia y menos con una intoxicación por el mal estado del agua y el riesgo de derrumbe de la casa”.

Un perito evaluó la casa antes de que el seguro se hiciera cargo de la reparación, y según señala la afectada, “le dijo al Ayuntamiento que no era habitable para ninguna persona y mucho menos para una que iba en silla de ruedas”. Hace cinco meses sacó todo de la vivienda y se fue a la espera de que empezara la obra. A las pocas semanas ya habían ocupado la casa y cambiado la cerradura. “Se engancharon ilegalmente y tuve que pagar 300 euros de luz y 80 de agua. Los pagué y di de baja los suministros”, explica la afectada. Ha presentado la correspondiente denuncia en la Policía Local y en el juzgado pero “me dicen que estas cosas van lentas”.

Ahora vive en la casa de su abuela pero ha tenido que alquilar un bajo para poder cuidar de su hija, “la casa de mi abuela está en un segundo sin ascensor por eso los vecinos del edificio me han alquilado un bajo pero solo por seis meses, después tendré que buscar otra cosa”.

Cuando se le pregunta a Guayarmina que necesita del Ayuntamiento tiene claro que no quiere volver a Añaza, “no solo porque la vivienda, de la que tengo todos los informes, es inhabitable, sino porque la mala relación con los vecinos puede llevar a que me agredan”. Asegura que cuando puso su situación en conocimiento de la UTS de zona, lo único que le dijeron es que “ya sabía que el barrio era conflictivo y que la casa era lo que había”. “Solo quiero un cambio de domicilio. Sé que es difícil, pero la situación que he vivido también lo es”, concluyó Guayarmina.

“He ganado salud y tranquilidad”
“He ganado en salud, limpieza y tranquilidad. Ahora solo oigo coches y a mi gente, nada más”. Así define Guayarmina su situación actual, en la Vuelta de los Pájaros. Afirma que su hija ha mejorado sus calificaciones en el colegio y hace más vida de barrio. “Soy consciente de que conseguir una casa en la zona que estoy ahora es difícil pero no me gustaría tener que cambiar a mi hija de colegio, con lo bien que está ahora”. Está dispuesta incluso a pagar un alquiler, siempre que el Ayuntamiento la ayuda, al menos hasta que puedan darle otra casa. Viviendas Municipales le ha suspendido el pago de la cuota de 200 euros mensuales que pagaba por la adjudicación de la casa en Añaza.