el charco hondo

Sombras

Las figurillas jugarán con los rayos de luz para aparentar movimiento. Otra vez, y van seis, el ritual de los efectos ópticos. Otra vez, quince años después, teatralizando. Arriba el telón. Otra vez, y las que quedan, simulando que están en ello cuando lo cierto es que el plan real -su objetivo- es hacer lo que toque para que parezca que están en ello. Vuelve el espectáculo de las sombras chinescas. Otra vez los diputados de la Cámara autonómica interponiéndose entre la superficie parlamentaria y la luz, proyectando a la opinión pública figuras que parezcan querer reformar el sistema electoral de las Islas. Otra vez las siluetas representando, enlazando dedos, discursos y pronunciamientos solemnes para crear las sombras chinescas de una reforma electoral que, como ha ocurrido y volverá a pasar, caminará lenta e imparablemente hasta culminar un giro de 360 grados que lo deje todo como está, volviendo al punto de partida, construyendo argumentos, excusas y coartadas para impedir el cambio que, imprescindible, acabe con la anomalía democrática que tiene al Parlamento de Canarias con humedades. Hay que reformar el sistema electoral canario, claro que sí. Es inaplazable ponerlo al día, actualizarlo.

Otra es la realidad, otros deben ser los criterios. La presencia parlamentaria de las islas menores debe garantizarse, sí, pero el actual equilibrio es absolutamente desequilibrado, hay que introducir otros factores correctores, ponderar de otra forma, explorar otras paridades, poner punto final a un sistema electoral que tiene a un partido con 50.000 votos sin voz, al 83% de los canarios votando el 50% de los escaños y al 17% decidiendo el otro 50%. Es escasamente democrático que Canarias afronte el siglo XXI con su Parlamento representando un archipiélago de finales del siglo XX. Hay que cambiar el sistema electoral. No lo harán, las figurillas se limitarán a jugar con los rayos de luz para aparentar movimiento.