MÚSICA

“Somos dos chicas de barrio que hemos recorrido el mundo cumpliendo un sueño”

Loida (i) y Gara Hernández, hace unos días en Santa Cruz. / ANDRÉS GUTIÉRREZ
Loida (i) y Gara Hernández. / ANDRÉS GUTIÉRREZ

“Nosotras llevamos el Carnaval en la sangre”, afirman las K-Narias, las hermanas gemelas Gara y Loida, con 10 años de carrera musical, camino ya del undécimo, y un palmarés de éxitos en el reguetón y el pop latino que desmiente a quienes pensaban que serían un producto pasajero con la caducidad de una canción de verano. El amor propio y la fuerza de los sueños de niñez de ser artistas las ha mantenido en alto en la peor época de la industria musical, prosperando en un género de hombres casi excluyente, el reguetón, como una rara excepcionalidad.

Consideradas, a su llegada a Nueva York, por los críticos de espectáculos artistas revelación, se disponen en 2016 a un nuevo lanzamiento internacional junto a figuras renombradas, con el reto de que su nueva canción, Traicionero, suene en La Mega neoyorquina o entre en las listas del Billboard, la biblia de los éxitos musicales en Estados Unidos. “Sería una lotería”, afirma el mánager que ha dirigido toda su carrera, Carlos Zerolo, sobre la esperanza de cualquier artista de obtener algún día un Grammy, pero ya las multinacionales de la industria conocen la capacidad de resistencia de las K-Narias durante una década, su mejor aval. En el balance de este decenio figuran canciones millonarias en seguidores en YouTube, como uno de sus temas más veteranos, No te vistas que no vas, hasta el que las ha hecho célebres en los karaokes del mundo hispano: La conocí bailando, una canción que en Spotify, la aplicación de difusión masiva, registra ya 36 millones de reproducciones. Empezaron, precisamente, bailando en la comparsa Los Valleiros, o junto a Paulina Rubio y Carlos Baute, uno de los artistas invitados al Carnaval de Día en esta edición. Y se definen a sí mismas con “alma murguera”: Loida militó en los Triqui-Traquitos y Gara en Las Clóticas. Pero, más aún, como cuenta Gara, el Carnaval les dio la alternativa sobre un escenario para ser lo que hoy son.

-¿Cómo recuerdas ese momento?
“Un año fui candidata a reina y al siguiente, mi hermana y yo, estábamos sobre el escenario de la gala cantando y bailando al inicio de nuestra carrera. Había participado con la fantasía Yo soy el centro del epicentro, de Miguel Ángel Castilla, con el Centro Comercial el Mueble. No salí reina, pero como artistas el Carnaval nos dio suerte”.

-¿Para ustedes fue llegar y besar el santo?
“¡Qué va! No teníamos suerte en los castings, incluso de Operación Triunfo. Éramos bailarinas y cantantes de orquestas. Habíamos bailado en festivales multitudinarios, como Son Latinos, en Arona, ante centenares de miles de personas, y el día que lo hicimos en el Reggaetuning de 2004 en Tenerife caímos de pie. Todo salió redondo. Tuvimos un extraño protagonismo; hasta los de TVE tenían que ver con nosotras porque llevábamos en la camiseta publicidad de Deportes Salud y robábamos mucha pantalla. Al día siguiente, un periódico local nos sacó en primera bailando, en lugar de la estrella, que era Don Omar. Y al bajar del escenario, se acercó a Loida un conocido productor puertorriqueño, Rafael Camacho”.

-¿Qué te dijo? Era el kilómetro cero de una larga carrera.
“Me preguntó que si además de bailar cantábamos y fui avergonzada a buscar a mi hermana. Le cantamos Pero me acuerdo de ti, de Cristina Aguilera, y nos presentó a Carlos Zerolo, el organizador del festival, que quería formar un dúo de chico y chica. Al ser dos hermanas le alterábamos los planes y no parecía convencido, pero quedaron en avisarnos, y como no nos pidieron el teléfono, pensamos que habían querido ligar y que no iban en serio. A los dos días nos localizaron y viajamos a Madrid para hacer una prueba con los productores de Don Omar. Por cierto, pedimos que nos acompañara un amigo, porque no nos fiábamos, y cogimos el primer avión. Todo fue deprisa: en un salón del hotel, con voz mañanera, nos pidieron que cantáramos algo sobre la marcha. Como somos carnavaleras, les cantamos una apertura de Los Mamelucos basada en una canción de Michael Jackson, y un tema de reguetón, y Carlos se convirtió en nuestro representante hasta hoy. Tras muchas vivencias y algunos altibajos como en toda empresa humana, seguimos juntos luchando como el primer día en el mundo de la canción”.

-¿Dónde se incubó el sueño de ser artistas?
“Casi en la cuna. Desde los cinco años llevábamos bailando. A los 12 fuimos a clase de solfeo, canto y guitarra. Y a los 14 ya éramos artistas profesionales, en Sabor Latino, una orquesta de bautizos, bodas y comuniones. Más tarde, con Sarao Latino, hicimos giras por las islas y Galicia. Cuando, en segundo de Bachillerato y Bellas Artes en la Escuela Fernando Estévez, dejamos los estudios por la danza, nuestro padre se enfadó con nosotras casi un año. Él quería que estudiáramos. Pero un día fue a vernos actuar a una terraza de verano y se convenció de que ese era nuestro camino. Ahora está orgulloso de sus hijas y es un llorón, se emociona al vernos, porque sabe lo que hemos luchado”.

¿Trabajaban siendo menores por gusto o necesidad?
“Éramos una familia humilde y en casa no podían atender nuestros gastos. Si queríamos unos tenis Nike teníamos que currar. Aprovechábamos cualquier trabajito, en las tomateras, plantando en los invernaderos, o de dependientas en tiendas, y siempre en las orquestas, que era donde más se ganaba. Nuestro primer caché con 14 años en una orquesta fueron 10.000 pesetas”.

-¿Cuándo consiguieron el primer éxito con una canción?
“Sacamos dos temas con Multitrack: Tú te entregas a mí y Oye mi canto, que enseguida pegó. Canarias ‘oyó nuestro canto’ y nos llamaron de Crónicas Marcianas”.

-Ese bautizo fue sonado por el semidesnudo cromático.
“Queríamos marcar estilo. Somos muy de moda y bellas artes. Y fuimos con trenzas y el torso desnudo pintado, como habíamos visto en el bodypaint del Carnaval de Las Palmas. A Sardá y Boris Izaguirre les encantó y empezamos a ser reconocidas por las calles de Madrid. Ese fue nuestro look en el primer disco, 40 entre las dos”.

-¿Cómo les recibió Puerto Rico, la factoría de reguetón?
“Allí están los grandes productores musicales. Es la antesala de todo. Cuando grabábamos, hubo un aviso de huracán y no podíamos salir del hotel. De repente, vemos en el canal internacional de TVE a Los Sabandeños y nos hartamos de llorar. La canariedad nos salía por los ojos”.

-¿Llamándose K-Narias las han nombrado embajadoras de las Islas?
“No, pero no importa. Somos muy canarias y profetas en nuestra tierra. Llevamos el nombre con orgullo”.

-¿Quién dio con la tecla del nombre?
“No fue un canario, sino un amigo italiano. Teníamos grabado el primer disco, pero no teníamos nombre y no nos gustaba ninguno: ni Las Cangris (las mejores, en la jerga puertorriqueña) ni Las Twins (gemelas en inglés). Y un día, tomando café con un productor italiano, Pino Sagliocco, nos dijo que en la industria del disco ya se hacía referencia a nosotras como las canarias, que por que no nos llamábamos así. Todos nos miramos y se nos iluminó la cara”.

-¿Cómo son las k-narias diez años después?
“Más maduras. Hemos evolucionado como artistas y personas. Jamás pudimos imaginar que íbamos a aprender y vivir tanto con nuestro hobby favorito. Todo comenzó con un gran amor por la música. Un día, José Feliciano nos dijo que siempre tuviéramos presente lo que sentíamos cuando cantábamos al principio, ya que muchos artistas acaban cantando por dinero”.

-¿Y cuál ha sido la mayor enseñanza de estos años?
“Somos dos chicas de barrio que hemos recorrido mundo cumpliendo un sueño y siendo testigos de nuestra época. Lo que importa es cómo reaccionas y hemos cambiado como personas y cantantes. Hoy nos preocupa menos el ego de artista. Queremos triunfar, de acuerdo, pero no basta. También queremos ayudar a los demás. No solo en conciertos benéficos, también de modo privado, sin cámaras. Hemos pasado por tragos muy duros, fans que se nos han muerto de cáncer. A veces, visitas a un fan en un hospital y sabes que ese gesto le hace feliz. Porque nosotras hemos sido también fans de artistas y sabemos lo que se siente. Y cuando te entregas a otras personas te llenas como ser humano. Al principio, nos obsesionaba llegar lejos como artistas. Pero pasan los años y vas adquiriendo conciencia de tu papel en la sociedad. Las K-Narias cantamos y bailamos, pero también somos una plataforma para los demás”.

-¿Qué ideario tienen las K-Narias a la vuelta de los años?
“Tres grandes ideales de amor a las personas, a los animales y a la naturaleza. Nuestros frentes de lucha. Abogamos por la paz y la defensa del medio ambiente, y creemos que muchos problemas se resuelven con amor”.

-Peace and love. ¿No es pecar de ingenuidad ante el calado de los conflictos?
“Amor en la política, ¿por qué no? Mirar por el pueblo es un acto de amor, si cumplen esa premisa. Si no, es que miran por ellos y no por los demás. Necesitamos un cambio y el primero es que nuestros dirigentes se dejen de pelear como niños. Hay una falta de respeto a gran escala. Cada vez hay mayores distancias políticas y religiosas y mayores dificultades para alcanzar acuerdos. Es el mal de nuestro tiempo. Nadie está en posesión de la verdad absoluta. En las parejas, cuando hay amor, se toleran las diferencias, las ideologías y religiones. ¿Por qué en la vida social no? Hay una clara falta de amor colectiva. Sí, la mayor parte de los problemas se resolverían con amor”.

-¿Ser cantantes iconos contra la violencia de género las ha convertido en feministas?
“Nuestra actitud no es revanchista, aunque denunciamos a los hombres con pañales, como el título de nuestro disco. La mujer ha experimentado una evolución positiva, pero aún quedan parcelas, desafíos y diferencias salariales que superar. ‘Todos tenemos que luchar’, dice nuestra canción, luchar por la igualdad. Los extremos son malos. Hombres y mujeres con los mismos derechos, debemos ser iguales”.

-¿Tienen una opinión formada sobre el aborto?
“Hay preguntas que no deberíamos responder, porque son muy personales. Nosotras nos hemos mojado por cuestiones sociales muy politizadas, pero en el aborto hay que respetar la posición de cada cual. Cada mujer debe actuar en conciencia. Preferimos no pronunciarnos”.

-“K-Narias dice No: ¡Mándense a mudar!” ¿Esa campaña contra el petróleo les pasó factura?
“Fue muy polémico en las redes sociales. Somos muy activas en Facebook, con más de 50.000 seguidores, y les explicamos que nuestra defensa del medio ambiente es innegociable. Había un debate en Canarias y había que mojarse, entonces nos hicimos esa foto mostrando las manos manchadas de piche, así como la cara y el pelo, y de fondo una plataforma petrolífera, con esa frase: ‘Mándense a mudar’. Nosotros defendemos a capa y espada el medio ambiente y las energías limpias”.

-¿Qué hubo del spot todavía inédito con Víctor Valdés contra el acoso escolar?
“Lo hicimos, bajo el eslogan Acabemos con esto, para denunciar el bullying, ahora por desgracia de actualidad a raíz de la carta del pequeño Diego en Madrid. Lo grabamos y costeamos, pero falta el apoyo de las televisiones. El making-of se puede ver en YouTube”.

-Murgueras, comparseras. Entonces, ¿son hijas del Carnaval?
“De ahí venimos. La fecha del año que más nos gusta es esta y salir a la calle disfrazadas lo más feas posibles, que es como mejor se vacila. Tenemos una fiesta asombrosa, que trabaja como nadie la ilusión: seis meses ensayando para actuar ante el público. Venimos de actuar en el Carnaval de Avilés (Asturias). El nuestro es un escaparate para los artistas locales, por su tradición musical”.

-¿Cuándo fueron conscientes del peso de la fama?
“En unos Carnavales, al principio, siendo novatas, entramos en un centro comercial de Santa Cruz a comprarnos un disfraz y empezaron a acercarse clientes a pedirnos autógrafos, hasta que llegó un momento que no podíamos movernos y tuvimos que salir escoltadas por los de seguridad. No estábamos preparadas para eso”.

-¿Hace 10 años, con No te vistas que no vas, se les disiparon todas las dudas?
“Es nuestro tema por excelencia. Pertenece a una época en que aún no estaban desarrollados los soportes de reproducción masiva en Internet, pero cosechó tal éxito que todavía nos lo siguen pidiendo y se nos pone la carne de gallina cada vez que lo volvemos a cantar. Lo compuso el puertorriqueño Master Chris y lo grabamos en Puerto Rico en 2005 para el primer disco, 40 entre las dos. Es un tema de desamor, el leitmotiv de nuestro repertorio, cuyo título obedece a lo que nos decían de chicas cuando nos portábamos mal: ‘No te vistas que no vas”.

EN EL PATIO DE LAS CASAS AZULES

Hasta los 12 años, Gara y Loida Hernández Rubio vivieron con el padre, tras separarse el matrimonio cuando las gemelas eran bebés. A ese período en La Cuesta siguió la etapa definitiva de Añaza, al mudarse a vivir con la madre, y se hicieron prosélitas de un barrio genuino de la periferia -se le decía de dudosa reputación- que halló en las hermanas gemelas dos juanasdearco muy mediáticas. Hasta Nueva York, donde vivieron más de un año, llevaron Añaza en el equipaje, y, cada vez que salió el tema, reivindicaron el buen nombre de su feudo tinerfeño, donde de niñas eran conocidas como las enanas del casete. En el patio de las casas azules solían bailar a todo volumen, “y los vecinos, en lugar de llamarnos la atención por la escandalera, salían a la ventana y nos aplaudían”. Era un patio comunal. Añaza arrastraba la leyenda negra de los años conflictivos de roces con la justicia, pero era agua pasada. Quedaba flotando ese baldón. “Y es una etiqueta injusta, porque vives al lado del mar, tienes centros comerciales a mano y hay una gran camaradería en el barrio”. Gara y Loida se reivindican humildes sin ambages y convierten su historia en una parábola: dos chicas de barrio que han tocado el éxito yendo de abajo arriba. Recuerdan de niñas los focos del aeropuerto del Sur que se proyectaban sobre la playa del Confital, donde veraneaban: “Nos imaginábamos que la arena era un escenario y bailábamos bajo las luces como si fuéramos dos grandes artistas”. Lo habían metabolizado con enorme fe desde que a los cinco años el padre las apuntó en clase de baile en el colegio Ángeles Bermejo de La Cuesta. Iban de natación a kárate, dibujo y danza, y esta última fue un flechazo. Vivían con los abuelos y el padre porque estaban mejor económicamente, “entre comillas”, que la madre. “Toño, nuestro padre, trabajaba de perrero, camarero o lo que fuera. Y Lidia, nuestra madre, limpiaba en la Escuela de Náutica. Abrías la nevera y la pobre muchas veces la tenía vacía”. Cuando eran todavía unas crías y actuaban de gogós, ella era “la típica madre que iba acompañando a las hijas y se quedaba dormida en la discoteca esperando”. Ambas, rodeadas de otros tres hermanos, proyectan casarse algún día y ser madres. ¿Y disolverán entonces las K-Narias o seguirán cantando? “Las mujeres tenemos derecho a tener hijos y continuar trabajando”. Si son niñas jugarán con sus madres de muñecas, pues existe el proyecto de sacar una versión infantil de K-Narias de plástico. Y, si la historia se repite, traerán más artistas al mundo, pues “ese gusanillo está en la familia: nuestra prima Guayarmina canta en un coro de góspel y el tío Joaquín es timplista”. ¿Hasta qué punto son iguales o distintas estas hermanas gemelas que dicen no tener secretos entre ellas? Gara -nombre guanche- nació cinco minutos antes y es más controladora; Loida -bíblico- es más relajada y bohemia. Y como se le daban peor las matemáticas, se cambiaban de pupitre y Gara le hacía el examen sin levantar sospechas. Ni su propia madre detectó que le había dado dos veces el biberón a Gara y ninguno a Loida hasta que esta rompió a llorar, y les puso un lazo azul y otro rosa, respectivamente. Sus actuales colores favoritos. También se hacían trastadas pueriles entre ellas, se quitaban momentáneamente los novios, por ejemplo, cuando una de las dos estaba enferma. Hoy Loida tiene novio y Gara no. Pero ya no se disputan la misma pareja. Y tampoco comparten todos los hobbies: Loida pinta piedras; Gara se ha aficionado a la gastronomía. Cuando conocieron a Azúcar Moreno comprobaron que entre hermanas siempre hay una que habla más que la otra. En este caso es Gara la que suele actuar de portavoz. No ha sido una historia corriente la de estas k-narias que hablan con una fácil familiaridad de otros países, donde triunfan y hacen amigos. “Colombia para nosotros es como Añaza en mayúsculas; nos quieren y apoyan como si estuviéramos en casa. Dentro de un mes volveremos allí de gira y será como un reencuentro”. No, no es una historia frecuente. Dos mujeres por esos mundos de Dios no lo han debido de tener fácil, y, sin embargo, cuentan su experiencia quitándole hierro. Una vez en América se vieron envueltas en una situación incómoda. Habían acudido a cumplir un compromiso profesional y se alojaron en casa de unas amigas de su anfitrión. “Empezaron a pasar cosas raras, veíamos que ellas no nos dejaban nunca a solas y que trataban de retenernos. Llegamos a preocuparnos, porque no sabíamos qué estaba pasando, qué pretendían. Hasta el último momento, cuando quisimos salir del país, nos estuvieron entreteniendo en el coche como para que perdiéramos el avión y por suerte logramos salir de aquella situación embarazosa. ¿Cómo? Con la sabiduría que te da este oficio para tratar a la gente”.

-¿Cómo les va a las K-Narias, tras la crisis del disco, con las nuevas tecnologías de difusión?
“Hay canciones sin ninguna promoción que se ganan rápidamente su sitio, como Salsa con reggaetón. En toda España y países como México o Colombia tararean con nosotras ‘canaria soy, traigo salsa con reguetón’. Pero, qué duda cabe, que nuestra colaboración con el Dr. Bellido, La conocí bailando, es la que más arrasa en las redes, con 36 millones de reproducciones en Spotify, la famosa aplicación de difusión en continuo”.

-¿Grabar con Feliciano, la mítica estrella latina de todos los tiempos, les marcó en el terreno personal?
“Con José Feliciano grabamos Un pedacito de Navidad en Mallorca, y se completó en Nueva York y Tenerife. Fue un encuentro entrañable, una gran experiencia humana inolvidable. Es una persona que lleva su condición de invidente con mucho sentido del humor. Sigue siendo alguien humilde. Los artistas más grandes, los consagrados, suelen serlo, y a veces los que están empezando se creen estrellas del rock. Pasa en todas las facetas. Uno de los canarios que más admiramos es Pedrito, no siendo futboleras, porque ha sabido luchar por sus sueños con humildad y trabajo, como nosotras, sin olvidar de dónde viene. Nosotras venimos de un barrio humilde como Añaza y hemos hecho realidad nuestros sueños. Algunos al principio nos decían que seríamos flor de un día, el efecto de una canción de verano. ¿Quién tiene derecho a decir eso? Si crees en ti, debes prepararte para oír cosas como ‘tú no sirves para eso’. ‘Si crees en los sueños, ellos se crearán’, dice Albert Espinosa. La mayor torta a tus detractores es demostrarles que eres capaz de durar. Hay gente a la que le molesta la felicidad de los demás, y deben darnos compasión. Nadie te toca en la puerta y te dice, ‘toma tu éxito’. Hay que currárselo”.

-¿Cómo encajaron vivir lejos de Añaza, en Nueva York?
“Nunca lo podremos olvidar. Habíamos firmado un contrato con la discográfica Ubo y no paramos de movernos por todo el país en 2006-2007: Chicago, San Francisco, Los Ángeles, Dallas, Miami… Trabajamos mucho. Hicimos amigos latinos, que fueron como nuestra familia. Por eso nunca aprendimos bien el inglés y ahora estamos estudiándolo en serio. Con ellos conocimos el Nueva York profundo. Nos metíamos en fiestas casi clandestinas en casas desconocidas donde en cada habitación sonaba una música diferente. Ese Nueva York underground de Brooklyn que hemos visto en algunas películas. Sin embargo, a nosotras Nueva York nos pareció una ciudad segura. Íbamos sin problemas a hacernos las trenzas con las negras del Bronx. Debutamos en el Madison Square Garden, en un concierto increíble con los grandes del reguetón. Éramos las únicas mujeres. Y cantamos en la legendaria Mansión Playboy”.

-¿Cuándo se les abrieron las puertas cerradas al reguetón?
“Cuando vieron que éramos mujeres defendiendo a mujeres y que nuestro repertorio era reivindicativo frente al hombre dominante. Al principio es verdad que los medios nos censuraban los videoclips alegando que la temática era machista. Fueron inicios duros, de restricción. Es que hay que acordarse de que en España hubo un boicot al reguetón”.

-Con ustedes ha crecido una generación y surge otra que viene detrás.
“Es cierto. Hemos visto crecer a niños de cinco años que hoy son adolescentes. Ya tenemos una generación que se ha hecho adulta escuchando y bailando nuestras canciones. Y hay un público infantil estupendo que nace de la etapa en que presentamos en la TVC el programa matinal Chiquito club. El título del disco Cuando seas grande, lo entenderás nos lo decía nuestro padre”.

-¿Por qué las llamaban las enanas del casete?
“Porque siempre íbamos con nuestro casete a cuestas para cantar y bailar en el barrio, el colegio, el instituto… El otro día -cuenta Loida- me encontré a mi profesora de Lengua, del instituto, y me dijo que se acordaba de cuando me enfadé porque no me dejó cantar en clase”.

-Algunos enfatizan las chicas de Añaza con segundas.
“Y da rabia. Aunque nacimos en La Cuesta nos identificamos con Añaza, adonde fuimos un día con 12 años junto a nuestra madre. No hay derecho a que se siga hablando de Añaza despectivamente, cuando del barrio han salido artistas, deportistas y gente muy válida. La modelo internacional Joana Sanz, novia del futbolista Dani Alves, es de Añaza. La piscina municipal del barrio lleva el nombre de Dácil Cabrera, nadadora paralímpica de élite mundial. Una vez, nos discutían el caché de una actuación, y cuando nuestro representante les recordó nuestra trayectoria dijeron, ‘bueno, sí, y vienen de Añaza’. Es triste ese estigma”.

-Ahora Loida es morena y Gara rubia. ¿Cuándo se saltaron la ortodoxa gemela?
“En el quinto disco, Yes we are (donde hay una colaboración con Jerry Rivera), ya dejamos de ser iguales, cada una con su identidad. Loida pasó a ser pelirroja y Gara lucía mechas californianas. Somos camaleónicas, transgresoras y sexys, sin llegar a lo vulgar”.

-En 2016 vuelven de lleno al reguetón, como si retornaran a los orígenes del fenómeno K-Narias.
“Estamos ahora mismo regrabando con Olga Tañón (dos veces ganadora del Premio Grammy y tres del Grammy Latino) y otros artistas sorpresa, nuestro nuevo tema, Traicionero, de Pedro Pérez, y ultimamos el lanzamiento nacional e internacional. Volvemos al reguetón de lleno porque nos apetecía y a petición de nuestros fans, que son incondicionales. Ellos nos están siempre proponiendo ideas, como ir a Eurovisión. Como lo de hacer cine o lanzar una línea de moda. Son cosas que están ahí. Todos los años, tras nuestro cumpleaños, solemos hacer una quedada con los presidentes de los clubes de fans. Nos vamos al monte en Tenerife y Gran Canaria”.

-¿Y organizan una chuletada?
“No, somos vegetarianas; en esos encuentros, cada cual come lo que le apetece. Hace tres años nos impactó un documental sobre el sufrimiento de los animales sacrificados para el consumo humano y nos hicimos vegetarianas. Así ayudamos a la naturaleza, al medio ambiente, a los animales y a nuestra salud”.

-¿Les ha sentado bien el cambio de dieta?
“A mí, en particular -responde Gara-, me gustar correr y hago running. El año pasado corrí en Tenerife en el InfinityXtrem, de 12 kilómetros, más natación y obstáculos militares. Dicen que los vegetarianos no aguantamos ese trote. Muchos abandonaron, pero yo completé la carrera. Las noticias sobre carnes procesadas y cáncer no dejan de ser preocupantes”.

-¿Se obsesionan con el físico?
“Puedo decir -continúa Gara- que me pasó un cosa muy desagradable. A los 16 años, además de bailar y cantar, soñaba con ser modelo profesional de pasarela y fotografía. Una vez, en un shooting, donde me probaba la ropa para un pase, veo que ninguna me servía, y le pregunto a la diseñadora si tenía otra talla. Entonces, me dijo que no era su problema si la modelo estaba gorda. Entré en una crisis de bulimia que me duró años. Comía y vomitaba. Y con ayuda de médicos y psicólogos lo superé, aunque permanece latente toda la vida. Por suerte, no he vuelto a tener los síntomas. Soy una persona más segura. Pero desde entonces sé bien el daño que puede hacer un comentario desafortunado. Después ha habido todo un debate sobre las modelos con curvas”.

-¿Han pensado tirar la toalla?
“No una, ni dos, sino muchas veces, pero nunca en serio. Espiritual y humanamente, encuentras mucha maldad y competencia insana en este mundillo. Nosotras no competimos con nadie, porque el mundo es tan grande y hay tantas personas en él que hay gente para todos los gustos. Cada persona tiene un don. No hay que imitar, sino ser lo que cada uno es. Estás todo el día luchando para conseguir que tus canciones suenen. Y es agotador. Pero hemos aprendido a tener paciencia. Nunca sabes cuándo te va a ir bien. No tienes un sueldo, dependes del éxito. Psicológicamente, ser cantante no es estable”.

-¿Han sabido ahorrar?
“Somos chicas precavidas, pensamos en el día de mañana. Acabamos de comprarnos una casa con dos plantas, cada una en la suya”.

-¿Han corrido peligro alguna vez?
“En México DF, durante una actuación en 2009, se produjo un terremoto, tembló todo, pero por fortuna no hubo víctimas ni daños y pudimos seguir cantando”.

-¿Cuánto aman a Canarias las K-Narias?
“Con locura. Somos más canarias que el gofio”.