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Títeres

No es una casualidad que históricamente el anarquismo desplegara su mayor actividad y adquiriera su mayor relevancia en el sur de Europa y, concretamente, en España. El anarquismo ibérico triunfó en este país, en donde protagonizó desde asesinatos de presidentes del Gobierno hasta actos terroristas varios, porque respondía a los caracteres de una sociedad desarticulada y guerracivilista como la española; porque conectaba con el sentir antisistema, revolucionario y radical de una parte de esta sociedad. En el bando republicano de nuestra última guerra civil los anarquistas tuvieron un protagonismo a veces superior al de socialistas y comunistas, con los que generaron multitud de enfrentamientos, y, en el colmo de la incongruencia, llegaron a tener ministros. En la actualidad, con el apoyo de los socialistas, los antisistema, herederos del viejo anarquismo, ahora con tintes leninistas, están gobernando o apoyando a los Gobiernos socialistas en multitud de municipios, en Comunidades Autónomas y en grandes capitales españolas. Y es posible que, con el apoyo socialista, lleguen a gobernar España. Y si llegan a gobernar España con el apoyo socialista desmentirán a tanto ingenuo y a tanto interesado que no paran de afirmar que el PSOE es un partido socialdemócrata.

No, el PSOE contiene una fracción -o una sensibilidad- socialdemócrata, minoritaria y postergada desde los tiempos de Rodríguez Zapatero, pero sus actuales dirigentes, comenzando por Pedro Sánchez, no lo son. Por exigencias de la socialdemocracia alemana, que lo financiaba, el partido renunció al marxismo a finales de los años setenta del pasado siglo, por lo que hasta esa fecha no era socialdemócrata por definición. Y después, un sector importante -y decisorio- de sus dirigentes y militantes nunca ha asumido esa renuncia ideológica. Tal circunstancia explica sus pactos con los antisistema, su odio visceral y frentista al Partido Popular y su comportamiento contrario a los usos democráticos, negándose siquiera a hablar de la posibilidad de negociar algún punto de encuentro postelectoral con los casi siete millones y medio de votantes de ese partido.

Todo lo anterior explica el intolerable asunto de los titiriteros anarquistas contratados por el grupo gobernante del Ayuntamiento de Madrid, grupo que apoyan e integran los socialistas. En un espectáculo infantil, los títeres representaron el ahorcamiento de un juez, el asesinato de un policía y la violación de una monja, todo ello aderezado con una pancarta a favor del terrorismo yihadista y etarra, al que la alcaldesa madrileña, Manuela Carmena, denomina “movimiento político”. Solo faltaba la quema de conventos y el asesinato de algún fraile para reproducir lo que les esperaba a los católicos en el bando republicano de la última guerra civil. Y lo peor de todo es que la Justicia española está tan politizada y tan ajena al Derecho, que los titiriteros terminaron en la cárcel -con protestas de los de siempre- porque les tocó un determinado juez de la Audiencia Nacional. Ahora han sido excarcelados a petición de la Fiscalía. Por su parte, en lugar de asumir sus responsabilidades políticas y dimitir -o ser dimitida-, la concejala madrileña de Cultura se ha limitado a cesar a algún empleado auxiliar que participó en la contratación del lamentable espectáculo. No es de extrañar: la misma concejala es la responsable de la ignorancia y la desinformación con la que se está aplicando la Ley de Memoria Histórica en el callejero de Madrid, con unas supresiones disparatadas de nombres de personas que no tuvieron nada que ver con el franquismo, que han sido confundidas con otras o que no pudieron cometer los hechos que se le atribuyen.

El triunfo electoral de Podemos y sus grupos asociados responde a que han sabido conectar con el sector revolucionario y radical de la sociedad española, un importante sector que, según hemos descubierto con sorpresa, incluye componentes insospechados, desde generales hasta jueces. Un sector al que le parece insuficiente el radicalismo del PSOE, y un sector que ha privado a este partido de su cómoda posición de monopolizador de la izquierda, con el subalterno acompañamiento de los comunistas y demás compañeros de viaje de Izquierda Unida. Sin olvidar su pretendida legitimidad moral de enemigos irreconciliables de la derecha. El problema de lo socialistas es que los de Podemos han venido para quedarse, y en sucesivas elecciones pueden ganar apoyo electoral para seguir desplazándoles. El presidente socialista de Castilla-La Mancha, uno de los llamados barones territoriales, acaba de pactar con ellos los presupuestos comunitarios, a cambio de intentar suprimir la financiación de los servicios religiosos -católicos- de los hospitales públicos y de congelar e iniciar la supresión de las subvenciones a los colegios concertados, católicos en su mayoría. De nuevo la vieja obsesión antirreligiosa de la izquierda española.

La auténtica contraposición política relevante se da hoy en día en España entre el sistema y los antisistema, no entre la izquierda y la derecha del sistema. Alguien -Izquierda Unida, por ejemplo- debería explicárselo al Partido Socialista y a sus líderes antes de que Podemos los convierta en títeres de su guiñol.