cuadernos de áfrica

Tócala otra vez, legionario

Quien me conoce sabe que soy euroescéptico convencido. La Unión Europea me parece un lupanar donde la moral es la ramera estrella de la carta. Un engendro insostenible que apenas logra tener un discurso común y cuya capacidad de reacción se ve superada por cualquier contratiempo. ¿Cómo vamos a pretender que tenga entonces una política ya no común, sino coherente de cara a África?

El vil abandono a Túnez y su bravo intento en descoser el estricto corsé social en forma de paternalismo y religión-estado, apenas tiene nuestro respaldo. En Libia se catalizó irresponsablemente el derrocamiento de Gadafi y ahora es un Estado a la deriva que hierve en el integrismo a una hora en avión de Italia; por no hablar del no sé ni me interesa en lo relativo al Sahara occidental. Los genocidios de Ruanda y la operación Turquoise o las guerras civiles de Liberia y Sierra Leona, vienen a reforzar la catastrófica política de Bruselas.

Las generaciones se relevan y las nuevas, cocidas en el caldo de la amnesia [histórica] y la ignorancia, desconocen los pasados coloniales y por ende la responsabilidad ética para con quien se explotó y aún en lo económico se tutela. Enviar tropas a África es algo costoso y poco popular en términos electoralistas; razón por la que nadie discute las acciones unilaterales de Francia en sus fincas africanas del Congo, Mali o Níger. Bendita legión extranjera que [nos] lo “soluciona” todo ahí abajo; y es que siempre nos quedará París y un amoral… “tócala otra vez, legionario”.

La intervención en Libia reflejó cómo el coste de las acciones militares se reparten en función del PIB de cada socio. Alemania huye de las aventuras externas pues soporta la mayor inversión a cambio de sus poco relevantes intereses comerciales en África; su compromiso con Namibia, única ex colonia efectiva, es más simbólico que real. El Reino Unido mirará para Washington e Italia no quiere saber nada ni de Libia y mucho menos de Etiopía o Somalia. Francia es el único actor que abiertamente acepta el gasto militar, pues de ello dependen sus enormes intereses comerciales y mineros desde Marruecos a Madagascar; y nos queda España, que ni está ni se le espera pues ni Gobierno hay…

*CENTRO DE ESTUDIOS AFRICANOS DE LA ULL
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