el charco hondo

Mañana

Quedarse quieto, dejarlo estar, es sencillo; eso está tirado, lo difícil, y divertido, es avanzar, cambiar y, sobre todo, atreverse. Hay que imaginar. Hay que crear y creérselo. Apostar. Innovar. Poner el reloj, y a este papel, en hora. Un periódico debe huir del entrecomillado, de imágenes o frases epidérmicas, de una fugaz descripción de la actualidad. Lo sustancial de este iceberg no es lo que se ve, sino lo que esconde bajo el agua. Es ahí donde hay que mirar, en sus entrañas. Cuando un lector del siglo digital llega al quiosco ya conoce qué, quién y cuándo, de ahí que merezca, y así será, que le contemos los porqués. El nuevo Diario de Avisos se los va a contar, y lo hará revolucionando continente y contenidos. En apenas unas horas nace un periódico. Con ciento veinticinco años a sus espaldas, la refundación del Diario abre un tiempo distinto. En horas arranca una forma diferente, no ya de contar las cosas, sino de explicarlas; una manera distinta, atractiva y mejor de asomarse a la realidad que pisamos. Hay quienes auguran que el papel tiene los días contados. No es el caso de los periódicos de proximidad, no el del Diario de Avisos, que abre una ventana de papel a lo más cercano y otra, digital, a la que se asoman cientos de miles de lectores globales.

El papel no ha muerto, lo que desfallece es la prensa que no busca los ángulos o las perspectivas que las noticias esconden, la que renuncia a las pequeñas historias que construyen el relato del que formamos parte. No es un problema de soporte, sino de contenidos. Era necesario dar el salto, se dijo y se hace. Quienes durante décadas hicieron el Diario han hecho posible el nuevo Diario. En apenas unas horas, mañana, en el quiosco, arranca un periódico tan responsable como atrevido. Avanzar. Cambiar. Quedarse quieto es fácil, pero aburrido. En horas nacerá el nuevo Diario de Avisos. Sorprenderá. Hay que crear y creer. Hay que atreverse. Gustará.