El dardo

Otegui, en libertad

A su salida de la cárcel de Logroño, Arnaldo Otegui fue recibido como un héroe por los veteranos dirigentes de Batasuna y por sus nuevos amigos de la CUP catalana. Unos y otros ensalzan a este antiguo terrorista, a quien un inane Zapatero calificó de “hombre de paz” tras considerarlo intermediario y valido de ETA para propiciar las “conversaciones de paz” con su enviado especial, Jesús Eguiguren. En la misma línea de apoyo a este indecente personaje, Pablo Iglesias lo considera preso político, su liberación la ve como “una buena noticia para los demócratas” y añade que “nadie debería ir a la cárcel por sus ideas”. La particular visión de la democracia que tiene el líder de Podemos, y su bajeza moral a la hora de interpretar ciertos acontecimientos desde su abyecta radicalización ideológica, le hacen olvidar que el leninista Otegui estuvo condenado no por sus ideas, sino por enaltecimiento del terrorismo y por tratar de reconstruir la ilegalizada Batasuna, según sentencias de la Audiencia Nacional y el Tribunal Supremo. Además, Otegui -lo ha recordado el ex ministro Bono- fue encarcelado por formar parte del comando que secuestró a Luis Abaitúa, director que fue de Michelín en Vitoria, participó en el del diputado del PP Javier Rupérez y pegó un tiro en la pierna al también parlamentario popular Gabriel Cisneros, uno de los padres de la Constitución del 78, en su fracasado rapto. En estas circunstancias, aludir a él en términos elogiosos como hizo Iglesias suscitó la repugnancia y condena de casi todos los grupos políticos, que le recordaron sus amistades con regímenes que violan los derechos humanos, casos de Venezuela e Irán. Antiguo portavoz de HB y actual secretario general de la formación proetarra Sortu, se dice que, pese a estar inhabilitado políticamente por sentencia firme hasta febrero de 2021, puede ser designado candidato a lehendakari por el partido proetarra Bildu en las elecciones autonómicas vascas de finales de año. Este viejo militante de ETA siempre estuvo con los verdugos, nunca con las víctimas, y jamás condenó ni uno solo de los crímenes de la organización terrorista a la que perteneció, ni pidió perdón por sus propias acciones criminales. A este indeseable es al que pondera el comunista Pablo Iglesias. Sobran las palabras.