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Diario de Avisos
Santa Cruz
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Hay lugares a los que se acudía en el pasado y a los que luego se van espaciando las visitas o se deja de ir, no por nada en concreto, sino por nuevas circunstancias , pero a los que, pasado el tiempo, se redescubren con el placer del reencuentro y de 'hacer nuevo' mucho de lo ya conocido antes.
Así sucede con "La Posada", situada en la calle Méndez Núñez 61, esquina a San Fernando, cerca de la Iglesia de San José. El sitio ha sido siempre muy frecuentado por los aficionados a la buena mesa, porque allí estuvo "La Masía", que fue un restaurante de referencia en Santa Cruz hace unos lustros, y luego, ya con doce años, el actual que citamos hoy, dirigido por su propia cocinera, Isabel Rodríguez.
"La Posada" se titula una tasca en el sentido clásico del término, sólo que adecentada y con comodidades que la acercan más a un restaurante. Por ejemplo, no hay manteles, pero si una buena cristalería para los vinos. Se pueden picar raciones, pero también ir a un menú con más enjundia, como un bacalao encebollado al horno, un solomillo al cabrales y los apetecibles platos de huevos o de cuchara.
El estilo es de cocina asturiana, pero también toca otros 'palos'. Por ejemplo, un jamón obérico recomendable, que, cosa infrecuente, no es pasado por máquina o ejecutado con saña por un carnicero, sino bien cortado a cuchillo. Y tiene un apartado fundamental, que son los huevos, que tanto agradece el comensal y que tan poco le gustan hacer a los cocineros y servir en los restaurantes, salvo que sean vestidos de cosas caras como trufas o caviar. Aquí no, aquí los sirven 'rotos', con morcilla de Burgos, con pimientos o con pistas, o en uno de los mejores platos de la cocina española, que es con jamón ibérico (que para que resulte soberbio hay que realizar despreciando por un día la dietética, es decir, con el tocino del corte del jamón, pasado ligeramente por una sartén, vuelta y vuelta unos segundos, retirándolo tan pronto alcanza una semitransparencia característica, algo que en el buen jamón es rápido, porque el punto de fusión de su grasa es muy bajo).
Se ofrece una fondue borgoñona, es decir, de carne, que quizás es de lo más flojo en la carta. No por la carne, que es buena, sino por las salsas, que probablemente necesitan más calidad y más variedad. Pero tampoco es que se trate de una especialidad de la casa, por lo que se puede obviar.
Son interesantes las cazuelas, tanto la 'ropavieja' como la fabada, -¡faltaría más, en un lugar que se proclama asturiano!-pasando por los callos,. Hay diversos fritos, como unas croquetas de jamón muy afamadas. Todos los días tienen unas sugerencias del día, con verduras y cremas y, claro está, ensaladas.
Tratándose de una tasca-restaurante, está bien de vinos. El que se ofrece de la casa es un rioja "Martínez Bujanda", de muy buena relación calidad-precio. Los postres son caseros. Personal agradable en el trato. Cierra los lunes y abre de martes a domingo en horario corrido, de 12'30 a 24 horas. Admite reserva.
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