Lluis Villarejo (EFE) Leipzig
España inicia hoy un nuevo ciclo en la historia de su selección con su debut en un Mundial ante Ucrania, un rival serio, sólido y capitaneado por Shevchenko que va a servir a Luis Aragonés, el técnico español, para intentar de una vez por todas entrar en el club de los que ganan. O al menos, como dice él, a acercarse a aquellos que están siempre en la cima.
España aparece en el escenario con un once que suena a revolución. Sólo Iker Casillas, Puyol y Xavi jugaron en 2002 en Corea y Japón. Con dos futbolistas -Pernía y Senna- inéditos hasta la fecha en un partido oficial. Y con el esqueleto habitual del pasillo de seguridad de Luis en el banquillo -Albelda y Raúl-. Luis Aragonés apuesta fuerte y hoy renunciará a las bandas. En parte porque ni Joaquín ni Reyes le acaban de convencer. Y porque detrás de ellos no ha habido ningún futbolista en la Liga española que eche la puerta abajo y haya sido capaz de llamar a la puerta del Mundial.
Luis modificaría su pizarra con Joaquín y Reyes si el partido se le pone cuesta arriba. Ha cambiado el seleccionador el guión. Protege la zona de creación, con futbolistas como Xabi Alonso, iniciando el juego tal y como lo hace en el Liverpool con Rafa Benítez, escoltado por Xavi y Senna. Quiere Luis fluidez, rapidez en la circulación y llegada con gol. Fernando Torres, Luis García y Villa son los elegidos para jugar en punta. Será un 4-3-3, donde los dos laterales, Sergio Ramos y Pernía, deben imitar a Cafú y a Roberto Carlos en la selección brasileña.
Una selección, en suma, muy joven. Con hambre, eso sí. Y con alternativas para afrontar un libreto nuevo tras el descanso. Luis estará muy atento a la evolución de Xavi Hernández. Juega su primer partido con presión máxima de titular tras su grave lesión de rodilla. Le han desaparecido los dolores. Luis le ha dado confianza. Le ha puesto a su disposición a todos los fisioterapeutas del equipo nacional. Le ha hecho sentirse importante en definitiva. Y Xavi lo sabe. Le quiere devolver la confianza ilimitada que ha puesto en él para subirse al carro del Mundial. Xavi no tuvo suerte en el último evento de selección. En la Eurocopa de Portugal, en 2004, Iñaki Sáez lo convocó, pero el azulgrana acudió de turismo. No jugó un solo minuto. Y Xavi regresó a Barcelona desencantado.
Dos años después Xavi tiene su oportunidad. Si no aguantara el ritmo de una tarde que se prevé sofocante por el calor, en el banquillo sobran recambios. Cesc e Iniesta, por su perfil, y Albelda por si hiciera falta, están en la recámara. España se presenta en sociedad en el Mundial. Y quiere imitar a las grandes. A las de siempre. Los internacionales de Aragonés no han salido estos días de su hotel. Han visto la mayor parte de los partidos. Y han espiado a Alemania, a Argentina, a Inglaterra, a Italia. Todos estos equipos que en algún momento han ganado un Mundial han pasado con nota su primer partido. Todos han cumplido. Y suman ya tres puntos. No perdonan los buenos.
|