Intercam...
Zerolo acababa de llegar por los pelos a la alcaldía, un tal Román Rodríguez era director general del SCS (por aquel entonces ni se le había pasado por el bigote llegar a presidente de Canarias) y Adán Martín empezaba, con Melchior de lugarteniente, otro mandato el tercero- al frente del Cabildo.
Cuando se proyectó el intercambiador que hoy se inaugura (o no, vaya usted a saber), Ana Botella se entretenía cambiándole el papel a los dormitorios de La Moncloa y faltaban dos mundiales para ganarle a Ucrania -una potencia, como se sabe-. Nadie conocía la cara de Zapatero, y tampoco la de Letizia Ortiz. Han pasado tantas cosas desde que se proyectó el intercambiador que los recuerdos de aquellos años se desdibujan. Si habrá pasado tiempo, que apenas se veían teléfonos móviles; muy al contrario, los raros eran los hijos de vecino que tenían uno. Eran otros tiempos. Años en los que, inexplicablemente, la Isla sobrevivía sin el talento de tanto personajillo como ha desembarcado en la cosa política de entonces a esta parte. Cuando se redactó el intercambiador que si no hay sorpresas se inaugurará hoy, todos incluídos los inaugurantes- eran más jóvenes, más altos.
Teníamos el pelo más oscuro o sencillamente teníamos algo de pelo. Hemos crecido una barbaridad durante todos estos años. No ya calóricamente -que también-, sino en población. Somos bastantes más que antes. Somos tantos que vayamos donde vayamos nos encontramos con un montón de gente por todas partes, a todas horas, todos los días. Somos entre 110.000 y 120.000 coches entrando a Santa Cruz a diario; y, al parecer, son 1.426 plazas que permitirán unas 3.000 operaciones en el intercambiador que hoy, con no se sabe ya cuánto retraso sobre el horario previsto, abre sus puertas a una realidad que no es la misma que se intuía cuando se proyectó (con tal cantidad de coches, las cuentas no salen). Hoy, si es que durante la noche no caen en que se les olvidó algo, ponen en marcha una instalación que pretende dar respuesta a un parque que en la capital ronda los 85.000 coches. Tanto han tardado en abrirlo que es muy posible que la infraestructura haya envejecido prematuramente. Hay razones para pensar que la realidad de 2006 ha dejado pequeño un intercambiador pensado hace tanto, tanto, que a Ana Oramas ni se le había pasado por la cabeza ser alcaldesa de La Laguna.