ALBERTO GRIÑÉN
¿Condescendientes?
Letras, letras, muchas letras, reunidas, entrelazadas, para formar oraciones, y expresar ideas, pensamientos, ilusiones y tristezas; magia y realidad; sueños y fantasías. Escribir sobre los últimos fenómenos editoriales, cinematográficos, o cibernéticos sería aburrido y reiterativo. Son muchos ya los expertos que han sentenciado a favor o en contra de las excelencias o calamidades de: Harry Potter, El Código da Vinci, o el Testamento de Judas, por citar algunos.
Sería conveniente que la aceptación del público a estas producciones sea analizada e interpretada, o quizás leída entre líneas, de por qué se han convertido en una atrayente opción: ¿a un vacío interior?, ¿a una búsqueda?, ¿a una llamada de auxilio?, ¿a posibles interrogantes existenciales?...
Deduzco, y es evidente, que aprender de la historia es una asignatura impensable ante tanto intelectual innovador que afirma que todo lo que está sucediendo es pasajero y coyuntural. Que no existen fundamentos para la preocupación. Pero la realidad nos demuestra que la situación es más grave de lo que queremos reconocer, y lo intentaré inferir con algunos razonamientos.
Las instituciones de referencia como la política, la ciencia, la economía, la religión,
continúan presentes a modo de meros figurantes. Ejecutan las funciones atribuidas y guardan una digna compostura para justificar su escalafón y su presupuesta trascendencia en la sociedad mundial. Pero la realidad desvela, incluso al más ingenuo y romántico, que están agotadas, esquilmadas y sostenidas para salvaguardar estrictamente la ficticia circunspección mundial.
De la política, baste decir que no existe, sencillamente se ha convertido en un macabro juego de ironías y componendas para crear espejismos. La ciencia avanza, pero está amordazada desde hace décadas, tamizándose exclusivamente lo que resultará más rentable. La economía ha superado a cualquier malabarismo imaginado, siendo capaz de crear una estructura sostenida entre alfileres que se cimbrean entre alzas y descensos convenientemente calculados para una máxima rentabilidad.
La religión tiene picos extremos y peligros; difuminándose su inmanente y trascendente misión de fortín espiritual; forjadora de seres humanos íntegros, solidarios, consecuentes
, enamorados de la creación, de la vida, de la justicia y con disposición para intentar terminar con este frenético y alocado sinsentido de guerras, hambrunas, devastación ambiental; manipuladas rivalidades raciales; descomunales enriquecimientos de tan sólo unos pocos y la degradación, explotación y miseria cada vez más extendida en un mundo supuestamente más avanzado y conocedor experimentado de los caminos hacia la maquillada aniquilación de muchos en beneficio de unos pocos.
De película, de libro, de ciberjuego, da lo mismo, la representación continúa, la sumisión aumenta, el conformismo justificado triunfa. Mientras, esperamos condescendientes al siguiente acontecimiento que aporte algo de vitalidad a nuestra existencia y así continuar participando de este maravilloso mundo en el que vivimos.
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