LA OROTAVA
El Tíbet deja su huella en el Corpus villero
Monjes budistas del sur de la India elaboran el mandala de La Compasión en la plaza del Ayuntamiento de La Orotava
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| Los monjes iniciaron ayer la elaboración del ’mandala’, que ocupará una pequeña parte de la alfombra. / M. Pérez |
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Fran Domínguez La Orotava
Las ’pinturas de tierras’ como símbolo de unión de culturas. La plaza del Ayuntamiento de La Orotava asiste estos días a uno de los momentos históricos del alfombrismo local. Por primera vez, el magno tapiz del Corpus Christi de la Villa deja espacio para otras manifestaciones similares que se realizan en otras partes del mundo. Desde ayer, un grupo de cinco monjes tibetanos, procedentes en su mayoría de un monasterio del sur de la India, elabora en una esquina de la plaza uno de sus característicos ’mandalas’.
La delegación asiática, encabezada por el director de la Casa del Tíbet en Barcelona, Thubten Wangchen, ha sido invitada por el Ayuntamiento villero a participar en el encuentro internacional sobre el arte efímero de las alfombras que se celebra la próxima semana en el municipio. El Tíbet tiene en común con La Orotava la elaboración de tapices a partir de tierras naturales, tradición que también comparte la nación navaja, cuyos representantes al final no han venido a la Isla. La presencia de los monjes en la plaza causó ayer una gran expectación. Los tibetanos realizaron un ritual antes de comenzar a confeccionar el ’mandala’, que estará dedicado a La Compasión. "Los mandalas tienen un valor espiritual. Es un arte sagrado, donde también utilizamos muchos colores. Representan una energía positiva para desarrollar nuestro corazón. Hay muchos `mandalas’, pero en esta ocasión nos hemos decantado por el de La Compasión, porque se trata de un valor que necesitamos mucho en estos momentos en el mundo", recalca Thubten Wangchen.
Los monjes budistas tardarán entre tres y cinco días en completar el ’mandala’, una composición circular en la que utilizan seis colores principales y varias tonalidades, y que elaboran en el suelo sobre un soporte de madera. El hecho de que no ’pinten’ directamente sobre el pavimento se debe a una cuestión de pureza y de respeto a un "arte sagrado". Otra de las peculiaridades es que la arena del ’mandala’, una vez éste ha sido terminado, se tiene que recoger y tirar a un río o al mar. Por tal motivo, la composición no se destruirá tras la procesión del Corpus Christi, el próximo jueves. "Estamos muy contentos de estar aquí. Vamos a unificar de manera espiritual dos culturas", enfatiza Thubten Wangchen.
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