Niega cualquier vínculo con su actividad y confiesa que pensó que le quedaba poco de vida
Diario de Avisos
Santa Cruz
El abogado barcelonés Esteve Ferrer Valencia, que ayer fue apaleado y secuestrado por dos hombres armados, negó que la agresión tenga relación con su actividad laboral, lo atribuyó a un robo "que le podría haber pasado a cualquiera" y confesó: "pensé que me quedaba poco de vida".
Esteve Ferrer salió del hospital y convalece en su casa de Corbera de Llobregat (Barcelona) con la cabeza y un ojo vendado, fractura de algunos dedos, un brazo en cabestrillo y magulladuras y hematomas por todo el cuerpo.
En declaraciones a Efe-Tv, el abogado, que recordó cómo se enfrentó en la madrugada del domingo en Martorell (Barcelona) a dos presuntos ladrones que le propinaron una paliza, lo secuestraron durante dos horas y le robaron su automóvil, pidió que se dote con más medios a las Fuerzas del Orden para atajar la ola de robos violentos "que afectan a todos".
Los atracadores, tras dispararle dos veces con una pistola de aire comprimido y propinarle una paliza, lo ocultaron en el maletero de su propio coche, un Hyunday Coupé.
"Cuando les dije que iba a avisar a la policía, se violentaron mucho, me dieron golpes por todo el cuerpo, especialmente en la cabeza, caí al suelo y no sé ni cómo me di cuenta de que estaba dentro del maletero", comentó el abogado, sentado y dolorido en un sillón de su casa.
La víctima recordó que durante media hora o tres cuartos el coche estuvo circulando a buena velocidad, por una carretera buena y sin curvas. "Calculo que haríamos 30 ó 40 kilómetros, luego un tramo de carros porque el coche botaba bastante, hasta que pararon, dejaron el motor en marcha mientras manipulaban algo", explicó.
Al sacarle del maletero, el abogado fingió estar semiinconsciente con la intención de que no lo golpearan más. "Me echaron agua para despertarme -agregó- y me pedían dinero 'si no te matamos, si llamas a la policía te matamos', me repetían". "Sentía que se me acababa la vida, que me quedaba poco de vida", susurró el abogado, que sintió alivio cuando vio que le dejaban tirado tras arrebatarle la camisa, el reloj, los zapatos. "Me cogieron por los pies y las manos -detalló-, me tiraron a un lado y se fueron a toda velocidad".
"Estaba mareado y esperé cinco minutos hasta comprobar que se habían ido, a unos 200 metros vi una carretera y acudí a pedir auxilio, pero ningún coche paró, así que llegué a una casa con un gran portal de hierro y llamé al interfono".
Agradecimiento
El secuestrado quiso agradecer su ayuda a la mujer que lo atendió por el interfono "a la que no vi, porque no bajó a abrirme y lo comprendo por la hora que era" sobre las 03.40 horas de la madrugada, pero que llamó a la Guardia Civil.
"Supongo que he sido una víctima escogida totalmente al azar y esta paliza no tiene nada que ver con mi profesión porque yo no atiendo asuntos penales, ni estoy en el turno de oficio", señaló el abogado.
"Las Fuerzas de Seguridad del Estado trabajan bien, pero no pueden hacer más, por eso quiero protestar para que los que mandan les doten de más patrullas y más medios y que en vez de tanta seguridad en la carretera con el carné por puntos, nos den más seguridad en la calle", reclamó.
"Porque no se trata de casos aislados, con cualquiera que hables, la misma Policía te dice que es a diario, porque me podían haber robado el coche sin necesidad de recurrir a esta violencia que se ha puesto de moda. Hay que tomar medidas serias", concluyó.
Su esposa, Neus Paricio, también comentó a Efe los momentos de miedo y nervios que sintió cuando vio la tardanza de su marido que no regresaba de aparcar el coche temió "lo peor".
"Psíquicamente espero que se le vaya pasando. Es una cosa que no se puede explicar. Fue horroroso. Y espero que la Justicia haga algo para arreglar estos maltratos y robos, que es que no se puede ir por ningún sitio, es criminal todo esto, no tiene explicación", lamentó.
Mientras tanto, la Guardia Civil investiga el suceso y trata de localizar, en colaboración con las otras fuerzas policiales, el coche robado para intentar detener a los autores de la brutal paliza y el secuestro.