VIRGINIA MORA FEBRES*
Humanos o robots
Cada vez es más frecuente encontrarnos en la consulta, y fuera de ella, a personas cuya capacidad para hablar de lo que sienten, de lo que significan sus emociones o de quiénes son auténticamente se encuentra anulada, mitigada o muy empobrecida.
Las máscaras que encubren esta incapacidad pueden tener diferentes ropajes, como el querer intelectualizar y racionalizar todo lo que ocurre, o sumergir a la persona en una frenética carrera de realización de muchas actividades; de esa forma no hay tiempo posible para pensar o sentir, también lo podemos ver mucho más dramáticamente en aquellas personas que se conectan a la realidad, básicamente a través del ordenador (los hikkimoris); o simplemente aquellos que son adictos a la televisión. En general, en todos estos personajes, existe una carencia de vínculos afectivos profundos, y es como si hubieran perdido el contacto con su propia subjetividad.
El término subjetivo, según el Diccionario de la Real Academia, significa perteneciente o relativo al sujeto, en oposición al mundo externo. Psicológicamente hablando, quiere decir lo que nos caracteriza. Implicaría todos nuestros rasgos personales, tanto afectivos como intelectuales, que van a influir en el modo de ver, pensar y sentir de una persona, y le dan a ésta su carácter de singularidad. Gracias a ésta podemos interpretar el mundo y situarnos frente a nosotros mismos con los demás.
Todo este camino se va desarrollando en una urdimbre que tiene que ver con un proceso propio, que se realiza desde que somos muy pequeños, donde se van ligando las experiencias afectivas y dolorosas, que conforman la historia psíquica de una persona.
Sin embargo, la subjetividad conlleva no sólo el cómo se han dado las experiencias particulares para cada persona, sino también el cómo se van entrelazando con el inconsciente; por eso, podemos entender porque dos personas, con vidas aparentemente semejantes o paralelas, pueden tener un punto de vista completamente diferente frente a una misma situación.
Tal vez el hombre actual esté un poco empobrecido psíquicamente, o des-subjetivizado, entre otras cosas, pues muchas veces en esta época tan tecnológica, nos encontramos con que no hay mucha cabida para los problemas del inconsciente, para el lugar de nuestra propia subjetividad, sino que lo que se favorece es una "supuesta normalidad", donde lo que resulta es un sujeto robot que hace, dice o piensa las cosas que se "esperan de él", en un afán por pertenecer a una uniformidad, pero a costa de perder lo genuino.
En cierta oportunidad le preguntaron a Freud qué pensaba que una persona normal debía ser capaz de hacer para vivir bien. Probablemente, el que preguntaba esperaba un discurso o respuesta muy complicada, y Freud simplemente contestó: Lieben und arbeiten, o sea amar y trabajar. Creo que vale la pena reflexionar sobre esta sencilla respuesta que se va haciendo más profunda mientras más se la piensa, pues sigue teniendo plena vigencia en esta sociedad que puede resultar muy alienante. El psicoanálisis busca liberar estas capacidades en cada persona, haciendo que ésta pueda realizarlas sin perder su singularidad, su subjetividad.
* Virginia Mora Febres es psicóloga y psicoanalista.
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