JUAN CARLOS DíAZ LORENZO
SANTA CRUZ DE LA PALMA
En el transcurso de 1935, ante el curso de los acontecimientos, el presidente de la República, Alcalá Zamora, puso fin al "bienio negro" protagonizado por la coalición gubernamental del Partido Radical de Alejandro Lerroux y la CEDA de Gil Robles y disolvió las Cortes. Se cerraba así un período de gran inestabilidad gubernamental, marcado por una política contrarreformista y reaccionaria al gobierno anterior (1931-1933).
El freno a las reformas provocó episodios de agitación sociopolítica. En octubre de 1934, tres ministros de la CEDA entraron en el Gobierno y la izquierda creyó que Gil Robles pretendía eliminar la República por medios legales. Los socialistas convocaron una huelga general para el 5 de octubre, que fracasó excepto en Asturias, donde la alianza obrera de socialistas, comunistas y anarquistas tomó el poder y desencadenó una revolución social. Mientras tanto, en Cataluña, Lluis Companys proclamó desde el balcón de la Generalitat, un día después, el Estado Catalán dentro de la República Federal Española, por lo que sería detenido y encarcelado.
Gil Robles asumió la cartera del Ministerio de la Guerra. El desprestigio de los lerrouxistas por el afloramiento de varios escándalos, entre ellos el relacionado con la concesión de permisos para un tipo de ruleta llamado "estraperlo", hizo caer al Gobierno. Lerroux y el Partido Radical se hundieron. Gil Robles reclamó la presidencia del Consejo, pero Alcalá Zamora, que temía tanto una dictadura de derechas como una revolución de izquierdas, eligió para jefe de gobierno a un centrista, Manuel Portela Valladares, que no pudo con el caos en que se encontraba el país y presentó al presidente de la República el decreto de disolución de las Cortes. El 7 de enero de 1936 convocó elecciones para el 16 de febrero siguiente.
Cuando llegó la hora de afrontar el proceso, los monárquicos pusieron trabas para renovar la alianza de 1933 con la CEDA. En algunas circunscripciones, Renovación Española incluso se presentó contra la propia CEDA y en otros casos amplió su espacio con liberales afines que se habían mantenido al margen en 1933. Para ello organizó el llamado Frente Nacional o de Orden, cuya estrategia consistió en una agresiva campaña electoral presentándose como la única alternativa de defensa ante una inevitable revolución bolchevique. La Falange quedó fuera porque no hubo entendimiento entre Primo de Rivera y Gil Robles.
Entre estas dos formaciones se contaban los diferentes partidos de centro. Entre ellos estaban el Partido Radical de Lerroux, la Lliga, los progresistas (partidarios de Alcalá Zamora) y el nuevo Partido del Centro de Manuel Portela Valladares, así como el PNV, que aún dudaba en unirse más claramente con derechas o izquierdas.
La derecha realizó un enorme esfuerzo de propaganda. Carteles inmensos, en los que el retrato de Gil Robles ilustraba sus consignas, aparecieron por todo el país. El propio Gil Robles llevó a cabo una campaña de extraordinaria virulencia verbal en la que insultó y amenazó al adversario, y dio a entender claramente que su victoria significaría el final de la República.
La izquierda se agrupó para hacer frente al desafío de la derecha. El 15 de enero de 1936, los partidos republicanos de izquierda, la Unión Republicana de Martínez Barrio y la Izquierda Republicana de Azaña, firmaron con el Partido Socialista, el Partido Sindicalista de Ángel Pestaña, el Partido Comunista y el POUM, el pacto del Frente Popular, que fijó el programa de la coalición electoral constituida con esta denominación.
En un programa liberal que se mantenía dentro de un marco burgués y excluía expresamente las reivindicaciones socialistas de nacionalización de las tierras y de los bancos y del control obrero de la industria, el Frente Popular encontró un gran apoyo y permitió una verdadera movilización popular: amnistía total para los insurrectos de 1934, y la reintegración, con indemnización, de todos los trabajadores expulsados de su trabajo. La intención de liberar a los obreros todavía encarcelados y la aprobación de su gesto revolucionario, hizo que los seguidores de Largo Caballero y el POUM -soporte de la Alianza Obrera- justificaran su adhesión al Frente Popular. Esta estrategia explicó el voto casi unánime de los obreros en favor de un programa y también justificó el cambio de actitud de los anarquistas.
La larga campaña electoral comenzó el 4 de enero y se convirtió en una de las más duras de la historia política de España. España acudió a las urnas el 16 de febrero. Unos 34.000 guardias civiles y 17.000 guardias de asalto garantizaron el orden. Los resultados se conocieron el 20 de febrero. De 13.553.710 electores censados, votaron 9.683.335, con una participación del 71,4 %. El Frente Popular obtuvo 4.654.505 votos (34,3 %), el Frente Nacional logró 4.503.505 (33,2 %) y los partidos de centro y los vascos, 525.714 votos (5,4 %).
El Frente Popular obtuvo una ajustada victoria. El entusiasmo de sus partidarios fue ilimitado. Una gran multitud se dirigió al Ministerio de la Gobernación en Madrid pidiendo ¡amnistía!. Un partido por encima de todos había experimentado un mayor crecimiento. Se trataba del Partido Comunista de España (PCE), nacido tras una escisión del PSOE en 1920. En abril de 1931, cuando se proclamó la Segunda República, contaba con unos 3.000 militantes. En 1933 obtuvo su primer representante en Cortes y en las elecciones de febrero de 1936 logró 14 diputados.
Los socialistas se negaron a formar parte del nuevo gobierno, otorgándole un apoyo débil. Los políticos republicanos quedaron irremisiblemente atrapados entre el pánico de los conservadores y las nuevas esperanzas de la clase trabajadora. Las huelgas y las invasiones de tierras aumentaron y los conflictos sociales y laborales amenazaban más que nunca el orden constitucional.
Con Gil Robles caído en desgracia, las esperanzas de la España conservadora se centraban ahora en un nuevo y carismático líder, José Calvo Sotelo.
Para un número creciente de partidarios de la derecha, y tal y como había ocurrido antes con la izquierda, el juego parlamentario había resultado un grave desengaño. Unos 15.000 militantes de las juventudes de la CEDA abandonaron el partido y se unieron a un movimiento más combativo, la Falange Española, fundada por José Antonio Primo de Rivera en 1933.
En 1934, junto a Ramiro Ledesma y Onésimo Redondo, fundadores de las JONS (Juntas Ofensivas Nacional Sindicalistas), había negociado su fusión con la Falange. El nuevo partido, Falange Española y de las JONS, empezó a existir el 13 de febrero de 1934 adoptando el símbolo del yugo y las flechas. Sin embargo, la Falange fue siempre un partido minoritario hasta el extremo de que al concurrir en solitario a las elecciones de 1936 se quedó fuera del arco parlamentario y no obtuvo escaño. En marzo de 1936, ante la creciente espiral de violencia impulsada por la Falange, José Antonio Primo de Rivera, privado de inmunidad parlamentaria, fue detenido y las oficinas de Falange clausuradas. Aún así, la violencia callejera, las revueltas y los crímenes políticos siguieron en aumento por ambos bandos.
Manuel Azaña fue nombrado presidente del Gobierno del Frente Popular el 19 de febrero de 1936. El 7 de abril se produjo la destitución de Niceto Alcalá Zamora como presidente de la República. En medio de una crisis de gobierno, Manuel Azaña dimitió y sustituyó a Alcalá Zamora el 10 de mayo. Dos días después formó nuevo gobierno el dirigente de Izquierda Republicana, Santiago Casares Quiroga.
En La Palma
Al igual que sucedió en el resto del país, la campaña electoral en La Palma también alcanzó un tono tenso y enconado. Republicanos, socialistas y comunistas llegaron a un acuerdo para formar parte de la coalición del Frente Popular. El semanario Espartaco hizo un llamamiento para que el pueblo votase la candidatura que pretendía rescatar la democracia por la que luchaban. En apenas cinco años, la izquierda palmera había sextuplicado su fuerza electoral.
El sector de izquierdas del Partido Republicano Palmero había constituido Izquierda Republicana en 1934. Entre las figuras más destacadas figuraban Pelayo Díaz Cabrera, nacido en Venezuela e hijo de palmeros, lo mismo que su hermano Diógenes, cónsul “ad honorem” de la República de Venezuela en la isla. El 30 de junio de 1936 se eligió la nueva junta de Izquierda Republicana en Santa Cruz de La Palma, formada por José Valcárcel Hernández (presidente), Tomás Yanes Rodríguez (vicepresidente), Pelayo Díaz Cabrera (secretario), Carlos Manuel Rodríguez Sánchez (vicesecretario), Gabriel Sosa Armas (tesorero), Emilio Rodríguez Santiago (contador) y los vocales Francisco Concepción Pérez, Basilio Galván Lorenzo y Arsenio Concepción Hernández.
Después de la derrota en los comicios de febrero de 1936, los republicanos de Alonso Pérez Díaz formaron Unión Republicana, el partido liderado por Diego Martínez Barrio. En esa condición participaron junto con Izquierda Republicana (IR), PSOE, PCE, Juventud Republicana y los distintos gremios obreros, en la manifestación popular del 14 de abril, aniversario de la República, organizada por el Ayuntamiento de Santa Cruz de La Palma. Con sus banderas y estandartes, enarbolando al frente de la comitiva la bandera nacional, desfilaron por las calles O’ Daly y Pérez de Brito hasta la Alameda, acompañados por la banda de música La Victoria. Alonso Pérez Díaz compartió la tribuna de oradores con los comunistas José Miguel Pérez e Ismael Hernández y los socialistas Pedro Mendoza y Miguel Medina.
En febrero de 1936, el Partido Republicano Palmero (PRP) tenía la mayoría absoluta en diez de los 14 municipios de la Isla. Entre las figuras más destacadas de la época estaban Juan Martín Pérez, republicano, alcalde de Santa Cruz de La Palma; Francisco Rodríguez Betancor (PSOE), alcalde de Los Llanos de Aridane; y Crispiniano de Paz (Izquierda Republicana), alcalde de San Andrés y Sauces.
El 24 de marzo, el presidente del Partido Socialista, Pedro Mendoza Santos, asumió la presidencia de la comisión gestora del Cabildo Insular, así como su puesto de concejal en la corporación municipal de Santa Cruz de La Palma. De la primera corporación formaban parte, entre otros, los señores Pérez Casañas, Martín Lorenzo, Batista Medina y Duque Fernández. El vicepresidente del Cabildo era el alcalde de Breña Baja, Manuel Castañeda Pérez, de Izquierda Republicana.
El 12 de mayo arribó al puerto palmero una agrupación naval de la Marina de Guerra, formada por nueve buques. El primero en recalar fue el crucero Méndez Núñez, que fondeó en la bahía al resguardo del Risco de la Concepción, dando la popa a la playa de Bajamar. Tras él entró el primer destructor, José Luis Díez, en el que embarcó el práctico Tomás Yanes Rodríguez -que dirigió todas las maniobras- y atracó estribor al muelle. Abarloados a éste le siguieron los destructores Churruca, Alcalá Galiano, Almirante Ferrándiz, Almirante Valdés y Almirante Antequera. Por falta de línea de atraque también fondearon, a estribor del crucero Méndez Núñez, los destructores Lepanto y Sánchez Barcáiztegui.
La banda de música La Victoria acudió al recibimiento en el muelle, que presidió el titular del Cabildo Insular, Pedro Mendoza Santos. DIARIO DE AVISOS destacó la presencia de los barcos de guerra y comentó los paseos al campo de sus dotaciones y el encuentro de los oficiales para tomar el té en los salones del hotel “Florida”.
El delegado del Gobierno, Tomás Yanes Rodríguez, había relevado en el cargo a Manuel Rodríguez Acosta, destacado comerciante de la isla con sede en la capital palmera.
El 26 de abril se efectuaron las elecciones a compromisarios para la elección del nuevo presidente de la República, de las que salieron elegidos José Miguel Pérez (Partido Comunista), por La Palma; Manuel González Pérez (IR), alcalde de La Orotava y Lucio Illada Quintero (PSOE), por Tenerife; y Juan Rodríguez Doreste (PSOE), Rafael E. Roca (PCE) y Fernando Álvarez Astorga (PSOE), por Las Palmas. A éstos acompañaron en el viaje a Madrid el poeta gomero Pedro García Cabrera (PSOE) y el palmero Sixto Massieu González, presidente de la Agrupación Octubre de Santa Cruz de La Palma. Manuel Azaña fue elegido presidente el 8 de mayo.
En un ambiente de gran tensión social, en el que la izquierda optó por una postura claramente revolucionaria, se produjeron enfrentamientos violentos entre milicias socialistas y grupos falangistas y se forjó la conspiración militar contra el gobierno del Frente Popular. La derecha se sintió gravemente amenazada y pensó que estaba a las puertas de la revolución. En la trama política figuraban, entre otros, Gil Robles, Calvo Sotelo y José Antonio Primo de Rivera. Se habían hecho contactos con Mussolini y entre los militares de más alto rango implicados figuraban los generales Franco, Goded, Fanjul, Varela y Mola. Este último se encontraba en Pamplona y actuaba como director del golpe.
Los acontecimientos habrían de precipitarse en las semanas siguientes. El 12 de julio se produjo el asesinato de un oficial de la Guardia de Asalto, el teniente José Castillo, que tuvo respuesta, esa misma madrugada, con el asesinato del destacado político de derechas y ex ministro José Calvo Sotelo. Casares Quiroga, que se había mostrado tibio pese a las continuas advertencias de las organizaciones obreras, presenció el 17 de julio el alzamiento militar contra el Gobierno de la República.