Los habitantes de Santa Cruz se despiertan, en la madrugada del 22 de julio de 1797 con la presencia en sus aguas de tres navíos, tres fragatas, un cúter, una bombarda y otro pequeño barco, así como 39 lanchas, 23 en dirección al Valle de Bufadero y 16 con rumbo al muelle de Santa Cruz.
El general Gutiérrez ordena que suene la alarma y los botes viran hacia sus buques, pero a las 10 de la mañana las lanchas remolcan a las tres fragatas hasta que fondean en las cercanías del Valle de Bufadero, fuera del alcance de los cañones de la plaza. Los botes continúan hacia tierra y desembarcan 1.200 hombres que se apoderan de una colina inmediata.
El general Gutiérrez estudia los movimientos del enemigo y formula estas dos hipótesis sobre las intenciones de los ingleses:
- Adueñarse de las alturas que dominan Paso Alto.
- Proteger el desembarco de otras tropas durante la noche, apoderarse de las alturas y caminos interiores que conducen a la plaza y combinar un ataque por el frente y la espalda.
Para impedir la primera hipótesis dispone que se ocupe el risco de Altura por cuatro partidas, que totalizan 165 hombres, 40 de ellos franceses, a las órdenes todos del coronel del Regimiento de Abona. Coronan la cima con endiablada rapidez, sin dar tiempo a los ingleses de alcanzar las alturas de La Jurada.
Al ver que los británicos se dirigen al mismo lugar, el citado coronel, marqués de la Fuente de Las Palmas, pide ayuda al general Gutiérrez. Le envía 4 cañones y 16 artilleros. 20 milicianos del Regimiento de La Laguna suben los cañones a hombros con una increíble rapidez. Trepan por el escarpado cerro no sólo con los cañones, sino también con las municiones y repuestos. ¡Increíble! Para hacer frente a la segunda hipótesis, ordena que se ocupen los desfiladeros por donde los ingleses podrían penetrar en el interior de la isla. Un acierto de Gutiérrez que obligó a retirarse a los ingleses a sus navíos y a Nelson a preparar otra maniobra. |