Luis Marqueli, ingeniero militar, contribuyó a la gloriosa defensa de Santa Cruz de Tenerife
Fue un hombre que suscitó grandes adhesiones, pero también enemistades sonadas
Luis Marqueli, ingeniero militar, en el retrato expuesto en el Museo Militar de Almeida. / DA
   
     
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José Manuel Padilla
Santa Cruz



En 1797 contribuyó, como es notorio, a la gloriosa defensa de la Plaza de Santa Cruz". Así reza la anotación en la hoja de Servicios de don Luis Marqueli Bontempo, mariscal de campo, perteneciente al Real Cuerpo de Ingenieros de Su Majestad. Los cronistas de la Gesta del 25 de Julio, no todos con el mismo entusiasmo, confirman su presencia en el castillo de San Cristóbal, en aquella noche en que el general Gutiérrez se enfrentaba nada menos que con el que se había convertido en un héroe de leyenda, el audaz y hasta entonces invicto contralmirante Nelson.

Marqueli, coronel entonces, era el de mayor antigüedad en las Islas; por lo tanto, al que hubiese correspondido el mando en caso de causar baja el general, lo que hubiese podido ocurrir durante la valerosa, aunque temeraria, salida que hizo para visitar la batería del muelle, después de haberse oído la voz de "¡lanchas al muelle". No era un recién llegado, llevaba en Tenerife ocho años, pero antes, había estado durante otros seis. De los 77 años que vivió, 33 residió en Canarias y aquí se casó con una canaria. Su presencia se hizo sentir en las Islas, a lo largo de todos esos años, hasta que por edad y estado de salud, tuvo, muy a pesar suyo, que dejar su cargo de director subinspector de Ingenieros en 1813.

El retrato que está expuesto en el Museo Militar de Almeida, e ilustra este artículo, nos muestra a Luis Marqueli con uniforme de mariscal de campo, máximo grado que alcanzó. Este cuadro es muy singular, pues quien posó fue una de sus hijas, con la que guardaba un asombroso parecido. Con esto y un pequeño medallón de cuando era teniente y tenía 23 años, tuvo que arreglarse el pintor, porque Marqueli había muerto muchos años antes. El resultado, al parecer, fue muy bueno, porque su hija se deshizo en lágrimas, al ver el cuadro terminado, y comprobar la gran fidelidad a la figura de su padre.

El caso es que el retrato nos permite ver una imagen del personaje que se corresponde, y mucho, con la personalidad de Luis Marqueli. El cuadro nos presenta un noble y enérgico rostro, con una mirada que denota un carácter orgulloso. Los duros pliegues de sus labios nos sugieren un hombre acostumbrado a imponer su voluntad. Su gesto, serio y adusto, no expresa, sin embargo, crueldad ni mala intención, sino una intolerancia incapaz de transigir en nada ni por nadie. Esta intransigencia le trajo no pocos problemas a lo largo de su vida.

Marqueli era de esos hombres, que, apoyados en sus indudables cualidades, despiertan grandes entusiasmos, pero también sus defectos les acarrean grandes rechazos. Entre los primeros se encontraba Domingo Vicente Marrero, alcalde de Santa Cruz, que en 1797 opinaba así de él: "¡Qué gloriosa fuera esta isla si poseyera muchos jefes como Marqueli!".

A la fidelidad de su Rey y amor a la cuna que les ha dado el ser, todo se desprecia sin temor, como nos ha enseñado nuestro compatriota el sabio y prudente Marqueli hombre digno de nuestro elogio y siéntase quien quisiere pues esta es la verdad bien acreditada".

Este comentario viene a cuento de lo ocurrido al día siguiente del secuestro de la corbeta francesa ’La Mutine’. Marqueli esperó, a las ocho de la mañana, a que llegara a la reja del castillo el capitán de Artillería Eduardo y a grandes voces le recriminó su desidia, por la cual no se habían encontrado las llaves de los arcones y sin mechas las baterías no pudieron hacer fuego. Las voces eran tan grandes que el propio general Gutiérrez le ordenó que entrara en el castillo para no hacer pública aquella reprensión. Así era Marqueli, no pasaba por movimiento mal hecho.

Dentro del Real Cuerpo de Ingenieros, Marqueli gozaba de un gran prestigio. Su participación en la guerra de Portugal y en el sitio de Gibraltar, sus trabajos de ingeniería en Ceuta, Alicante o Cartagena le habían dado fama de ser un gran ingeniero militar. Francisco Sabatini, el famoso Sabatini, el de la Puerta de Alcalá, entonces director general del Cuerpo, lo destacaba entre otros coroneles, en un informe al Rey.

"Y aunque todos son acreedores a la gracia de V. M. lo es con preferencia Don Luis Marqueli".

Años más tarde, cuando ya era general, la Junta Consultiva de Generales lo elogiaba ante Fernando VII

"Este Oficial General, decano del Real Cuerpo de Ingenieros, con su ilustración, ha proporcionado a las Islas Canarias salubridad y hermosura y comodidad a sus calles por medio de obras proyectadas por Marqueli".

La labor que Marqueli desarrolló, a lo largo de los treinta años en que trabajó para las Islas, fue una labor ingente, participó proyectando y dirigiendo, o bien supervisando, en todas la obras públicas, civiles o militares, que se ejecutaron en las islas durante esos años, sin embargo su nombre no va unido a ninguna obra singular, estuvo siempre a la sombra de los comandantes generales,y no tuvo la suerte, que tuvieron Sempere con la torre de La Concepción o Amat de Tortosa con la Alameda.

Pero también estaban,los otros, los de los grandes rechazos. En Mayo de 1797, el coronel jefe de la Artillería de Canarias, don Marcelo Estranio, especialmente enfrentado con Marqueli, se queja airadamente al comandante general, de sus intromisiones en asuntos que consideraba eran de la sola competencia de su Arma:

"Que su critica que tengo entendido ha hecho carece,como las demás razones de su oficio, de todo fundamento, y de aquí tendrá V. E. en conocimiento de las resultas que trae mezclarse a hablar los extraños en asuntos de otro Cuerpo".

Se refiere Estranio a un escrito que Marqueli había dirigido al Comandante general criticando sus decisiones y proponiendo, incluso, mandar personalmente una batería, la del muelle, por ser la más avanzada y expuesta y considerarla puesto de más honor.

Mucho más adelante en 1808, cuando Marqueli era ya mariscal de campo, la Junta Suprema de Canarias se dirige al Rey, en queja de su comportamiento:

"Los procedimientos del Mariscal de Campo D. Luis Marqueli, Director Subinspector de Ingenieros en estas islas, la implicancia de sus opiniones, sus desavenencias con el Mariscal de Campo D. Carlos O’Donnell Gobernador y Comandante General de esta Provincia, sus sarcasmos y temerarias conversaciones contra la Junta Suprema y su inobediencia a las órdenes de la misma autoridad,manifiestan claramente la índole y genial carácter de este general y merecen sin duda la alta atención de S. M".
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