Sueño africano, pesadilla europea
Europa se enfrenta sin una política común a la ingente llegada por mar de inmigrantes indocumentados desde África
Canarias ha recibido en lo que va de año cerca de 12.500 inmigrantes frente a los 4.715 que arribaron durante todo el año 2005. / EFE-DA
   
     
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La ‘buena estrella’ de poder llegar a España
Todos los destinos son peligrosos. Coger una patera para recorrer Marruecos-Almería, un cayuco para hacer Senegal-Tenerife o una embarcación para llegar desde Libia a Italia o desde Eritrea a Malta es un viaje que nace de la más profunda desesperación. África se mueve hacia Europa desde países tan lejanos como Gambia, Costa de Marfil, Malí, Pakistán, Ginea Bissau, Marruecos, Ghana, Sudán, Camerún o Mauritania, por citar algunos.
Canarias contabiliza en lo que va de año quince inmigrantes muertos, aunque esta cifra es ínfima en comparación con los que el mar esconde. Estimaciones hechas por Cruz Roja Internacional hablan de que cuatro de cada diez barcas no logran su objetivo y naufragan. Otras fuentes, como el Parlamento Europeo (PE), consideran que hasta un 50% de los que lo intentan mueren en el camino.
Para los que lo consiguen, parece que España sigue siendo una de las mejores opciones. El hecho de que Lampedusa y Malta tengan 431.000 y 5.500 habitantes y hayan recibido 1.822 y 14.500 africanos durante el año 2005, respectivamente, hace tambalear el repetido argumento de las “oleadas de subsaharianos” en nuestro país.
Canarias con cerca de dos millones de habitantes o Andalucía con más de siete millones tiene que tener, en principio, menos problemas para gestionar un flujo migratorio por vía marítima de 13.000 y 3.000 personas.
Las condiciones y calidad de los centros de retención españoles son también muy superiores a las de Malta y Lampedusa. En ese sentido, la Comisión de Libertades Civiles, Justicia y Asuntos de Interior del PE ha visitado las diferentes instalaciones que existen en zonas como Malta, Lampedusa, Francia y España.
Su última misión tuvo como escenario Canarias donde pudieron ver los centros de Hoya Fría y Las Raíces (Tenerife) y el de El Matorral (Fuerteventura). Su informe certifica que “los centros están limpios, correctamente dirigidos y suplen las necesidades más básicas de los internos”.
Aunque también vieron puntos negros (preocupación respecto a la eficacia de la asistencia jurídica, necesidad de asesoramiento experto en relación a los menores extranjeros no acompañados, imposiblidad de acceso a varias ONG), sus valoraciones distan mucho de las de Malta y Lampedusa con instalaciones que se asemejan más a un campo de concentración que a un centro de internamiento o acogida. La delegación del PE también incluye en su informe sobre Canarias algunas conversaciones mantenidas con los inmigrantes.
Pagan hasta 150.000 francos por un viaje de 15 días en un cayuco. No quieren regresar a sus países porque muchas familias venden cuanto poseen para poder enviar a uno o dos miembros a Europa a trabajar. Muchos preferían morir antes que regresar porque en sus países de origen “no tenian nada”. Es el sueño de muchos africanos. Tener algo de lo que, en algun lugar pérdido de su continente, ven en la tele.
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Marta R. Román  
Santa Cruz

En lo que va de año más de 25.000 ciudadanos africanos han sido interceptados en las que hoy son las zonas de mayor afluencia de inmigrantes sin documentacion por vía marítima: Canarias, Andalucía, Malta y la pequeña isla italiana de Lampedusa. Los medios son en todos los casos muy parecidos: desde pequeñas y frágiles pateras pasando por cayucos de 20 metros de eslora hasta grandes barcos viejos, desvencijados y oxidados en los que se amontonan centenares de personas con el único objetivo de pisar Europa. Llegan para establecerse y trabajar. Son, en su mayoría, los llamados “inmigrantes económicos” aunque en un continente tan convulso como África en ocasiones es complicado separar hambre, injusticia, pobreza, desigualdad, persecución y guerra. A veces, forman parte de una misma realidad. En cualquier caso, todos huyen y Europa los sigue mirando  de reojo, casi de soslayo.

La Unión Europea (UE), en boca de su secretario de Estado, Alberto Navarro, reconocía hace unos días una realidad general a través de un ejemplo concreto. El sábado, 22 de julio, el buque hospital Esperanza del Mar avistaba una embarcación con 90 subsaharianos a bordo a 320 millas al sur de Gran Canaria y 80 millas de un puerto marroquí . Algunas fuentes apuntaron a que se iniciaron contactos para que estas personas fueran recogidas por Marruecos que se negó, aunque esta versión fue desmentida por el Gobierno español. Finalmente, los inmigrantes desembarcaron en la isla de Gran Canaria con pocas esperanzas, reconocía Navarro, de que fuesen acogidos por algún país europeo.

Sin política común

“En estos momentos no hay una política común de inmigración. Los Estados miembros son muy reacios y, ante los casos de inmigración económica que afronta España, no es pensable hoy hablar de un reparto de la carga”. Otro ejemplo reciente es el de los 51 inmigrantes salvados in extremis por el pesquero español Francisco y Catalina a 100 millas de Malta y en aguas jurisdiccionales de Libia el pasado 14 de julio. Ambos países rehusaron aceptar a los 45 eritreos, cinco marroquíes y un paquistaní. El barco español estuvo una semana paralizado por las autoridades maltesas a unas 16 millas del puerto de La Valetta. 67 personas -51 inmigrantes más los 16 miembros de la tripulación- malvivieron este tiempo en apenas 25 metros cuadrados esperando una respuesta conjunta.
En la solución final no se implicó Libia, Malta acogió a ocho de los inmigrantes, Italia otros diez, Andorra cinco más, España recibió a 18 y el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) se hizo cargo de otros diez. El hecho de que el acuerdo, en el caso de Malta, tardase en llegar siete días con sus siete noches hace pensar en la dificultad e incluso en la paralisis de la UE en materia de inmigración irregular. Ambos ejemplos suponen también la constatación de las complicadas relaciones entre los territorios receptores de inmigrantes y los países emisores o de tránsito.

9.200 a Lampedusa

Libia no aceptó a ninguno de los africanos procedentes del pesquero español, aunque sí es una práctica habitual que reciba a parte de los que desembarcan en la pequeña isla italiana de Lampedusa, situada a algo más de 100 kilómetros de Túnez. La organización no gubernamental Amnistía Internacional  (AI) asegura en su informe de 2006 que Italia envió a Libia al menos a 1.465 personas entre los meses de enero y octubre de 2005. AI denuncia en este documento que “muchos de los miles de migrantes que llegan a las costas italianas, sobre todo desde Libia, son devueltos a países en los que corren el riesgo de sufrir violaciones de derechos humanos”.

Es decir, que muchos de los que llegan a Lampedusa, Sicilia o Calabria no cuentan con papeles pero son firmes candidatos a solicitar asilo político y, por tanto, deben recibir un tratamiento diferente a los inmigrantes económicos. Hasta el momento, el Parlamento Europeo sólo ha manifestado, cuenta AI en su informe, “su preocupación por la explusión de migrantes de Lampedusa entre octubre de 2004 y marzo de 2005”.

Las autoridades italianas han denegado el acceso a las instalaciones de retención de inmigrantes a ACNUR, que precisamente, y entre otras cosas, asesora legalmente a todo posible solicitante de asilo.  Según sus datos, facilitados a este periódico por fuentes de su oficina en Italia, durante el año 2005 arribaron al Sur de este país 22.608 inmigrantes en 222 embarcaciones,  14.500  de ellos a Lampedusa  en 140 y otros 8.090 a Sicilia. En lo que va de año, hasta el 21 de julio, Italia ha interceptado casi 10.000 africanos indocumentados, de los que 8.500 han tenido como destino de nuevo Lampedusa. A estos, hay que sumar los más de 700 que han arribado entre el 22 y el 27 de julio.

2.000 a Malta

Malta arroja unas cifras más discretas. Un total de 1.822 inmigrantes durante 2005 de los que el 64% solicitaron asilo político y 600 en lo que va de 2006, según información de ACNUR. No obstante, Malta y Lampedusa comparten una característica. Su escaso territorio con respecto a España. En términos númericos, las costas canarias y andaluzas son las que están soportando actualmente el mayor flujo migratorio de carácter irregular. En reciente rueda de prensa, concretamente el 25 de julio, el delegado del Gobierno en Canarias, José Segura, cifró en 12.398 los inmigrantes que han alcanzado seis de las siete islas del Achipiélago en lo que va de año. Entre el 25 y el 28 de julio lo hicieron cerca de 600 más. Estos números superan ampliamente los datos de 2005 en todo el territorio nacional (ver cuadro). La Delegación del Gobierno en Andalucía y la Secretaría de Estado de Emigración e Inmigración del Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales del Gobierno central no ofrecieron este dato en relación al litoral andaluz cuando fueron consultados por este periódico.

3.000 a Andalucía

En cualquier caso, Cruz Roja Española, encargada de la atención a pie de playa de estas personas en Canarias y Andalucía, ha atendido a un total de 3.114 inmigrantes en la última comunidad autónoma entre los meses de enero y junio de 2006, la mayor parte en Almería.  Sin embargo, Andalucía tiene más de 87.000 kilómetros cuadrados de superficie y Canarias cuenta con 7.500 kilómetros cuadrados.
Frente a estas dos comunidades, las islas de Malta y Lampedusa no llegan a los 400 kilómetros cuadrados entre las dos. La primera tiene 316 kilómetros cuadrados y la segunda 20 kilómetros cuadrados. Por ello, organizaciones como ACNUR llaman la atención sobre lo que supone recibir, como en el caso de la minúscula isla italiana, más de 9.000 inmigrantes en apenas siete meses, más teniendo en cuenta que su único centro de retención puede albergar a sólo 190 internos.

Centros de retención

Por ello, no es extraño el panorama que describe AI en su informe sobre el centro de internamiento de Lampedusa: hacinamiento, condiciones de vida antihigiénicas, asistencia médica insuficiente, administración excesiva e indebida de sedantes y dificultades para contar con asesoramiento jurídico.  A la escasez de territorio en Malta, se une las pésimas condiciones de los centros de internamiento y una política que permite la detención perceptiva de inmigrantes irregulares por un periodo de 18 meses, describe AI en su informe. El Gobierno también aprobó en 2005 una enmienda al artículo 10 de la Ley de Refugiados mediante la cual Malta podría expulsar a solicitantes de asilo aunque estuviesen pendientes de resolución.

Son las formas más crueles de pisotear bastantes de los preceptos incluidos en la Declaración Universal de Derechos Humanos. La eurodiputada Martine Roure supervisó algunas de las infraestructuras maltesas en una inspección realizada por miembros de la Comisión de Libertades Civiles, Justicia y Asuntos de Interior del Parlamento Europeo. “Las condiciones de detención son inhumanas y degradantes”, dijo el pasado 3 de abril en una sesión plenaria, “conocimos a personas que estuvieron encerradas incluso veinte meses totalmente aisladas del mundo exterior en condiciones sanitarias inaguantables”. AI da en su informe otro testimonio del Comité Europeo para la prevención de la tortura y de las penas o tratos inhumanos del Consejo de Europa: falta de calefacción, malos tratos, ausencia de equipo médico propio y casos relativamente habituales de automutilación, intentos de suicidio, huelgas de hambre y vandalismo. La emigración del tercer mundo saca lo peor del primero.   
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