LUIS LOSADA
¿Crecemos?
Según los datos de contabilidad publicados por el Instituto Nacional de Estadística (INE), la economía española creció un 3,7% en el segundo trimestre del año, una décima más que en el trimestre anterior. Se trata del crecimiento más alto desde el cuarto trimestre de 2001.
Según explican el INE y confirma el secretario de Estado de Economía, David Vegara, el fuerte crecimiento se explica a un menor lastre del sector exterior y a una demanda exterior menos dinámica. España va mejor. Para disgusto de los agoreros que pasan la vida viendo el vaso medio vacío. La economía española sigue tirando mucho más que la europea: crecemos el doble que la media de la Unión y creamos más de la mitad de los empleos europeos. Sin embargo, algo pasa cuando la euforia macroeconómica no se traduce en repuntes de la confianza del consumidor; antes al contrario, la confianza demuestra un preocupante y paulatino deterioro.
¿Por qué? Probablemente porque todos somos vagamente conscientes de la ’fiesta’ se acabará algún día. Porque aunque ’Juan Español’ no conoce la teoría de los ciclos de Leontief, sí que sabe que muchas veces lo que sube, acaba bajando. En el fondo, todos hemos ’comprado’ los temores del vicepresidente económico, Pedro Solbes, que augura un ’pequeño bache’ para el 2007. Y como el pensamiento antecede a la acción, basta con pensar que habrá ’bache’para que efectivamente lo haya. La confianza, es el ’espíritu animal’ que define el consumo, la demanda interna y la dinamización económica. Y los indicadores adelantados no son especialmente halagüeños. Si se confirma el descenso del precio de suelo urbano en un 1,4% en el primer trimestre, el ’efecto riqueza se puede transformar en ’efecto pobreza’, además de frenar bruscamente la actividad constructora de la que depende nuestro crecimiento económico.
Por otra parte, nuestra economía crece en valores relativos, pero nuestra renta per cápita desciende por el efecto migratorio: somos más a repartir. Un estudio de Caixa Catalunya confirma lo que ya afirmara el vicepresidente Solbes en varias ocasiones: el 80% de nuestro crecimiento se debe al factor migratorio: mano de obra barata para el sector servicios y cuatro millones de personas más consumiendo. Éste es el modelo. Y para mantener la velocidad de crucero de nuestro crecimiento económico, es necesario que mantengamos un ritmo de entradas cercano a los 400.000 inmigrantes anuales.
Eso explica por qué ni Gobierno ni oposición terminan de ponerse serios ante el fenómeno migratorio. Los cayucos canarios no son sino una anécdota comparada con el fenómeno global: la inmigración entra en avión con visado turístico. ¿Por qué no se restringen las condiciones de acceso al visado si todos sabemos que se tratan de falsos turistas? Mejor no meneallo: con las cosas de comer no se juega. Doble contra sencillo a que la próxima legislatura arranca con una nueva regularización masiva.
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