LA COLUMNA
Mucho "jabla, jabla"
MANUEL IGLESIAS
Aunque se quiera hablar de otra cosa, es difícil escapar de la realidad de la inmigración que se nos cuela por la puerta de la actualidad informativa y no se puede eludir cuando, como ocurre en estos días, cada jornada se rompe un nuevo record de llegada de inmigrantes, demostrando que todo lo que se dice y aún más, lo que se hace, para controlar este flujo irregular, se demuestra inútil.
En Canarias estamos sobre un polvorín que cada día se alimenta más y que no ha estallado porque está funcionando una 'válvula de escape' que es el traslado de estas personas hacia otros destinos y otros centros de acogida. Si no fuera por esta acción que le quita la espoleta a esta bomba, difícilmente se evitaría un estallido social si los miles de inmigrantes que se encuentran en los centros de las distintas Islas deciden saltarse las precarias vallas que los confinan y moverse por nuestras ciudades.
En Europa ayer fue el presidente del Parlamento Europeo, Josep Borrell, quien subrayó que la llegada masiva de inmigrantes durante este verano a las Islas Canarias y a Lampedusa (Italia) no es una crisis puntual sino un problema estructural, por lo que reclamó una política común de la UE para afrontarlo.
Borrell recordó que a Lampedusa han llegado este verano 10.000 personas y a Canarias unas 20.000, un número cuatro veces superior al del año pasado, y centenares han muerto en el mar intentando cruzarlo. Y destacó que "esas personas no quieren quedarse en Lampedusa ni en Lanzarote, quieren llegar a Europa. Por ello lo que allí ocurre nos afecta a todos", agregó el presidente, quien reclamó una actuación de toda la UE ante un problema que tiende a agravarse.
Los inmigrantes no vienen a Canarias, pasan por Canarias con otro objetivo de destino y, desde luego, se tiene que agradecer que las instituciones europeas se vayan sensibilizando y se vayan dando cuenta de que esta cuestión afecta finalmente a Europa y no es un mero asunto de los territorios de la frontera sur.
El problema es que parece que de momento entre los líderes europeos, incluido el ínclito Borrell, nos encontramos, como diría el mago, con "mucho jabla, jabla, pero poco jase, jase".
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