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LA COLUMNA
Falta de respeto político
MANUEL IGLESIAS

El municipio de La Laguna ha vivido desde hace algo más de dos semanas una situación lamentable, derivada de la huelga de celo que desarrolla el personal de recogida de basuras de la empresa Urbaser, que ha ocasionado que en muchos lugares se amontonaran los desechos, con las consiguientes molestias y malos olores, unos perjuicios que se intensificaron por los días de calor que se vienen padeciendo.

Es un conflicto que una vez más ha puesto de manifiesto la indefensión del ciudadano común cuando se alteran determinados servicios, llámense aviación, guaguas, etcétera, donde los desacuerdos entre las partes lo pagan los más inocentes, que son los usuarios, que a su vez, paradójicamente, son quienes sostienen esas actividades y les dan sentido.

Por la propia esencia de la protesta, los que la desarrollan procuran generar la mayor incomodidad o daño posible a las personas para que, como una correa de transmisión, su malestar sea el que, a su vez, presione a la empresa o a las autoridades, según los casos, forzando una solución que pasa por aceptar las condiciones de quien genera esos mismos males. Es un proceso al que se acusa de bastardía, pero es así y así se mueven estas cosas, como repetidamente puede comprobar cualquiera.

Al parecer el problema ha entrado en vías de solución, pero deja detrás de sí, en el campo de la política, piedras de toque para probar la talla de cada uno y hasta para sorprenderse con algunos comportamientos. Por ejemplo, con el del portavoz socialista en el Ayuntamiento de La Laguna, Javier Abreu, que recomendó a los vecinos que tenían problemas con la basura, que la llevaran al despacho de la alcaldesa y la vertieran allí. Parece una propuesta tan de orate político, que dice bien poco de alguien que la expone a la opinión pública.

Este conflicto es un enfrentamiento lamentable entre una empresa y unos trabajadores, que se resuelve en el marco de las negociaciones entre ambas partes, y donde el Ayuntamiento tiene un papel tercero (pero con una obvia obligación de implicarse y contribuir a su arreglo). Pero aunque no fuera así, estas soluciones de "llévenle la basura al despacho de la alcaldesa" pertenecen al género de los que, ante un enfrentamiento, sugieren "ráyale el coche" o "envenénale al perro", o cosas por el estilo, es decir, la satisfacción en causar daño, en la ruindad.

El PSOE tiene todo el derecho e incluso la obligación de exigir soluciones a los gobernantes, porque ese es el papel que se espera de ellos, lo que no puede abrir son vías denigrantes para la actividad política que todos ellos desarrollan, porque estas cosas tienen un efecto boomerang que se vuelve contra sí mismo.

¿Qué va a decir la dirección socialista, ante un conflicto, por ejemplo en Adeje, o en Icod, o en El Rosario, sitios donde gobiernan, si las propuestas de la oposición son del tipo de las de llevarle la basura a los despachos?

¿Cómo los va a considerar el ciudadano cuando no se muestran el mínimo respeto que cualquiera espera encontrar en unas relaciones? El señor Abreu con esto no gana en grandeza, pero es de suponer que consideraque así se la rebaja a la que tiene el adversario, en este caso la alcaldesa, pero triste camino es creer que se iguala por arrojarse basura.

Por otra parte, si el portavoz socialista aspira a ser el candidato a la Alcaldía de La Laguna, esto lleva a preguntarse si a una persona que hace una sugerencia de esta índole, el votante lagunero ’lo ve’ como futuro alcalde, como un político responsable acorde a la dignidad que se espera del cargo.

¿En estos momentos y con comportamientos así, el lagunero ’ve’ a Javier Abreu como el alcalde que quiere para su ciudad? Es una pregunta interesante, para el votante... y para él mismo.
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