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¿Qué ocurre en el Sáhara?
El Aaiún vive con tensión el juicio contra veinte saharauis por la revuelta popular de mayo

Más de mil personas se manifestaron ayer en Santa Cruz por la autodeterminación del Sahara. / F. Pallero
Carlos Fuentes
El Aaiún (Sáhara Occidental)


Por vez primera en treinta años de presencia marroquí, la antigua colonia española del Sáhara Occidental vive en estos momentos una situación de alta tensión social a raíz de las movilizaciones populares saharauis ocurridas a finales de mayo pasado para protestar por el traslado a Marruecos de uno de sus principales dirigentes y, en general, para rechazar la discriminación que, aseguran, sufre la población nativa saharaui en uno de los escasos territorios que Naciones Unidas todavía considera que está pendiente de un proceso de descolonización. Para añadir más incertidumbre, el Gobierno marroquí se ha negado desde entonces a aceptar cualquier acceso al territorio de hasta cinco delegaciones de políticos y organizaciones no gubernamentales españolas que están interesadas en contrastar la existencia de actos violentos contra civiles y malos tratos contra detenidos saharauis.

En estos momentos, el territorio de la antigua colonia que hasta finales de 1975 fue la provincia española número 45 está de facto cerrado a cualquier tipo de seguimiento internacional, toda vez que ni la Media Luna Roja ni otros grupos de apoyo humanitario han podido tener acceso a la zona. No obstante, DIARIO DE AVISOS logró entrar en la mañana de ayer en El Aaiún, la capital administrativa del Sáhara Occidental, a bordo de un autocar de línea regular de la Compañía de Transportes Marroquí (CTM) procedente de Agadir y después de superar, no sin una vigilancia extrema, media docena de controles policiales que la Gendarmería Real de Marruecos tiene instalados en los aproximadamente seiscientos kilómetros que separan Agadir de El Aaiún.

La situación actual de El Aaiún, una ciudad que en la actualidad cuenta doscientos mil habitantes, dista mucho de ser la habitual. Ostensible por número es la elevada presencia de efectivos policiales y militares de Marruecos en una zona en la que el espacio destinado a usos militares es similar a la superficie habitada por la población civil, ya sea la de origen saharaui como la que procede de las restantes provincias marroquíes que las autoridades del país norteafricano han desplazado a la zona para tratar de ganar en número a la población de origen saharaui que, en su gran mayoría, son partidarios de la independencia que trata de alcanzar el Frente Polisario (Frente Popular para la Liberacion de Saguia El Hamra y Río de Oro). Fuentes no gubernamentales marroquíes consultadas por este periódico señalaron ayer que, con los desplazamientos realizados durante la última década, la relación entre súbditos marroquíes de origen y nativos saharauis es de dos a uno favorable a los primeros.


Protesta popular

La tensión actual explotó a finales de mayo después de que las autoridades marroquíes decidieran el traslado al norte de uno de los principales dirigentes de la causa independentista saharaui. Sin previo aviso, un centenar de personas salió a las principales calles de El Aaiún para protestar por lo que, en general, entienden como un movimiento más para lograr la plena marginación de los nativos saharauis. Ya con los manifestantes saharauis en las calles, abundantes efectivos de la Gendarmería Real y del Ejército marroquíes reprimieron la protesta con la detención de una veintena de activistas, en su mayoría jóvenes y adolescentes, que ahora están a la espera de juicio mientras sufren prisión preventiva en la llamada Cárcel Negra de El Aaiún, un recinto penitenciario que está ubicado muy cerca del núcleo urbano de la capital saharaui y sobre el que organizaciones de acción social de reconocido prestigio como Amnistía Internacional han elevado reiteradas denuncias por presuntos malos tratos físicos y psicológicos cometidos contra reclusos de origen saharaui.

Con estos antecedentes, cinco delegaciones formadas por políticos y organizaciones sociales españolas han intentado entrar en el Sáhara Occidental durante las últimas seis semanas. No obstante, todos los intentos han fracasado ante el frontal rechazo de las autoridades marroquíes a permitir la presencia de los observadores internacionales más alla de los efectivos que Naciones Unidas (ONU) tiene en el territorio a través de la Misión de Naciones Unidas para el Referéndum en el Sáhara Occidental (Minurso). Esta situación ha originado no sólo enfrentamientos en el aeropuerto de El Aaiún tras la llegada de los vuelos en los que viajaron los políticos y delegados españoles, sino además una protesta formal en el Congreso de los Diputados, donde Izquierda Unida (IU) y Coalición Canaria (CC) han activado iniciativas parlamentarias dirigidas a forzar una condena del acto de represión marroquí contra la población saharaui por parte del Gobierno español, al que tanto la ONU como los grupos de apoyo a las reivindicaciones saharauis consideran un actor esencial para resolver un conflicto.


Expulsion noruega

Peor suerte tuvo esta semana una delegación de políticos y colectivos no gubernamentales de Noruega que, a diferencia de los intentos españoles de entrada por vía aérea a El Aaiún, logró acceder por carretera a la capital del Sáhara Occidental. Después de establecer contactos con grupos de saharauis, efectivos de la Gendarmería Real marroquí irrumpieron en el hotel donde se alojaban los noruegos y, a la fuerza, deportaron a la delegación nórdica hasta la ciudad de Agadir, situada a unas doce horas de carretera al norte.

"Es el primer problema que tenemos desde que la Minurso está aquí, y ya son quince años", explicó ayer a este periódico uno de los empleados del hotel Sáhara Line, de donde fue expulsada la delegación noruega al parecer por haber mantenido contactos no autorizados con grupos de activistas de la causa independentista. "Eran las ocho de la tarde del miércoles cuando llegaron al menos quince agentes de la Gendarmería Real", recordó este empleado hotelero que, por razones obvias, prefiere mantener su anonimato. "En un principio al hotel sólo entraron dos oficiales de policía para comunicar al grupo noruego que habían recibido la orden de evacuarlos de El Aaiún, pero como los políticos y sus acompañantes se negaron a salir los agentes entraron al hotel y forzaron el desalojo desde la habitación en la que se habían reunido los noruegos".

Ubicado cerca del centro urbano de El Aaiún, el hotel Sáhara Line es un establecimiento de cuatro estrellas muy conocido en la capital saharaui por ser lugar de residencia estable de una parte del grupo de enviados especiales de la Minurso, que desde la apertura del hotel en 2001 ocupan de continuo la mitad de las treinta habitaciones que tiene el Sáhara Line. Además de este hotel, los efectivos internacionales de la Minurso también ocupan otro centenar de habitaciones en hoteles de El Aaiún y Smara, la segunda ciudad de la antigua colonia española. "Los oficiales de policía dijeron en un principio que sólo querían hablar con los noruegos para esclarecer algunas entrevistas con saharauis, pero creo que ellos [los noruegos] entendieron que no era una excusa muy creíble", precisó el empleado del hotel.

Después de la salida forzosa de la delegación noruega, la situación de normalidad ha vuelto a la capital de la antigua colonia española. No obstante, esta normalidad es relativa, toda vez que la separación entre saharauis y marroquíes es evidente en las calles de El Aaiún. Todos los residentes en el Sáhara Occidental se benefician de unas ventajosas condiciones económicas debido al apoyo gubernamental que Marruecos da a los residentes en el territorio respecto a la población que reside en el norte del país -el combustible, por ejemplo, tiene unos precios mas bajos: mientras un litro de gasolina super cuesta diez dirhams (poco menos de un euro) para los conductores en Marruecos, en el Sáhara Occidental alcanza 5,5 dirhams (medio euro)-, aunque la población nativa saharaui protesta porque sus integrantes no tienen acceso a buenos puestos laborales, que en la práctica están reservados para los súbditos marroquíes, para los militares alauitas y para sus familiares más próximos.
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