LA COLUMNA
Te conozco por tus ojos
MANUEL IGLESIAS
El Gobierno británico anunció que, a partir de ahora, suavizará la estricta seguridad introducida en los aeropuertos del Reino Unido y según informó el Ministerio de Transporte, se permitirá a los pasajeros subir a bordo un equipaje de mano convencional, mayor que el impuesto hace unas semanas.
A principios de agosto, la policía británica desmanteló un grupo islamista que supuestamente pretendía hacer estallar en vuelo media docena de aviones con destino a Estados Unidos. Iban a usar para ello un explosivo líquido y en los días posteriores las autoridades del Reino Unido prohibieron introducir en la cabina de los aviones cualquier líquido.
Pero lo jugoso del asunto de esta seguridad aérea, es que los ministros de Interior de media docena de países de la Unión Europea se han reunido para discutir -de manera aún informal, dicen, pero es un aviso- una batería de propuestas, entre las que destacaba un mayor control de los pasajeros a través de datos biométricos como las huellas de los dedos o la lectura informática del iris.
Aunque sorprenda a algunos, no es una novedad. Desde el 11-S, en Nueva York, y como una de sus medidas de seguridad, el aeropuerto holandés de Schiphol implantó en 2001 un programa voluntario de identificación del viajero a través del iris, del que ya hacen uso unas 30.000 personas. Este aeropuerto, de los más importantes de Europa, basa su programa en este tipo de reconocimiento porque está considerado como el análisis biométrico que menos tiempo requiere. Sostienen que mientras que una herida en el dedo podría retrasar el proceso de identificación mediante huellas dactilares, el iris raramente se altera o daña.
El proceso tiene sus trámites. El interesado, casi siempre un viajero frecuente, tras inscribirse en el programa, pasa por un 'escaneado' de su iris y la información es guardada en un chip, que se coloca en una tarjeta que porta el viajero. Cuando vaya a tomar un vuelo, al llegar al aeropuerto, el pasajero se dirige a un acceso especial, inserta su tarjeta y mira a través de una máquina que compara los dos iris, el de la tarjeta y el de la persona. Si coinciden, el pasajero podrá seguir adelante sin mayor control.
Para participar en el programa holandés hay que pagar 119 euros, pero a cambio se obtienen varias ventajas, como un acceso mucho más rápido, se puede facturar en los mostradores de clase business, no hay que esperar colas en el control de pasaportes, etcétera. Eso sí, sólo podemos apuntarnos ciudadanos de la UE, además de los de Suiza y Liechtenstein.
Programas parecidos al holandés hace años que funcionan en EE UU. y también la compañía Air France tiene un proyecto similar, pero que utiliza para la identificación las huellas dactilares. Es el llamado PEGASE (Programa de Experimentación de una Gestión Automatizada y Segura). Este servicio es gratuito, pero requiere la inscripción previa ante la Policía de Fronteras. La compañía francesa lleva a cabo este programa experimental junto con el Ministerio de Interior francés.
El asunto trata de una medida de seguridad, con una base muy técnica, pero hay que reconocer que también tiene su lado romántico. Eso de que simbólicamente te digan que "te conozco por tus ojos", aunque sea por una máquina que nos cede gentilmente el paso, resulta más agradable que el habitual aire de sospecha con que suelen observar los funcionarios, que en ocasiones parecen interrogar groseramente "¿y quien sos tú?".
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