LA COLUMNA
La realidad ha hecho una calle
MANUEL IGLESIAS
La inauguración ayer de un sector lagunero de la avenida de Los Menceyes representa algo más que la presentación oficial del resultado de unas obras en una vía de comunicación, fruto del empeño de la mayoría de la corporación que preside Ana Oramas y del apoyo de otras instituciones, sino que es un reconocimiento histórico que viene de la mano de sucesivas generaciones de tinerfeños, que vieron en la transformación de la antigua carretera general Santa Cruz-La Laguna un símbolo de la unidad de un gran territorio en el que vive y trabaja la mitad de la población de la Isla.
Es la transformación de la carretera general "en una calle", como una vieja ambición que se ve reflejada en numerosos artículos de generaciones de periodistas y de patricios tinerfeños, que desde los primeros tiempos del siglo y hasta los 70 -en que un influyente sector del socialismo lagunero boicotea el proyecto- piensa en términos de unidad para crear una gran capital en Tenerife, en una reunión que hiciera valer, no sólo un proyecto, sino una realidad poblacional, económica y social, entre otras cosas como contrapeso equilibrante con la otra gran urbe, Las Palmas de Gran Canaria.
Que Santa Cruz y La Laguna están unidas terrotorial y socialmente es obvio. Es sólo en pequeños núcleos -aunque de influencia política, especialmente dentro del PSOE- donde se pone en cuestión una realidad que todo vecino tiene a su vista y, más allá del hecho administrativo, es difícil decir que un habitante de cualquiera de estos municipios, especialmente de La Cuesta y Taco, se sienta alejado de alguno de ellos, porque en su actividad vital siempre, de una manera u otra, se mueve entre ambos como algo engarzado y bien engarzado.
El proceso de unidad administrativa entre Santa Cruz y La Laguna (el fundamental, el de la reunión territorial y social ya se ha producido, porque la realidad es mucho más fuerte y tozuda que la tontería de algunos políticos) llegará en algún momento, porque ese es el camino inexorable de la historia de unos pueblos felizmente condenados a una convivencia que suele fluir sin problemas, salvo aquellos derivados de los políticos del Grupo Socialista lagunero, que parecen no advertir como han perdido el paso respecto al futuro (los socialistas santacruceros han sido siempre más racionales y saben lo que les ha costado electoralmente el ’error’ cometido y sostenido por algunos de sus correligionarios) obsesionados en establecer un "ellos" y un "nosotros" tal vez como una mera forma de supervivencia personal en el asiento de un ayuntamiento.
Lo evidente es lo que señaló ayer el alcalde de Santa Cruz, Miguel Zerolo, en el debate sobre el estado del municipio, "no hay una frontera que nos separe de La Laguna; en los puntos de conexión entre ambos municipios es imposible distinguir más allá del color de las papeleras y bancos- si estamos en una u otra ciudad; esa es la realidad a la que tenemos que dar respuesta", dijo, si es que de verdad se está al servicio de los administrados.
El proceso oficial de considerar la existencia de esa avenida de los Menceyes, que era una carretera y hoy "es calle", como querían nuestros abuelos, es una prueba de esa unidad real, en la que dificilmente el ciudadano de La Laguna o de Santa Cruz se siente forastero en un sitio o en el otro.
Por otra parte, quizás también hay que destacar que conlleva algo que quizás pasa un tanto desapercibido -precisamente por estar tanto a la vista-, como es la consolidación del sector de La Cuesta como el centro de la gran conurbación que ni termina en un lado, ni empieza en el otro, sino que se funde en unos barrios comunes , como uno de esos frutos de la unidad y la realidad.
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