El último virus de la política
JOSÉ DE CORA
Vivimos la era de los virus, no nos cabe la mínima duda. Nos lo anunciaron hace años para alertarnos sobre problemas de salud, pero se quedaron cortos. Cuando comenzábamos a comprender qué eran esos bichos tan pequeñitos, llegaron los virus informáticos y vuelta a empezar.
A éstos todavía no los entendemos, sólo sabemos que provocan blasfemias e imprecaciones varias, pues se propalan alegremente y sin rendir cuentas a nadie. Más adelante les siguió el marketing viral, que así se llama hacer que se roba el escaño del presidente y dejar que se difunda. Gratis total.
En tiempos recientes se observa la aparición de un nuevo mutante cuya singular característica consiste en disolver cual azucarillo cualquier idea, institución, pacto, ley o palabra que no se avenga al talante. Como ustedes saben, talante es el ’Novus Ordo Seculorum’, de notables ventajas frente a todos los anteriores porque no está escrito y de ahí que se estire y encoja como la tripa de Jorge.
El nuevo virus no hace distingos entre leyes naturales, universales o comarcales. Las destruye todas. Por ejemplo, si usted le aplica el virus al Parlamento vasco, con sus grupos parlamentarios y sus elecciones, al instante lo disuelve y aparece en su lugar una Mesa de Partidos.
Si acerca el virus a un informe de tres peritos, raudo los desperita y transforma en delincuentes.
A los terroristas hace santos, y a las víctimas, culpables.
Hace de la Constitución un trapo y de España, una risa. ¡Es la monda!
Las fronteras los convierte en coladeros y la Guardia Civil, que ni se mueva.
La Unión Europea es la prehistoria.
A Chávez le da ciencia y a Sarkozy se la quita.
La reconquista fue un fiasco y más valiera que a don Pelayo le hubiese pillado Covadonga con gripe.
Menudo virus éste que todo lo modifica. Del gilipollas de Blair -Bono, dixit-, hace un grandísimo estadista.
Este virus es la pera, póngame media docena. A lo mejor bien repartido nos arregla muchas cuentas.
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