La cadena alemana ha solicitado permisos de apertura en cinco ayuntamientos de Tenerife
T. Flores
Santa Cruz
La cadena alemana Lidl espera recibir hasta tres licencias municipales para abrir supermercados en Canarias antes de fin de año. Esos permisos de unirán al que le concedió recientemente el Ayuntamiento de Arrecife (Lanzarote), el primero que consigue en las Islas. Entre los pendientes, figuran los que ha solicitado en cinco municipios de Tenerife: La Laguna, Puerto de la Cruz, Granadilla, San Miguel y Adeje. También ha presentado proyectos en Puerto del Rosario (Fuerteventura) y en las localidades grancanarias de Telde, Ingenio, Vecindario y Agüimes.
Esa primera licencia de Arrecife y las que prevé obtener en breve suponen la entrada definitiva de Lidl en Canarias, después de haberlo intentado durante casi tres años en los que se ha chocado, por un lado, con un cambio de legislación y, por otro, con la oposición de la principal patronal que representa al comercio minorista en Tenerife (Fedeco). Hasta tal punto llegó la resistencia, que Lidl tuvo que optar hace cinco meses por cambiar el modelo de venta que utiliza en toda Europa, conocido como descuento duro (ofrecen menos productos que un hipermercado tradicional pero a unos precios más atractivos), para ajustarse a los parámetros de los supermercados y poder instalarse así en el Archipiélago. La principal ventaja de ese cambio de estrategia es que la cadena alemana sólo tiene que pedir ahora permisos a los ayuntamientos en cuyos municipios quiera instalarse, en lugar de licencias específicas de descuento duro, una alternativa comercial que, pese a no existir en las Islas, el Gobierno restringió especialmente en la última reforma de la ley autonómica que regula el sector.
Aunque no deja de recordar que esa modificación de la legislación se hizo con el objetivo de "frenar a Lidl" -de hecho la califica de "decreto antilidl"- el director de la compañía en Canarias, Javier Suárez, asegura que la cadena, una vez abandonada su etiqueta de descuento duro, quiere "empezar de cero" y olvidar la batalla judicial que emprendió contra la Consejería de Industria, Comercio y Nuevas Tecnologías (llegó a presentar una querella por prevaricación, que fue desestimada, contra la responsable de ese departamento, Marisa Tejedor). También reconoce que todas esas dificultades iniciales generaron "muchas dudas" a los directivos de la compañía, pero que no fueron suficientes como para arrojar la toalla y abandonar la idea de entrar en las Islas. "Nunca pensamos en retirarnos; Canarias es importante para Lidl", sentencia Suárez. Por tanto, la multinacional mantiene sus planes de abrir entre 10 y 15 supermercados en el Archipiélago, en los que dará empleo a unas 600 personas, además de una plataforma logística desde la que distribuirá sus mercancías y para la que aún no ha decidido su ubicación (Tenerife o Gran Canaria).
Sobrecoste
Eso sí, el cambio al modelo de supermercado va suponer un sobrecoste para Lidl, pues tendrá que utilizar más trabajadores de los que emplea habitualmente en sus tiendas, regalar las bolsas (en la Península las cobra), ofrecer más de 1.000 productos (menos de eso se considera descuento duro) y exponer la mayoría de ellos fuera de sus cajas. Todo eso, unido a los inevitables gastos derivados de la lejanía e insularidad, encarecerán un poco la oferta de Lidl, pero no lo suficiente como para abandonar su eslogan internacional de "calidad al mejor precio". "No vamos a tener los mismos precios que en la Península, pero estoy seguro de que aquí vamos ser los más baratos", afirma Suárez.
Si no hay contratiempos, Lidl espera abrir sus primeras tiendas en Canarias en el verano de 2008. A partir de ahí comenzará a plantarle cara a los dos gigantes que ahora controlan el mercado de los supermercados en Canarias: la cadena valenciana Mercadona y Dinosol (Hiperdino y Supersol).