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LA CONTRAPORTADA
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Se queja la viceconsejera de la cosa de lo poco, muy poco, apenas nada, una anécdota, algo residual, que Canarias invierte en Cultura; y discrepo. Lamenta Dulce Xerach que el empresariado de esta comunidad-nacionalidad no crea, no invierta, no gaste, no se moje; y difiero. Creo -basta mirarnos- que Canarias apuesta por la Cultura. Los hechos lo demuestran. Estas Islas invierten, sí, en la cultura de la polémica estéril, el titular vacío, el chismorreo que pulveriza la maldad del penúltimo chismorreo, la palabrería, las buenas intenciones que nunca pasan de ahí, las propuestas rimbombantes, las leyes vaporosas y, últimamente, por la cultura de las detenciones espectaculares, ruidosas y cinematográficas que acaban, a la espera de explicación, en libertad sin cargos. La viceconsejera no debe despreciar tales expresiones culturales. El listado es amplio. ¿O no es cultura que a algunos concejales de San Bartolomé de Tirajana los tengan en paradero desconocido? ¿Acaso no es cultura esta tradición de esconderlos para que no sean abducidos por las fuerzas del mal? Sin duda lo es. Claro que sí. Esos bochornos ya forman parte de la cultura política de estas Islas; en las que, a la vista está, ya nadie se escandaliza o se echa las manos a la cabeza cuando se aísla a dos concejales para que no sean localizados y fichados por otro club. La viceconsejera debería ser más flexible cuando define qué es o no cultura, qué debe considerarse cultura y qué no. Ejemplos los hay a mares. Sin ir más lejos, es un hecho cultural que las guerras civiles que se lían en los ayuntamientos, con sus pactos y contra-pactos, siempre tienen en la concejalía de Urbanismo el epicentro de todos los terremotos; y es que, como se sabe, no hay nada más bonito y apasionante que contribuir al diseño urbanístico de la ciudad en la que has nacido. Son, todas ellas, conductas de altísimo contenido cultural; de ahí, de esa costumbre, que no haya mortal en este planeta que se moleste en romper un pacto para hacerse con la concejalía de Cultura. Otra cosa, viceconsejera, son las voces que, llenas de argumentos, exigen que este Gobierno incremente su presupuesto en Cultura, pasándolo del 1% al 2%. Entonces sí. Si su queja apunta por ahí, tiene usted razón: ya está bien de que la Cultura figure en ruegos y preguntas, y no entre las prioridades. |
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