El fenómeno de la inmigración acude de nuevo a esta página editorial, para, como en semanas precedentes, recomendar sensatez y evitar riesgos de fractura social en un asunto de complejo análisis. Es bien cierto que la llegada frecuente, a veces incesante, de cayucos a las costas de las Islas, cargados de inmigrantes subsaharianos, es un asunto de Estado que demanda medidas a la altura de su gravedad, tanto desde la Administración del Estado como desde la Unión Europea. Pero tal necesidad en modo alguno puede confundirse con la simpleza de ciertos análisis empeñados en transmitir a la calle la crispación, más que el debate. Es el caso de la manifestación convocada por el colectivo Identidad Canaria -desconocido hasta la fecha, todo hay que decirlo- y varias entidades vecinales, que han llamado a la sociedad tinerfeña a expresarse en la calle contra la superpoblación de las Islas y a favor de una ley que regule la residencia en Canarias.
Sobre esta cuestión no está de más señalar que el Archipiélago afronta circunstancias sin duda complejas, que requieren de análisis acertados y medidas sensatas. En muchos casos, cuando hablamos de la evolución demográfica de nuestra tierra, resultado directo del éxito de un modelo económico, resulta difícil iluminar soluciones para el porvenir, que la sociedad sin duda demanda. Lo que sí sabemos es que hay recetas falsas y malas, y una de ellas pasa por entender que el fenómeno migratorio se puede resolver con pancartas en la mano. Si esa es la propuesta de debate social que proponen los convocantes, les diríamos que incluso desde la legitimidad de su iniciativa han emprendido un camino profundamente equivocado.
Hay materiales preciosos que no conviene manosear en exceso, y la convivencia es uno de ellos. La manifestación no será racista ni xenófoba, afirman sus promotores, y no seremos nosotros los que carguemos las jornadas previas con el prejuicio sobre las intenciones de quienes opten por salir a la calle el próximo domingo. Pero sí afirmamos que es una pésima opción, basada en argumentos más oportunistas que oportunos, cargada de mensajes contradictorios y -al menos en lo tocante a la presión demográfica que soporta Canarias- muy inconsistente, cuando no hipócrita.
Hablan los convocantes de la marcha sobre los riesgos que sufre la identidad canaria -la definición de este concepto exigiría otro editorial- por la importante cantidad de inmigrantes que ha llegado a las Islas durante la última década. Olvidan añadir que han sido las opciones tomadas por la sociedad canaria y su clase dirigente las responsables de este hecho, porque un modelo económico basado en el crecimiento rápido, impulsado por el turismo masivo, la construcción y los servicios, ejerce una irresistible función de imán respecto a la población foránea. Resulta tan obvio que nos parece alarmante la simpleza de las argumentaciones expresadas por los promotores de la manifestación.
El desarrollo tal y como lo hemos conocido en estos tiempos de éxito -también de dualización social, asunto que sí merecería una voz firme en las calles- trae consigo ciertas consecuencias, y depende de la inteligencia del pueblo canario adaptar sus decisiones estratégicas a la capacidad de un territorio escaso para otorgar oportunidades de bienestar a todos los ciudadanos residentes en el mismo. Como se ve, se trata de una cuestión sometida a múltiples análisis, desde luego muchos más que los primarios argumentos expuestos en la presentación de esta protesta, que en su propia esencia peca de una solemne incoherencia.
Por el momento, son varias las fuerzas políticas canarias las que se han posicionado sobre la convocatoria. El Partido Socialista Canario-PSOE la ha descalificado desde el primer día, al considerarla un monumental error. Por su parte, Coalición Canaria ha anunciado asimismo que no apoya esta manifestación, por más que sus convocantes recuerden su militancia nacionalista e incluso ocupen en algunos casos cargos remunerados en instituciones gobernadas por CC.
Para los promotores de la marcha, los argumentos de ésta son los mismos que el nacionalismo canario baraja en otros frentes a la hora de analizar el hecho migratorio y sus posibles respuestas. Pero Coalición Canaria, una fuerza de gobierno, no debería jugar el doble papel, también hipócrita, de reclamar serenidad con una mano y agitar los ánimos con la otra. |