Desde hace algún tiempo, en Canarias tomamos a la isla de Malta como punto de referencia o comparación. Por un lado, las islas que forman la República de Malta (Malta, Gozo y Comino) viven hoy, fundamentalmente, del turismo, como Canarias. Por otro, las recientes oleadas de inmigrantes irregulares golpean a Canarias y a Malta indistintamente. La reciente negativa de las autoridades de Malta a recoger a los náufragos salvados por un barco pesquero español en aguas próximas a la Isla produjo un clamor internacional de protesta que contrasta con la actitud de tolerancia del gobierno y del pueblo de España con respecto al aflujo masivo de inmigrantes a nuestras islas.
Invitado a participar en un seminario sobre políticas turísticas, patrocinado conjuntamente por la Fundación Ebert, vinculada al Partido Socialdemócrata alemán, y una fundación maltesa afín al Partido Laborista de las Islas, me pareció interesante conocer sobre el terreno lo que estaba ocurriendo en Malta. Al igual que en Canarias, tras cuatro décadas de crecimiento del turismo se aprecia una tendencia a la estabilidad, e incluso un ligero retroceso, tanto en el número de visitantes como en el de pernoctaciones. Para una isla más pequeña en superficie que La Gomera, con una población de 400.000 habitantes y con una renta per cápita del orden de la mitad de Canarias, la disminución de ingresos procedentes del turismo supone un duro revés. Hay que tener en cuenta que la Isla tiene, además, un paro real del 7%.
La escasez de trabajo en las Islas actúa como elemento disuasorio para la contratación de inmigrantes. Los inmigrantes subsaharianos que llegan a Malta no encuentran trabajo y pasan el tiempo a la espera de poder trasladarse al vecino continente europeo. Al ser Malta una república independiente con escasos recursos, su gobierno no puede trasladar a los inmigrantes al continente ni devolverlos al país de origen. Las condiciones de retención en centros de acogida son lamentables.
Malta no tiene la diversidad y riqueza natural de que disfrutamos en Canarias. Aparte del sol y de un clima relativamente benigno, el patrimonio más importante de las Islas es cultural, sobre todo a consecuencia de haber sido durante siglos la sede de la poderosa Orden de los Caballeros hospitalarios de San Juan de Jerusalén. Pero el mantenimiento de ese patrimonio cultural es costoso y el gobierno no dispone de medios para atenderlo en condiciones adecuadas.
El ingreso de las islas en la Unión Europea habría hecho surgir el temor de que muchos ciudadanos de otros países europeos optaran por residir en Malta, por lo que introdujeron en el tratado de adhesión una cláusula de salvaguardia para poder cerrar eventualmente el acceso a las Islas a ciudadanos de la Unión. Pero ese movimiento no se ha producido. Otras islas de la Unión, como las Baleares, las Canarias o incluso las islas griegas, parecen ser más atractivas para los ciudadanos de la Unión. La cláusula es superflua.
Una actividad importante de Malta es la portuaria, vinculada a las líneas de cruceros y a los yates y otras embarcaciones de recreo que amarran en las Islas o transitan por ellas. Pero esta actividad no genera los suficientes ingresos para mantener empleada a su población y, mucho menos, para reclamar inmigrantes del exterior.
Probablemente, la conclusión más importante que he sacado de la visita a estas Islas mediterráneas es que Canarias poco tiene que aprender de Malta, ya sea en cuanto al desarrollo económico o en materia de preservación del ambiente y gestión de los flujos migratorios. La pertenencia de Canarias a un Estado importante de la Unión Europea, como es la España actual, nos da ventajas sustanciales.
Malta tendrá que compensar estas desventajas con una mayor integración en la Unión, sobre todo con la incorporación plena al espacio Schengen de libre circulación de personas y el ingreso en el Euro. Parece que su actual política va en esa dirección y espero que estos cambios ayuden al país a superar sus problemas actuales y conseguir un mayor nivel de bienestar. Una política común europea en materia de inmigración beneficiaría a Malta tanto como a Canarias.
* Manuel Medina Ortega es diputado del PSOE en el Parlamento Europeo. |