Entre la unión y la exclusión
La marcha se desarrolló sin incidentes aunque miembros de Democracia Nacional fueron cercados por la Policía Nacional
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| Momentos de la marcha / F.P. y M.P. |
M.R.R. Santa Cruz
Nadie sabe quién ganó o perdió ayer. Si la sociedad tinerfeña en general, los convocantes en particular, algunos partidos políticos o la población inmigrante en el Archipiélago. Quien más quien menos bromeaba -medio en chanza, medio en serio- sobre su lugar de origen. Canarios, venezolanos, argentinos, peninsulares en un tierra hasta ahora acostumbrada a la mezcla, a ver pasar, trabajar o establecerse a miles de personas de cualquier rincón del mundo.
Lo cierto es que las proclamas más que más se oyeron fue el "¡No cabemos más!" y el "¡No somos racistas!". A primera hora de la mañana, un conductor se bajaba de su furgoneta e increpaba a los convocantes de la manifestación en el parque de la Granja con un "¡Fascistas!". El televisivo Jorge Vargas le mandaba directamente al carajo. Un joven decía en bajito, casi para sí mismo: "Hay cuatro gatos". Sin ser cuatro gatos -pero tampoco 20.000- a la marcha le costó realmente arrancar. Mateo López, responsable de Identidad Canaria, anunciaba por megafonía la llegada de guaguas desde Los Realejos, El Fraile, Arona y La Guancha y parecía temerse lo peor. "Parece que algunos han ido a las iglesias a pedir que lloviese", decía a eso de las 10.30 horas. Poco después, pedía paciencia porque un ferry llegaba a las 11.00 horas con gente de Fuerteventura, Lanzarote y Gran Canaria. "Me acaban de decir que cientos de personas nos esperan por las Ramblas", arengaba.
Precisamente, rumbo a la Rambla de los Asuncionistas se encaminaron casi a las 11.30 horas. La manifestación empezó con timidez y la petición de la organización de que los miembros de Democracia Nacional fuesen expulsados de la misma. No fue posible, aunque la escolta policial hizo imposible cualquier hipotética salida de madre.
Un espontáneo grito "la mejor Ley de Residencia es la independencia" fue acallado con pitidos. No pasó lo mismo con los ataques a la política del Gobierno central y Unión Europea ("España atiende, Canarias se defiende", "Tú eres racista, PSOE españolista", "Este gobierno nos aplasta" o "Europa atiende, Canarias no se vende"). El recorrido y la ausencia de lluvia fueron calentando los ánimos. Fue el momento de los clásicos "El pueblo unido jamás será vencido", "Nos nos mires, únete" o "Canario, lucha por tu tierra". Algunos inmigrantes contemplaban la marcha a su paso por la calle Ramón y Cajal entre la sorpresa y la extrañeza.
Una ciudadana tinerfeña, desplazada desde Los Cristianos, contaba a este periódico que ella también había sido emigrante en Estocolmo y Venezuela durante dos años. "No estoy en contra ni de los negros ni de los chinos ni de nadie, pero el Gobierno tiene que poner un poquito más de interés para que les ayuden y no lleguen aquí para que los exploten", declaraba. Lo de la Ley de Residencia no parecía tenerlo tan claro. "Me parece fatal si no vienen con papeles", afirmaba. Al final de la marcha, un ciudadano de Lanzarote clamaba ante las cámaras que querían escucharle que "yo también he sido emigrante y nunca me metí con nadie", gritaba, "pero ahora por un canario contratan cinco inmigrantes". "Canarias es ya tercermundista y de paraíso terrenal ha pasado a ser un retrete", consideraba.
Un grupo de veinte jóvenes tocaba tambores en la sede de la Subdelegación. "Ningún ser humano es ilegal", vociferaban, blandiendo una pancarta en la que se leía "Hagamos puentes, olvidemos las barreras". Un amago este de contramanifestación pacífico y sin incidentes. Aclamado por los suyos ("Mateo, eres el mejor"), el líder de Identidad Canaria y asesor del alcalde de Santa Cruz, Miguel Zerolo, exigía nuevamente medidas "porque si no habrá una nueva manifestación en un mes".
Los seguidores de Democracia Nacional trataban de librarse del cerco policial en el final de la concentración. Banderas españolas y canarias pugnaron por un momento por obtener el favor de fotógrafos y medios de comunicación. Al final, y aunque pueda resultar paradójico, los portadores de ambas enseñas encontraron un enemigo común y juntos cantaron: "Zapatero, eres un traidor".
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