LOS ÚLTIMOS DE CUBA
Los últimos canarios de Cuba
Un millar de emigrantes isleños y cien mil descendientes directos esperan "cambios serenos" tras el relevo de Fidel Castro
Una emigrante sonríe junto a otros descendientes isleños en la Asociación Canaria de Cuba. o Un guajiro posa ante la entrada de su vivienda en el municipio campesino de Cabaiguán, en la provincia cubana de Sancti Spíritus. Antoliana Leonor Fumero Triana nació en Mazo (La Palma) en 1917. Emigró a Cuba con un año. / Rafael Turnes
   
     
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Carlos Fuentes
La Habana


En esta isla siempre pasan cosas muy importantes". Antoliana Leonor Fumero Triana tiene 89 años. Nació el 6 de febrero de 1917 en el Hoyo de Mazo, en la isla de La Palma. Esta antigua trabajadora agrícola en campos de tabaco y luego empleada de hotel en La Habana es la emigrante canaria de mayor edad que vive en la capital cubana. Como ella, novecientos emigrantes isleños nacidos en Canarias se enfrentan a otro capítulo clave en la convulsa historia de la mayor isla de las Antillas. Con ellos, aproximadamente cien mil descendientes de emigrantes isleños esperan "cambios serenos" tras el relevo, adelantado por grave enfermedad, de Fidel Castro.

De la emigración canaria a Cuba existen estudios pormenorizados, cálculos del número de protagonistas, etapas e importancia en el desarrollo del país de adopción. Si durante el siglo XVI, en la primera oleada de canarios, diez mil isleños emigraron a América, en 1994 residían 1.296 canarios en Cuba. Hasta aquí la certeza histórica. Pero escasean, quizá, testimonios de aquella época, recuerdos de los canarios que abandonaron su tierra natal para buscar mejor destino en América. Un siglo después, muchos no están para contarlo. Ahora, sus familias se agarran a cualquier resquicio legal para conservar la nacionalidad y, por tanto, recibir ayudas españolas en un momento en el que Cuba se juega, otra vez, su futuro.

La Asociación Canaria de Cuba Leonor Pérez Cabrera aglutina a los 892 emigrantes nacidos en Canarias que quedan vivos (setecientos conservan la nacionalidad española) y aproximadamente unos sesenta mil descendientes directos con sus familias. Fundada en 1992, dedicada a la madre canaria de José Martí, héroe de la independencia cubana, la asociación está considerada como una organización no gubernamental. La mayor parte de sus actividades están enfocadas a prestar servicio social, asistencial y cultural a la colonia canaria en Cuba. Del servicio de comedor a cursos de geografía o de bordado, la Asociación Canaria de Cuba desarrolla actividades gracias a las aportaciones económicas que recibe de los gobiernos español y canario, alrededor de cuarenta mil euros.

"Tenemos unos 45.000 socios, que pagan una cuota simbólica de un peso cubano al mes, lo que significa medio dolar al año, así que el presupuesto se logra con la gestión de recursos propios [el restaurante El Hierro, situado en la última planta de la sede en La Habana, que tiene licencia gastronómica por cuenta ajena] y ayudas públicas del Gobierno de España y del Gobierno de Canarias", explica Carmelo González Acosta, presidente de la Asociación Canaria de Cuba. En su despacho, entre estanterías rebosantes de libros de cultura y paisaje canarios, cuelga un retrato con dedicatoria firmada por Adán Martín. A la derecha, en otra foto, Carmelo González saluda a la Reina Sofía; y, en otra imagen colgada a la derecha, hace lo propio con Fidel Castro. ¿Cómo se las arregla con el Gobierno cubano? "Nos reconoce como ONG, pero no nos da acceso a todo lo que pedimos", indica el presidente de la casa canaria. "Digamos que tenemos una relación cordial, que algunas veces nos aplauden y otras veces nos critican".

Fuera de La Habana, una ciudad de dos millones de habitantes en la que se congrega el mayor número de emigrantes canarios o familiares con descendencia isleña, la entidad de la Asociación Canaria de Cuba varía según la provincia cubana, e incluso el municipio, en que esté ubicada. En la actualidad, la asociación cuenta con 110 delegaciones pero, por norma general, cuanto menos próximas están a las zonas metropolitanas, y lejos del turismo, más modestos son sus medios financieros y los edificios que ocupan. Si en La Habana, desde que en 1994 el Gobierno canario pagó las obras de rehabilitación, la sede nacional está ubicada en un edificio de estilo colonial de dos plantas que antes albergó al Colegio de Ingenieros de Cuba, en el pueblo agrícola de Cabaiguán la asociación acaba de estrenar una modesta ampliación de edificio.

De igual modo, el nivel de calidad de vida que tiene la colonia canaria depende en gran medida de la disponibilidad de ayudas oficiales españolas, ya sean estatales o regionales, y del nivel de parentesco exigido para conseguir o recuperar la nacionalidad española. En el plano económico, los emigrantes nacidos en las Islas reciben una pensión de, aproximadamente, mil euros anuales, que el Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales hace efectiva en un solo pago. Esta cifra se complementa con las ayudas directas que reciben los emigrantes de mayor edad del Gobierno de Canarias. Para las familias que, salvo los casos de viudedad u orfandad, no tienen derecho a ayudas españolas (que suponen un gran alivio, toda vez que el salario medio en Cuba oscila entre diez y quince euros), el asidero para sobrellevar las carencias materiales cubanas es la Asociación Canaria. En especial, el servicio de gestión de medicinas y el acceso a medios de transporte.


Carencias

Salud y ocio aparte, la ayuda más estimada por los emigrantes canarios es la económica directa que permite, entre otros progresos, mejorar la alimentación. "La sociedad cubana es bastante equitativa, en la riqueza y en la pobreza, pero en general los isleños siempre hemos estado bien considerados", explica Alfredo Santana, nieto de canarios de Santa María de Guía (Gran Canaria) y miembro de la asociación en Matanzas. En esta ciudad portuaria, situada a 98 kilómetros de La Habana, arraiga un hito de la presencia canaria en Cuba. En 1693, por orden del rey Carlos II, treinta familias isleñas fundaron San Carlos y Severino de Matanzas. "El apoyo del Gobierno canario", retoma Santana la conversación sobre ayudas a la colonia en Cuba, "sirve sobre todo a personas mayores, pero en muchos casos sólo para mejorar la alimentación".

Superado el ciclo de mayores carencias, que el Gobierno cubano denominó periodo especial para tratar de afrontar el final de las ayudas comunistas tras la disolución de la URSS a partir de 1993, la colonia canaria en Cuba no está al margen del momento histórico que se avecina. Nadie habla en voz alta, y mucho menos con nombre y apellidos, pero en general abunda la impresión de que vienen cambios para mejor. "Que sean para bien, y tranquilos", confía un emigrante veterano, que antes de jubilarse trabajó en una empresa pública cubana.

Más interesada en hablar de sus raíces canarias y de sus días, de sus 88 años en Cuba, está la emigrante palmera Antoliana Leonor Fumero. "Estoy tratando de localizar a mi primo José Antonio Fumero. Sé que vive en Mazo, en La Palma. Allí también vive mi prima Nieves Brito Llanes, en un barrio que le dicen El Socorro", explica la veterana del grupo Renacer, pendiente de recuperar una certificación de nacimiento de su madre, Leonor Triana Corrales, con la que en 1918 llegó a La Habana. "Después le cuento más", y se despide para ir a almorzar.
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