DE DOMINGO
La ‘hucha del sol’ pide paso
El proyecto de un ingeniero tinerfeño plantea un cambio revolucionario en la utilización del sol para la generación de energía
Abajo, el ingeniero tinerfeño Daniel González, inspirador del proyecto. Arriba, su colaborador Jürgen Helmut Glaser. / Javier Corominas
   
     
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La energía termoeléctrica solar pide paso en las Islas. De ello da fe el proyecto elaborado por el ingeniero tinerfeño Daniel González, un especialista con décadas de experiencia en el campo de las energías renovables, y que ahora, al frente de la sociedad LysPly, ha elaborado un estudio de viabilidad sobre la instalación de una planta generadora de electricidad en la Isla. Su tecnología, patentada a nivel nacional e internacional, ha recibido un primer espaldarazo a cargo de la comisión de evaluación del Programa Nacional de Energía, que ha emitido una evaluación positiva para el proyecto.


La tecnología diseñada por Daniel González supone un salto adelante respecto a otras modalidades de aprovechamiento de la energía solar, lo que el propio ingeniero llama “la hucha del sol, que es infinita y tenemos que explotarla al máximo”. Su proyecto, según el propio informe al que ha tenido acceso este diario, permitiría producir seis veces más energía eléctrica con la mitad de inversión que los actuales paneles fotovoltaicos, actualmente en plena expansión y que pasan por ser la modalidad más conocida de aprovechamiento de la energía solar. En otros casos menos conocidos, como la utilización de colectores cilindro-parabólicos -una tecnología innovadora que ha sido puesta en funcionamiento en Estados Unidos-, la producción de electricidad sería la mitad de la contemplada en el proyecto de LysPly, que además requeriría de la mitad de inversión. Daniel González incide en estos aspectos para resaltar la clara competitividad de su propuesta en relación a la que están actualmente en el mercado.


Tecnología revolucionaria

El secreto de la energía termoeléctrico solar queda explicado sin trampa ni cartón en el estudio de viabilidad elaborado por el ingeniero tinerfeño, quien, dicho sea de paso, admite su interés por convertir a la Isla en el primer lugar donde se instalen los paneles por él diseñados. La tecnología se basa en un casquete esférico cuyas dimensiones son 26 metros de diámetro y seis de profundidad. La curvatura esférica del casquete consigue la reflexión de la energía solar y su reflexión en un punto o foco que coincide con el centro de la esfera. El casquete se apoya en una rótula y se mantiene en la posición de captación solar mediante cuerdas de acero unidas a cuatro torres metálicas [ver gráfico adjunto], provista de los mecanismos correspondientes, lo que hace posible el movimiento del casquete con un ángulo sólido de 60 grados hacia naciente y poniente, optimizando la captación de energía solar. Cada espejo posee un fuste de 15 metros de longitud, colocado perpendicularmente a la base del casquete, en el que se ubican las conducciones por las que circula la energía y el fluido que, una vez calentado, se utilizará para la producción de energía eléctrica. En la cima del fuste se ubica un esferoide intercambiador de energía, cuyo exterior es de zirconio y su recubrimiento interior es de grafito. El esferoide contiene, en su interior, gas helio a baja presión. El foco está situado en el interior de ese esferoide, y sobre el mismo se coloca una lente que, mediante reflexión, reconduce la energía, a través del fuste, hasta un crisol de evaporación donde se alcanza una temperatura superior a la de la evaporación del silicio, lo que permite, según el estudio, obtener cristales de silicio puro de los que se obtendría una producción continua de paneles solares fotovoltaicos.


Pero las explicaciones van más allá, incidiendo, pues, en novedosas   formas de generar energía eléctrica a raíz de los rayos emitidos por el sol. Así, se añade que el grafito que recubre interiormente el esferoide actúa como un cuerpo negro, absorbiendo la energía refractada por la lente y radiándola al interior del esferoide. Esta energía térmica es absorbida por el gas conductor, el helio, y luego a un intercambiador donde un fluido, el agua, absorbe el calor y se transforma en vapor. Este vapor de agua es el encargado de mover las turbinas para la producción, de nuevo, de energía eléctrica. Parte de toda la energía eléctrica producida es utilizada posteriormente para la producción de hidrógeno, que tras su licuefacción, es almacenado como reserva estratégica disponible cuando las condiciones meteorológicas sean desfavorables. En efecto, la planta de LysPly contempla la utilización del hidrógeno almacenado para la producción de energía eléctrica durante las horas de radiación solar nula, con lo que se obtiene una producción durante 24 horas. Yendo más allá, el estudio de viabilidad presentado por Daniel González contempla literalmente “la solución particular de utilizar parte de este hidrógeno para obtener combustibles líquidos mediante hidrogenación del carbón”. Como se ve, el proyecto expresa una excepcional ambición.


Muy competitiva

“La diferencia entre nuestra tecnología y el resto de tecnologías que utilizan las energías renovables para producir energía eléctrica es la alta productividad a bajo coste”, afirma el estudio de LysPly, que contempla una producción de 500 kilovatios/día por cada unidad receptora, mientras que el costo del megavatio producido mediante la técnica termoeléctrica solar ascendería a noventa euros. En concreto, y a modo de comparación, el proyecto simula su producción respecto al de una planta solar fotovoltaica ya existente (más concretamente en Navarra), y que con 70.000 metros cuadrados de superficie ocupada produce 1,9 gigavatios al año, con un coste de 11 millones de euros. Daniel González asegura que su proyecto, con idéntica superficie ocupada, contemplaría la instalación de setenta unidades productoras, con una producción de 12,6 gigavatios al año y un coste de sólo 5,6 millones de euros. Es decir, la mitad de la inversión para una producción seis veces superior, afirma.


Por el momento, el equipo de trabajo de LysPly -del que forman parte, además de González, la ingeniera técnica industrial Ana López, más los consejeros de la sociedad Gustavo González y Jürgen Helmut Glaser- ya ha presentado la solicitud de autorización administrativa para un laboratorio y módulo experimental de su instalación termoeléctrica solar con almacenamiento de energía, que estaría ubicado en Granadilla, al considerar todos los informes que la zona sur de Tenerife resulta idónea para las plantas de generación eléctrica a partir de los rayos del sol. El coste necesario para la puesta en funcionamiento del laboratorio y la instalación experimental con tres unidades generadoras ascendería a cinco millones de euros. Pero los objetivos de Daniel González van mucho más allá, y tiene redactado un proyecto para una segunda fase con 400.000 metros cuadrados destinados a paraboloides generadores de energía, además de una planta desaladora, silos de carbón, depósitos de hidrógeno, combustibles líquidos y agua potable. Hablamos en este caso de una inversión ya muy ambiciosa, que rondaría los 111 millones de euros, pero plenamente rentable, al plantear una amortización total en 25 años y un beneficio medio anual superior a los cuatro millones de euros. Y, aun así, no piensen que los sueños de este ingeniero tinerfeño con experiencia internacional en materia de energías renovables tienen ahí su punto y final. Todo lo contrario, Daniel González se atreve a afirmar que una instalación de 40 kilómetros cuadrados ubicada en la zona sur de Tenerife -cabe recordar que la superficie total de la Isla asciende a 2.057 kilómetros cuadrados- permitiría, con 40.000 unidades de generación, la producción de energía verde suficiente para terminar con la dependencia de los combustibles fósiles, más otros beneficios como la producción de agua desalada. La inversión necesaria, es cierto, sería elevadísima, cercana a los mil millones de euros pero González cree posible recuperar la inversión en cinco años productivos.

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